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miércoles, 25 de julio de 2012

EVALUACIÓN DEL RUIDO


La valoración del ruido se hace a dos niveles: valoración de las molestias y valoración de la interferencia con la comunicación. Para evaluar las molestias (respuestas subjetivas al ruido del entorno) debemos tener en cuenta que los parámetros físicos del ruido y sus mediciones objetivas están relacionadas, pero son solo una aproximación al problema, siendo complicado establecer unos valores límite por encima de los cuales un porcentaje determinado de población expuesta presente molestias. Además de la valoración subjetiva, se han desarrollado una serie de índices acústicos para valorar la relación existente entre la exposición al ruido y las molestias de una forma más objetiva. Se trata de criterios técnicos que establecen límites aceptables de confortabilidad en actividades de interiores, con niveles de ruido de fondo estables.


 Uno de los principales índices es el de las llamadas curvas NR (Noise Rating), recogido en la recomendación ISO-R-1996 y la Norma UNE 74-022, y que establece, para diferentes frecuencias, los niveles de ruido que se consideran aceptables para no causar molestias en distintos tipos de actividad: Se trata de una familia de curvas de las cuales seleccionaremos una u otra en función de parámetros como el tipo de actividad o el local. Para aplicar estos índices se hace una medición espectral del ruido (un análisis de frecuencias), se elige una curva NR como criterio de referencia y se compara. Si alguna frecuencia de nuestro espectro está por encima de la curva criterio, habrá molestias a esa frecuencia. Sabremos así en qué frecuencias debemos reducir el nivel de ruido para minimizar dichas molestias.


 Si en un despacho se ha medido un nivel de ruido de 60 dB a una frecuencia de 1000 Hz, estaríamos claramente ante una molestia producida por ruido, ya que todos los niveles de ruido medidos deberían ser inferiores a los correspondientes a la curva NR 40, si este es el valor de referencia que se ha tomado. Por tanto, se deben tomar las medidas oportunas para reducir el ruido en todas las frecuencias que superen nuestra referencia.


Hay otros criterios como los americanos establecidos en las curvas PNC (Preferred Noise Criterion) y NC (Noise Criterion). Todos se basan en pruebas subjetivas y proponen niveles aceptables de presión sonora en dB para distintas frecuencias, situaciones y tipos de actividad. A la hora de valorar las molestias producidas por el ruido, debemos medir las frecuencias más altas pues son las más molestas. Para valorar las interferencias con la comunicación, el método que se considera más adecuado es el método SIL (ISO 9921-1:1996 “Speech Interference Level and communication distances for persons with normal hearing capacity in direct communication) que establece los niveles máximos de ruido aceptables para el rango de frecuencias conversacionales: de 500 a 4.000 Hz. El SIL es la media aritmética de los niveles de ruido existentes a las frecuencias de 500, 1.000, 2.000, 3.000 y 4.000 Hz. que son las frecuencias conversacionales. Se establecen los índices máximos de SIL aceptables para diferentes esfuerzos vocales (normal y elevado) y distancias “locutor-receptor” variables.

El procedimiento es:

 — Se halla la media aritmética de los dB encontrados a las frecuencias indicadas, que son, como hemos repetido, las conversacionales.

 — Medimos la distancia entre los puestos.

 — Vemos el nivel de voz que habría que emplear.



 EJEMPLO:

 A una distancia entre puestos de trabajo en torno a los 1’5 m (distancia social cercana), le correspondería un valor SIL de aproximadamente 50 dB. Cualquier valor que superara este rango, interferiría en una conversación en tono normal. Un SIL de 55 dB. exigiría un esfuerzo vocal forzado. Como hemos visto, para valorar las molestias producidas por el ruido, se miden principalmente las frecuencias más altas, que son las más molestas. En cambio para valorar la interferencia con la comunicación, se miden las centrales. La solución a los problemas originados por el ruido o la mejora de las condiciones de trabajo en relación con el ambiente acústico pasa en cualquier caso por la disminución de su nivel. Sabiendo que se origina en unos puntos concretos, es en los focos donde debe de atajarse el problema, evitando su producción. En ocasiones, esto no es factible o no es suficiente, por lo que la forma de disminuir el nivel de ruido es colocar obstáculos entre el foco y el individuo, obstáculos capaces de absorber parte o toda la energía acústica evitando su transmisión.


 Se tendrán en cuenta las siguientes medidas:

 — Seleccionar equipos más silenciosos (que el conocimiento del nivel de emisión de ruido de los equipos sea incluido en la gestión de compra de los mismos).

— Realizar un mantenimiento de equipos y sistemas (como los de ventilación y aire acondicionado).

— Redistribuir los equipos ruidosos (alejándolos de zonas de trabajos que requieran concentración. Por ejemplo, alejar impresoras y fotocopiadoras de los puestos de trabajo o ubicarlas en otros lugares).

 — Realizar una compartimentación adecuada.

