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miércoles, 25 de julio de 2012

EVALUACIÓN DEL RUIDO


La valoración del ruido se hace a dos niveles: valoración de las molestias y valoración de la interferencia con la comunicación. Para evaluar las molestias (respuestas subjetivas al ruido del entorno) debemos tener en cuenta que los parámetros físicos del ruido y sus mediciones objetivas están relacionadas, pero son solo una aproximación al problema, siendo complicado establecer unos valores límite por encima de los cuales un porcentaje determinado de población expuesta presente molestias. Además de la valoración subjetiva, se han desarrollado una serie de índices acústicos para valorar la relación existente entre la exposición al ruido y las molestias de una forma más objetiva. Se trata de criterios técnicos que establecen límites aceptables de confortabilidad en actividades de interiores, con niveles de ruido de fondo estables.


 Uno de los principales índices es el de las llamadas curvas NR (Noise Rating), recogido en la recomendación ISO-R-1996 y la Norma UNE 74-022, y que establece, para diferentes frecuencias, los niveles de ruido que se consideran aceptables para no causar molestias en distintos tipos de actividad: Se trata de una familia de curvas de las cuales seleccionaremos una u otra en función de parámetros como el tipo de actividad o el local. Para aplicar estos índices se hace una medición espectral del ruido (un análisis de frecuencias), se elige una curva NR como criterio de referencia y se compara. Si alguna frecuencia de nuestro espectro está por encima de la curva criterio, habrá molestias a esa frecuencia. Sabremos así en qué frecuencias debemos reducir el nivel de ruido para minimizar dichas molestias.


 Si en un despacho se ha medido un nivel de ruido de 60 dB a una frecuencia de 1000 Hz, estaríamos claramente ante una molestia producida por ruido, ya que todos los niveles de ruido medidos deberían ser inferiores a los correspondientes a la curva NR 40, si este es el valor de referencia que se ha tomado. Por tanto, se deben tomar las medidas oportunas para reducir el ruido en todas las frecuencias que superen nuestra referencia.


Hay otros criterios como los americanos establecidos en las curvas PNC (Preferred Noise Criterion) y NC (Noise Criterion). Todos se basan en pruebas subjetivas y proponen niveles aceptables de presión sonora en dB para distintas frecuencias, situaciones y tipos de actividad. A la hora de valorar las molestias producidas por el ruido, debemos medir las frecuencias más altas pues son las más molestas. Para valorar las interferencias con la comunicación, el método que se considera más adecuado es el método SIL (ISO 9921-1:1996 “Speech Interference Level and communication distances for persons with normal hearing capacity in direct communication) que establece los niveles máximos de ruido aceptables para el rango de frecuencias conversacionales: de 500 a 4.000 Hz. El SIL es la media aritmética de los niveles de ruido existentes a las frecuencias de 500, 1.000, 2.000, 3.000 y 4.000 Hz. que son las frecuencias conversacionales. Se establecen los índices máximos de SIL aceptables para diferentes esfuerzos vocales (normal y elevado) y distancias “locutor-receptor” variables.

El procedimiento es:

 — Se halla la media aritmética de los dB encontrados a las frecuencias indicadas, que son, como hemos repetido, las conversacionales.

 — Medimos la distancia entre los puestos.

 — Vemos el nivel de voz que habría que emplear.



 EJEMPLO:

 A una distancia entre puestos de trabajo en torno a los 1’5 m (distancia social cercana), le correspondería un valor SIL de aproximadamente 50 dB. Cualquier valor que superara este rango, interferiría en una conversación en tono normal. Un SIL de 55 dB. exigiría un esfuerzo vocal forzado. Como hemos visto, para valorar las molestias producidas por el ruido, se miden principalmente las frecuencias más altas, que son las más molestas. En cambio para valorar la interferencia con la comunicación, se miden las centrales. La solución a los problemas originados por el ruido o la mejora de las condiciones de trabajo en relación con el ambiente acústico pasa en cualquier caso por la disminución de su nivel. Sabiendo que se origina en unos puntos concretos, es en los focos donde debe de atajarse el problema, evitando su producción. En ocasiones, esto no es factible o no es suficiente, por lo que la forma de disminuir el nivel de ruido es colocar obstáculos entre el foco y el individuo, obstáculos capaces de absorber parte o toda la energía acústica evitando su transmisión.


 Se tendrán en cuenta las siguientes medidas:

 — Seleccionar equipos más silenciosos (que el conocimiento del nivel de emisión de ruido de los equipos sea incluido en la gestión de compra de los mismos).

— Realizar un mantenimiento de equipos y sistemas (como los de ventilación y aire acondicionado).

— Redistribuir los equipos ruidosos (alejándolos de zonas de trabajos que requieran concentración. Por ejemplo, alejar impresoras y fotocopiadoras de los puestos de trabajo o ubicarlas en otros lugares).

 — Realizar una compartimentación adecuada.

— Efectuar un tratamiento acústico de los locales (con materiales absorbentes, cuando sea necesario).

Hemos de tener en cuenta la importancia que los aspectos subjetivos tienen frente a un contaminante como el ruido por lo que, a la hora de la prevención, no podemos olvidarnos de la implantación de medidas organizativas y psicosociales que, en ocasiones, pueden resultar las únicas viables, especialmente si nos enfrentamos a niveles de ruido bajos pero molestos.















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