El procedimiento es:
— Se halla la media aritmética de los dB encontrados a las frecuencias indicadas, que son, como hemos repetido, las conversacionales.
— Medimos la distancia entre los puestos.
— Vemos el nivel de voz que habría que emplear.
A una distancia entre puestos de trabajo en torno a los 1’5 m (distancia social cercana), le correspondería un valor SIL de aproximadamente 50 dB. Cualquier valor que superara este rango, interferiría en una conversación en tono normal. Un SIL de 55 dB. exigiría un esfuerzo vocal forzado. Como hemos visto, para valorar las molestias producidas por el ruido, se miden principalmente las frecuencias más altas, que son las más molestas. En cambio para valorar la interferencia con la comunicación, se miden las centrales. La solución a los problemas originados por el ruido o la mejora de las condiciones de trabajo en relación con el ambiente acústico pasa en cualquier caso por la disminución de su nivel. Sabiendo que se origina en unos puntos concretos, es en los focos donde debe de atajarse el problema, evitando su producción. En ocasiones, esto no es factible o no es suficiente, por lo que la forma de disminuir el nivel de ruido es colocar obstáculos entre el foco y el individuo, obstáculos capaces de absorber parte o toda la energía acústica evitando su transmisión.
— Seleccionar equipos más silenciosos (que el conocimiento del nivel de emisión de ruido de los equipos sea incluido en la gestión de compra de los mismos).
— Realizar un mantenimiento de equipos y sistemas (como los de ventilación y aire acondicionado).
— Redistribuir los equipos ruidosos (alejándolos de zonas de trabajos que requieran concentración. Por ejemplo, alejar impresoras y fotocopiadoras de los puestos de trabajo o ubicarlas en otros lugares).
— Realizar una compartimentación adecuada.
— Efectuar un tratamiento acústico de los locales (con materiales absorbentes, cuando sea necesario).
Hemos de tener en cuenta la importancia que los aspectos subjetivos tienen frente a un contaminante como el ruido por lo que, a la hora de la prevención, no podemos olvidarnos de la implantación de medidas organizativas y psicosociales que, en ocasiones, pueden resultar las únicas viables, especialmente si nos enfrentamos a niveles de ruido bajos pero molestos.