— Efectuar un tratamiento acústico de los locales (con materiales absorbentes, cuando sea necesario).

Hemos de tener en cuenta la importancia que los aspectos subjetivos tienen frente a un contaminante como el ruido por lo que, a la hora de la prevención, no podemos olvidarnos de la implantación de medidas organizativas y psicosociales que, en ocasiones, pueden resultar las únicas viables, especialmente si nos enfrentamos a niveles de ruido bajos pero molestos.















ASPECTOS ERGONÓMICOS DEL RUIDO


Para proteger a los trabajadores frente a los riesgos derivados de la exposición laboral a ruido, se elaboró y publicó el Real Decreto 1316/1989 de 27 de octubre derogada por Real Decreto 286/2006, de 10 de marzo, sobre protección a la salud y seguridad de los trabajadores, a excepción de los sectores de la música y el ocio que continuará vigente el anterior hasta el 15 de febrero de 2008, y del personal a bordo de buques de navegación marítima hasta 15-02-2011. Este nuevo Real Decreto al igual que el anterior establece una serie de actuaciones en función del Nivel Diario Equivalente o del Nivel de Pico encontrados. Para cada uno de los niveles hay que adoptar unas medidas determinadas que el R.D. especifica. Su objeto es la protección de los trabajadores frente a los riesgos derivados de la exposición al ruido durante el trabajo, y en particular, frente a las pérdidas de audición.


Resumen del R.D. 286/2006, de 10 de marzo:

— La responsabilidad de su aplicación recae en el empresario.

— El principio básico es reducir el riesgo en el origen al nivel más bajo posible.

 — Establece una evaluación de riesgos basada en la medición del ruido. — Establece la revisión periódica de las evaluaciones.

— Establece vigilancia médica para el control de la función auditiva, inicial y periódica.

— Establece unos niveles de exposición que marcan pautas para la planificación de la prevención. Son 80, 85 y 87 dB(A) o un nivel de pico de 140 dB.

— Establece la obligación de los fabricantes de informar sobre el ruido emitido por sus máquinas.

— Establece criterios de formación, información y participación de los trabajadores. Este real Decreto es la disposición fundamental en España para la protección de los trabajadores frente a los efectos nocivos derivados de la exposición al ruido, pero específicamente, su objetivo es proteger frente a la hipoacusia, por lo que su cumplimiento no evita la aparición de efectos extraauditivos, que pueden producirse a niveles inferiores a 80 dB (A).


Medición:

El ruido se mide mediante sonómetros; mediante dosímetros conocemos la exposición, que nos permite saber el % de dosis de ruido recibido. El sonómetro mide de forma directa el nivel de presión sonora de un ruido, instantáneo (sonómetro convencional) o promediado en el tiempo (sonómetro integrador), presentando la lectura en dB. Para acatar la normativa vigente, deben cumplir las prescripciones establecidas en la norma UNE-EN 61672:2005 disponiendo por lo menos de la característica “SLOW” y ponderación frecuencial A puesto que el oído humano, como hemos visto, oye mejor las frecuencias medias y altas que las bajas o muy altas.



El filtro de corrección 

A aproxima la medición a la respuesta fisiológica del oído humano, dando medidas objetivas y reproducibles. Si se trata de sonómetros integradores, deben cumplir las especificaciones de la norma UNE-EN 60804:1996. Pero los efectos del ruido dependen no solo del nivel sino también del tiempo de exposición. El dosímetro es un monitor de exposición que utiliza un micrófono y una serie de circuitos medidores de presión sonora: se coloca el micrófono cerca del oído del trabajador para captar la señal que es acumulada en un condensador como energía eléctrica y mediante un lector se expresa la dosis acumulada en el tiempo que ha estado funcionando, que puede ser la jornada laboral, un determinado número de ciclos de trabajo, etc. Conocida la dosis de ruido recibida, puede compararse con la permitida. Los que están basados en la norma ISO relacionan el nivel sonoro continuo equivalente diario con la dosis recibida diariamente. El criterio ISO considera que incrementos del doble de energía acústica suponen aumentos de 3 dB en el nivel de presión sonora.


— Efectos auditivos del ruido.

 El efecto más estudiado y que más preocupación produce respecto a la exposición al ruido es la pérdida de la capacidad auditiva. Este efecto depende del nivel de presión acústica y del tiempo de exposición. La hipoacusia por ruido puede ser de dos tipos: de conducción y de percepción o neurológica. La pérdida conductiva puede deberse a rotura del tímpano o a dislocación de los huesos del oído medio, y estaría causada por una onda sonora de elevada energía, como por ejemplo, una explosión. En esta sordera, el paciente se queja de que los demás no hablan alto, no se afecta la comprensión y es susceptible de mejorar con dispositivo auditivo. La exposición prolongada al ruido puede producir una pérdida auditiva por lesión neural, originándose un daño en las células del órgano de Corti. Las primeras en lesionarse suelen ser las células encargadas de detectar los ruidos agudos de frecuencias altas próximas a los 4000 Hz (es difícil escuchar la voz de una mujer y fácil la de un hombre). El paciente habla más alto pues está impedido el efecto de modulación auditivo. Los dispositivos pueden no arreglar el problema. Es un proceso irreversible y permanente y suele ser bilateral y simétrico (desplazamiento permanente del umbral auditivo, hipoacusia o sordera). Si el tiempo de exposición es más corto, se produce una pérdida auditiva reversible y temporal (desplazamiento temporal del umbral auditivo).



— Efectos extraauditivos del ruido: 

El ruido puede afectar a órganos diferentes del de la audición dando lugar a una serie de efectos extraauditivos que entran dentro del campo de acción de la ergonomía y son el verdadero objetivo de esta Unidad. Podemos clasificarlos en:

— Efectos psicofisiológicos. Las vías nerviosas de la audición también establecen conexiones con otros órganos y sistemas a través del Sistema Nervioso Autónomo pudiendo observarse efectos motores (contracciones musculares), vegetativos (variaciones en la frecuencia cardiaca, vasoconstricción periférica, aumento de la presión sanguínea, enlentecimiento de los movimientos respiratorios, etc.) y electroencefalográficos (desincronización).

Hay dos tipos de respuesta: A corto plazo: respuestas psicofisiológicas inmediatas provocadas por cambios cualitativos o cuantitativos en el ruido. Como ejemplos tenemos el “reflejo de orientación” y el “reflejo de sobresalto”. El primero está relacionado con los procesos de atención e implica redirección de los órganos sensitivos hacia la fuente de ruido y una serie de respuestas fisiológicas como disminución de la frecuencia cardiaca, del flujo y la presión sanguínea y aumento de la secreción de las glándulas sudoríparas. El de sobresalto implica parpadeo, sacudida muscular y aumento de las frecuencias cardiaca y respiratoria. Ambas respuestas son cortas y débiles y no tienen consecuencias, pero sirven como indicadores de los efectos distractores el ruido. A largo plazo: el ruido produce modificaciones fisiológicas que pueden afectar a la salud. Estos efectos dependen también de la actividad (exigencias de la tarea), de las condiciones de ejecución, de la duración del trabajo con ruido y de características individuales. Son:

— Efectos cardiovasculares. Son los más estudiados. Se ha comprobado que durante la exposición a ruido se produce vasoconstricción periférica y se eleva la presión diastólica. También se sabe que entre trabajadores expuestos a ruido son más frecuentes los trastornos cardiovasculares, sobre todo, hipertensión. No obstante, los trastornos cardiacos dependen además de factores como la reactividad vegetativa del trabajador, del carácter previsible o no del ruido, de la actividad y de otros factores de estrés.

— Efectos hormonales. Los estudios realizados en este campo, son contradictorios. El ruido afecta a la secreción de las hormonas del estrés: catecolaminas (adrenalina y noradrenalina) y hormonas corticosuprarrenales (cortisol) pero este efecto varía en función de la actividad, de la tarea y de factores físicos y psicosociales.

— Efectos sobre el sueño. Se ha comprobado que la exposición a ruido durante el trabajo influye en la cantidad y la calidad del sueño: se reduce tanto el número como la duración de los ciclos del sueño. Otro efecto muy importante y opuesto a este sería producir sueño, especialmente en el caso de ruidos de baja frecuencia, monótonos y repetitivos.

— Efectos subjetivos. Las sensaciones de desagrado y molestia son los efectos indeseables de tipo subjetivo más extendidos del ruido. Por ser de tipo subjetivo (un mismo ambiente acústico puede ser molesto para una persona y no para otra), su valoración y la determinación de límites de tolerancia es un problema difícil. Están relacionados con las medidas objetivas del ruido (frecuencia e intensidad), pero existen otros factores que influyen: contexto psicosocial, actitud personal hacia la fuente de ruido, actividad, tarea, etc. La evaluación subjetiva del ruido, se realiza mediante cuestionarios y escalas de autovaloración. De la relación entre estas evaluaciones subjetivas y las características físicas del sonido surgen las bases psicoacústicas del ruido, que han permitido el desarrollo de una serie de índices acústicos que tratan de valorar el grado de molestias de una forma más objetiva; el más importante de ellos y que estudiaremos más adelante es el índice de las curvas NR.


Los factores más relacionadas con estos efectos son:

— Intensidad: Como hemos visto, con cada aumento de intensidad sonora de 3 dB se duplica la energía de un sonido. Las molestias, guardan esta misma relación: incrementos del nivel de un ruido, provocan el mismo incremento en el nivel de molestias, pero entre dos ruidos, no siempre el más molesto es el de mayor intensidad.

— Frecuencia: Dado que el oído humano es más sensible a las frecuencias altas, un ruido de baja frecuencia debe ser muy intenso para producir la misma molestia que uno de alta. Las frecuencias más altas se perciben como más ruidosas en igualdad de condiciones.

— Variabilidad temporal: Cuando el ruido varía en el tiempo, hay menos riesgo de daños objetivos que si es constante, pero en cuanto a reacciones subjetivas, ocurre al revés: la variabilidad es en sí misma una característica molesta.

— Relación señal-ruido: Cuando un ruido enmascara palabras o sonidos relevantes (señales) para el trabajador se considera especialmente molesto. Puede resultar positivo si se enmascaran sonidos o conversaciones irrelevantes.

— Contenido informativo: Los sonidos que tienen un contenido informativo irrelevante, se consideran más molestos. Si el contenido informativo es útil (ruidos que avisan de anomalías, etc.), se consideran más aceptables que si no llevaran ninguna información.

— Predecibilidad y controlabilidad: Los ruidos esperados son evaluados subjetivamente como menos molestos que los inesperados. Los ruidos imprevisibles, irritan más que los rutinarios o periódicos. Cuando un trabajador puede controlar la producción de un ruido, está menos molesto que si no puede hacerlo.

— Actitud respecto a la fuente del ruido: Influye sobre la respuesta subjetiva al mismo: un trabajador a disgusto con una máquina determinada, estará especialmente molesto por el ruido de esa máquina.

 — Actividad en curso: En la evaluación subjetiva de las molestias por el ruido, influyen las exigencias de la tarea y la carga de trabajo.

— Necesidad de ruido: Un ruido se considera más aceptable cuando es consecuencia inevitable de la actividad desarrollada.

— Diferencias individuales: Existen diferencias interindividuales en cuanto a la sensibilidad al ruido, de forma que un mismo ambiente acústico provoca respuestas que pueden ser muy distintas en diferentes personas. Las investigaciones llevadas a cabo para intentar determinar las particularidades individuales que expliquen esta especial sensibilidad (edad, sexo, personalidad…) no han dado resultados definitivos. — Efectos sobre el comportamiento. En el ámbito laboral, los efectos más estudiados del ruido sobre el comportamiento han sido los que afectan al rendimiento y al comportamiento social, especialmente, a la comunicación. La interferencia del ruido en el desarrollo de las tareas depende de factores como la dificultad, complejidad y duración de la tarea, las características del ruido (nivel, composición espectral y tipo de ruido) y la predisposición individual y estado del sujeto (motivación, capacidad de concentración, interés por la tarea, etc.) Antes de estudiar los efectos del ruido sobre el rendimiento, vamos a exponer una serie de interpretaciones teóricas que faciliten la comprensión del problema, ya que no existe un modelo teórico único capaz de explicar y predecir el efecto del ruido sobre el rendimiento de los trabajadores. Esto se debe a que hay muchos tipos de ruido y de tareas. El ruido puede ser intermitente, continuo o de impacto, desde música hasta sonido en blanco. La tarea, puede estar basada en las destrezas (comportamiento manual o automático), en las reglas (si pasa A hago X, si pasa B hago Y) o en el conocimiento (basado en conocimientos profundos y ponderación de alternativas). Así, el efecto final depende de la naturaleza y características del ruido, del tipo de tarea y del estado funcional del trabajador. Cada una de las hipótesis explicativas que vamos a ver, aporta argumentos que permiten comprender estos efectos, destacando su impacto sobre los procesos de atención. Las respuestas del organismo a la acción del ruido no son solo reacciones pasivas a las molestias que este produce, sino que testimonian tentativas de adaptación por parte del organismo: habituación, persistencia o modificación de la estrategia, esfuerzo de atención, etc.


Interpretaciones teóricas:

— Distracción: Se basa en la desviación de la atención que produce el ruido. La aparición de un ruido provoca en el trabajador una “reacción de orientación”, que se manifiesta por un cambio de la atención dirigido hacia el nuevo estímulo en detrimento de la actividad en curso. Si es intenso, se puede producir la “reacción de sobresalto” que influye negativamente en el desarrollo de cualquier tarea. La distracción sólo aparece ante ruidos inesperados, puesto que si se repite, se produce la habituación.

— Enmascaramiento: Los efectos perturbadores del ruido sobre el rendimiento se deberían al enmascaramiento de señales auditivas relevantes para la realización de la tarea. Actúa básicamente para tareas de naturaleza auditiva, pero también puede hacerlo, según algunas teorías, en tareas cognitivas y perceptivo-motoras. En tareas cognitivas, el ruido podría enmascarar el “lenguaje interior” utilizado por el trabajador para memorizar información, alterando el almacenamiento en la memoria. En tareas perceptivo-motoras (no verbales), el ruido podría enmascarar la información auditiva sobre cómo se está realizando la tarea (retroalimenación auditiva), lo que priva al trabajador de una asistencia auditiva importante. Otra teoría considera que el efecto no es por enmascaramiento de la retroalimenación auditiva o del lenguaje interior sino que el ruido actúa perturbando la memoria de trabajo o memoria a corto plazo.

— Teoría del arousal (activación): Según esta teoría, el ruido incide en el rendimiento actuando sobre el nivel de activación del trabajador: niveles de ruido bajos y monótonos, disminuyen este estado de activación, niveles más elevados o inesperados, aumentan la activación. Así, el ruido tendría un efecto favorable o desfavorable sobre el rendimiento según el estado funcional y la tarea (curva en U invertida). No obstante, la teórica mejora del ruido sobre el rendimiento es a veces un esfuerzo de atención compensatorio, con el coste fisiológico que ello implica.

— Focalización o selectividad de la atención: La atención se vuelve más selectiva a medida que aumenta el nivel de activación, por lo que el ruido podría favorecer la selectividad de la atención, especialmente en las tareas prioritarias. Esta mejora se debería al esfuerzo del trabajador por resistir la acción perturbadora del ruido. En tareas con demandas de atención dividida en las que el trabajador debe prestar atención a diferentes fuentes de información, el rendimiento disminuiría.

— Sobrecarga de la información: Las capacidades de tratamiento de la información son siempre limitadas. Un número elevado de mensajes produce un fenómeno de sobrecarga que obliga a establecer prioridades, decidiendo cual es la información pertinente o el mensaje útil. El ruido contribuiría a esta sobrecarga y disminuiría el campo de atención.

— Elección de la estrategia: El trabajador ha de elegir unos medios para realizar una tarea. El ruido podría jugar un papel determinante en esta elección dando lugar a la adopción de una estrategia preferencial (en presencia de ruido, se adoptan más unas estrategias que otras), reforzando la utilización de una estrategia (se mantiene la estrategia aunque cambien las condiciones) o manteniendo la estrategia aún cuando cese el ruido.


— Efectos sobre el rendimiento. Los efectos del ruido sobre el rendimiento (entendido como la eficacia del sujeto en la realización de su trabajo), son complejos y afectan de distinta manera a diferentes actividades, dependiendo de factores como las características del ruido (intensidad, frecuencia, tipo, significación…), la posibilidad de previsión y control del mismo, naturaleza y exigencias de la tarea, duración, variables psicofisiológicas del individuo (sensibilidad, estado funcional, motivación…) y la presencia de otros factores ambientales molestos. No hay efectos claramente definidos del ruido sobre la realización de la tarea. Un mismo tipo de ruido podría disminuir la concentración en unos casos, o ser estimulante en otros como en las tareas monótonas o repetitivas. Las funciones visuales como la agudeza, enfoque y movimientos de ojos son muy poco o nada afectados por el ruido. El desempeño motor (manual o de desplazamiento) es raramente afectado. Para el desempeño en tareas rutinarias o basadas en la destreza el ruido puede no afectar. En tareas basadas en reglas donde el trabajador selecciona rápidamente entre diferentes alternativas, el ruido puede tener cierto efecto, sobre todo si es mayor de 95 dB (A). Los efectos nocivos del ruido parecen estar asociados primeramente con tareas en las que los trabajadores tienen que aplicar conocimientos, pensar detenidamente y llegar a conclusiones. Esto involucra a la memoria a corto y largo plazo y sobre todo esta última, se ve superada, por ejemplo, al procesar información verbal. Se ha demostrado (Weinstein, 1977) que en una prueba de lectura, un ruido entre 68 y 70 dB(A) impide significativamente la detección de errores gramaticales (tarea basada en el conocimiento), pero no afecta a la habilidad de detectar errores ortográficos (tarea basada en reglas). Si el ruido es intermitente o inesperado, puede causar un sobresalto que, aparte de producir los efectos fisiológicos antes citados, influye negativamente en el desarrollo de cualquier tarea. El ruido provoca disminución de la atención, deteriorando la realización de trabajos que requieren concentración, rapidez o destreza. El trabajador debe hacer un esfuerzo suplementario para aislarse del ruido, lo que se traduce en un mayor desgaste y fatiga. Se ha comprobado que determinados tipos de ruido pueden afectar negativamente en casos de tareas de vigilancia, tareas mentales complejas, tareas que exigen alta capacidad de percepción y tareas psicomotoras complejas. Por otra parte, en determinadas circunstancias y tareas, el ruido puede no tener ningún tipo de efecto o incluso sirve para mejorar el rendimiento. En general, se puede observar que el ruido es siempre molesto para el trabajo y las actividades que demandan un esfuerzo de atención más alto y más sostenido son más sensibles al ruido.

Tareas de vigilancia: Este tipo de tareas requiere una atención sostenida, poniendo en juego funciones sensorio-perceptivas (discriminación, identificación, localización). Los componentes cognitivos se limitan a una decisión elemental sobre la pertinencia o no de determinados estímulos (tratamiento automático de la información). Los efectos del ruido en estas tareas son contradictorios: ruidos continuos tienen efecto “desactivador”, que aumenta con la monotonía de la tarea y hace disminuir la vigilancia; ruidos intermitentes, tienen efecto activador, contrarrestando la caída de la vigilancia en tareas monótonas. Estos efectos contradictorios se deben a las diferentes situaciones experimentales planteadas en cada estudio: distintas tareas, distintos tipos y niveles de ruido, etc. Sin embargo, pueden sacarse algunas conclusiones: En tareas que demandan atención sostenida (vigilancia, control de calidad…), el ruido afecta al nivel medio de rendimiento o a su evolución en el tiempo o a la variabilidad de las respuestas (respuestas retardadas). El ruido continuo deteriora la eficacia de detección de señales en tareas de vigilancia si su intensidad es mayor de 95 dB, la exposición es superior a 30 min. y las señales son difíciles de percibir. Cuando las fuentes de señales son múltiples o las señales pertinentes son frecuentes, el ruido afecta el rendimiento; si la frecuencia de señales es baja, el ruido ejerce una influencia favorable o no afecta. En situaciones de doble tarea (realizar una tarea principal y atender otra secundaria), el ruido deteriora el rendimiento si la tarea de vigilancia no es la prioritaria.

Actividades complejas con carga mental elevada. Las tareas complejas demandan un importante esfuerzo de atención. En ellas, el trabajador tiene que atender simultáneamente a varias fuentes de información, someter la información a una serie de procesos más complejos y elegir respuestas entre varias alternativas. Se requiere una atención dividida y la utilización de funciones cognitivas. De los estudios realizados sobre la influencia del ruido en este tipo de actividades, se concluye que son más sensibles al ruido que las tareas de vigilancia. El deterioro producido se manifiesta más sobre el rendimiento en las actividades menos prioritarias. El tipo de ruido (artificial o verbal) y los componentes cognitivos de la tarea, juegan un papel importante entre los factores de que depende la vulnerabilidad de una tarea frente al ruido.


 —Efectos sobre el comportamiento en general. 

— Efectos psicosociales. 

La mera presencia de ruido, por sí sola e independientemente de sus características, provoca un conjunto de sensaciones desagradables y molestias que puede manifestarse en el comportamiento individual y social de los trabajadores expuestos. Si la exposición es crónica, los trabajadores se vuelven irritables, manifiestan tendencias agresivas, son menos atentos con los compañeros y evitan ayudarles. Las relaciones interpersonales se hacen más difíciles, tanto por la fatiga que genera como por el tiempo de recuperación auditiva tras el trabajo y las alteraciones de comportamiento que puede ocasionar. Los efectos que a este nivel puede producir son:

— Dificultades de comunicación, como veremos más adelante.

— Perturbaciones del reposo y descanso.

— Perturbaciones del sueño (nocturno).

— Disminución de la capacidad de concentración.

— Sensación de malestar: empieza a manifestarse a partir de 35 dB(A), estando el umbral en 65 dB(A) para el 60% de la población. Los efectos psicosociales del ruido van a depender en gran medida de factores como la actitud del sujeto hacia la fuente de ruido, la sensibilidad de cada persona, las posibilidades de reducir el ruido y el momento de la jornada en que se produzca.


 — Efectos sobre la comunicación. 

El ruido puede dificultar la comunicación hablada en el puesto de trabajo (la comprensión de los mensajes verbales), lo que repercute en la seguridad, el proceso productivo y las relaciones personales y profesionales. La dificultad para comunicarse con los compañeros durante la jornada laboral aumenta el aislamiento de los trabajadores y hace más penosas las condiciones de trabajo. La interferencia del ruido con la comunicación verbal depende de:

— Nivel de presión acústica (intensidad)

— Espectro del ruido existente (frecuencia)

— Tono de voz empleado

 — Distancia entre los interlocutores

— Exigencias conversacionales de la tarea.

 La comunicación en condiciones de ruido, aumenta la carga de trabajo tanto en el emisor como en el receptor: uno debe elevar la voz y el otro debe incrementar la atención para comprender el mensaje. La dificultad de comprensión aumenta cuando el trabajador debe prestar atención simultáneamente al mensaje verbal y a señales provenientes de otras fuentes. Existen diversos métodos para establecer unos niveles máximos o recomendados de ruido que permitan mantener la comunicación dentro de unos niveles aceptables, siendo el Método SIL (Speech Interference Level) uno de los más adecuados. Establece los niveles máximos de ruido aceptables para el rango de frecuencias conversacionales (entre 500 y 4000 Hz).

— Efectos sobre la seguridad. 

No se puede establecer una relación causal entre ruido y accidentes. Parece ser que en ambientes ruidosos, los trabajos son 2 ó 3 veces más peligrosos que los efectuados en ambientes silenciosos, pero no se sabe si la causa directa es el ruido. Es, en todo caso, un factor potencial de riesgo para la seguridad, o al menos, favorece el error humano pues enmascara los sonidos portadores de información útil (señales de alarma, avisos peligrosos, mensajes de advertencia de peligro…), interfiere la comunicación y desvía la atención.























Escrito en EL MASTER DEL GUAPO HACKER, de Xavier Valderas



DISEÑO DEL PUESTO DE TRABAJO

"La sabiduría no es otra cosa que la ciencia de la felicidad"
( DIDEROT )

La concepción ergonómica de los puestos y lugares de trabajo se puede plantear a diferentes niveles que abarcan desde el diseño arquitectónico del propio inmueble donde se van a llevar a cabo las actividades hasta la configuración física de cada puesto de trabajo, pasando por el mobiliario utilizado y la forma de distribuir los puestos.


 1) Aspectos relativos al diseño físico del puesto 

En relación con el diseño del puesto, conviene recordar que la configuración del mismo y la disposición de sus elementos deben garantizar al trabajador una buena estabilidad postural y al mismo tiempo permitirle una movilidad suficiente para utilizar con comodidad los materiales y herramientas de trabajo. Esto incluye la manipulación de los dispositivos de control de las máquinas y la percepción de los elementos de la tarea. En general, el diseño de los puestos de trabajo debe cumplir los siguientes requisitos:

 — La disposición del puesto debe permitir los cambios de postura, de manera que se evite el mantenimiento de posturas estáticas prolongadas por parte del trabajador. A este respecto, es recomendable que la concepción del puesto permita alternar las posturas de pie y sentado.

— Con el fin de permitir que el operador pueda adoptar en todo momento la postura más conveniente a su actividad es preciso que sean ajustables todos los elementos del puesto susceptibles de serlo. Esta característica permitirá también la adaptación del puesto a las dimensiones físicas de los distintos operadores que puedan ocuparlo.


Junto a dichos requisitos generales es preciso tener en cuenta lo siguiente:

— La altura del plano de trabajo debe ser adaptada a las dimensiones del trabajador y al tipo de tarea realizada. Esta altura, para los trabajos más habituales, corresponde aproximadamente a la de los codos.

 — Para el trabajo en posición de sentado la silla debe poder ajustarse a las dimensiones físicas del usuario.

— El sistema silla/mesa de trabajo debe estar diseñado de tal forma que posibilite la adopción de buenas posturas.

 — Los materiales, las herramientas de trabajo y, en su caso, los dispositivos de control deben estar situados a una distancia funcional del operador.


 Con el fin de lograr los citados objetivos el diseño del puesto debe partir de los datos antropométricos de la población de potenciales usuarios. La distribución de los datos antropométricos de una población se aproxima a la distribución estadística normal (de Gauss); esto significa que para cualquier dimensión del cuerpo humano, el máximo porcentaje de los individuos se localiza en torno al valor medio, existiendo pocos casos con dimensiones extremas (grandes o pequeñas). No obstante, en el diseño de los puestos de trabajo los valores medios resultan de poca utilidad; así por ejemplo, si la altura de una puerta fuera igual a la altura media de la población de usuarios, la mitad de ellos correrían el riesgo de golpearse en la cabeza, o si un mando de accionamiento se situara a una distancia igual a la distancia de alcance media de la población el 50% de los individuos no podría accionarlo.


 Generalmente los datos antropométricos se expresan en percentiles. Un percentil expresa el porcentaje de individuos, perteneciente a una población dada, con una dimensión corporal igual o menor a un determinado valor. Dado que, en la mayoría de los casos, no es posible realizar diseños que sirvan para todos los individuos, se suele optar por excluir las dimensiones extremas, generalmente por debajo o por encima del 5 y 95 percentil respectivamente. De esta manera, las dimensiones de tales diseños y/o sus posibilidades de ajuste se sitúan entre dichos percentiles, que para el intervalo comprendido entre los percentiles 5 y 95 incluye al 90% de la población de usuarios. Para determinar las dimensiones internas de un puesto (tal como el espacio para las piernas) se utiliza el percentil 95, con el fin de dar cabida a los individuos de mayor talla, en tanto que para las dimensiones externas se suele utilizar el percentil 5, a fin de permitir el alcance a los individuos con menor talla. Aparte de las características específicas de cada puesto de trabajo, la disposición de los puestos y el espacio disponible también pueden influir sobre la salud y el bienestar de las personas. Entre los factores que condicionan la distribución de los puestos en los centros de trabajo se encuentran las siguientes:

a) Las necesidades derivadas de la división del trabajo y del flujo de materiales que determina la disposición relativa entre los puestos y su contigüidad. El flujo de información constituye un factor cada vez menos determinante en la disposición de los puestos, por ejemplo en las oficinas, en la medida que se extiende el empleo de los modernos sistemas de transmisión de datos y de las redes informáticas.

b) El aprovechamiento de la luz natural y la localización de las luminarias en los lugares donde estos aspectos ya vienen dados. Es necesario tener en cuenta que los puestos no deben orientarse de manera que el trabajador quede situado frente a las ventanas u otras fuentes de luz que puedan producir deslumbramiento. La ubicación más adecuada es la que permite que la luz de las ventanas y luminarias llegue lateralmente al puesto.

c) La situación de las salidas de aire correspondientes al sistema de calefacción y aire acondicionado. Los puestos han de colocarse respecto a ellas de tal forma que el aire no incida directamente en la espalda de los trabajadores.


d) La existencia de puestos donde se utilizan equipos ruidosos. En estos casos es aconsejable situar dichos puestos en locales distintos, de manera que no se vean perturbados los trabajadores de los restantes puestos. En el caso de los locales de oficina es necesario considerar también la influencia del tipo y tamaño de la oficina a la hora de distribuir los puestos. En general, la colocación de los puestos se hace más difícil a medida que se eleva el número de empleados, aunque sus dimensiones sean suficientes para evitar la aglomeración; esto es lo que sucede en las oficinas de tipo panorámico.

En los años 60 las tradicionales oficinas compartimentadas en pequeños locales empezaron a ser sustituidas por las oficinas de tipo panorámico; con esta nueva disposición se pretendía mejorar la comunicación, propiciar el trabajo en equipo, aumentar la flexibilidad en la disposición de los puestos y rentabilizar el espacio. Algunos años después la experiencia mostró que este tipo de oficina presentaba algunos inconvenientes importantes: multiplicación de las interferencias provocadas por el exceso de comunicación, falta de intimidad, mayores dificultades para conseguir un ambiente térmico satisfactorio para todos los empleados, flexibilidad limitada y problemas con la acústica del local. La solución de estos problemas se aborda actualmente de dos maneras: Por un lado, la tendencia predominante en E.E.U.U. consiste en la compartimentación de las oficinas panorámicas mediante el empleo de diversos elementos más o menos móviles, tales como mamparas, estanterías, armarios, etc., que permiten atenuar la transmisión del ruido y procuran un cierto grado de intimidad. Por otro lado, la tendencia predominante en Europa consiste en la sustitución de las oficinas panorámicas por conjuntos de locales de oficina de menor tamaño, en los cuales es mucho más fácil controlar los citados problemas. En todo caso, es preferible que estos aspectos sean previstos en la fase inicial de diseño de la oficina dado que, una vez ejecutado el proyecto, la corrección siempre resulta más cara y problemática. El diseño del mobiliario constituye otro de los aspectos importante del acondicionamiento ergonómico de los puestos de trabajo. En primer lugar, el mobiliario debe poder adaptarse a las dimensiones físicas de los usuarios; esto se puede lograr a través de dispositivos de regulación cuyos rangos de ajuste cubran, al menos, a los individuos comprendidos entre el 5 percentil y el 95 percentil del colectivo de potenciales usuarios. Por otro lado, las características del diseño y los materiales empleados no deben ser causa de molestia para los trabajadores. En general, el mobiliario de trabajo debe satisfacer los requisitos de estabilidad y resistencia demandados por el tipo de tarea que haya de realizarse, asimismo, las partes con las que pueda entrar en contacto el usuario deben estar diseñadas de manera que no produzcan lesiones ni originen deterioros en los materiales de trabajo. En particular, todos los bordes, esquinas y salientes deben estar adecuadamente redondeados; el radio de curvatura debe ser al menos de 2 mm para las aristas y de 3mm para las esquinas. Los dispositivos de regulación y los elementos móviles deben estar diseñados para que no se puedan accionar o mover de forma accidental. Asimismo, las partes lubricadas de estos dispositivos deben estar protegidas de tal forma que tanto el usuario como su vestimenta o los materiales de trabajo no puedan mancharse con los lubricantes.

Por otro lado, todas las superficies del mobiliario con las que deba permanecer en contacto el usuario deben estar constituidas por materiales de baja transmisión térmica; así, por ejemplo, debería evitarse el empleo de superficies metálicas que puedan permanecer en contacto con el usuario, dado que transmiten con facilidad el frío y el calor. Así mismo, para evitar reflejos o brillos molestos en la zona de trabajo, las superficies deben tener aspecto mate. Este requisito cobra mayor importancia en las superficies de las mesas de trabajo y otros elementos auxiliares, como los atriles o portadocumentos. Otro aspecto de interés es el que concierne al recubrimiento de los asientos y respaldos de las sillas de trabajo. Estos deben ser permeables al aire y al vapor de agua, así como permitir su limpieza periódica sin deteriorarse. En caso necesario, dichos elementos se deben poder desmontar con facilidad para su reparación o reemplazamiento. Finalmente, los suplementos inferiores sobre los que se apoye el mobiliario y, en su caso, las ruedas de las sillas, deben disponer de un sistema de fijación que permita su fácil reemplazamiento en caso de rotura o deterioro.


2) El sistema silla/mesa

Dentro del mobiliario de trabajo el sistema silla/mesa es uno de los conjuntos más utilizados en la configuración de los puestos, especialmente en las actividades de oficina. Con el fin de prevenir los problemas posturales este sistema debe ser diseñado de forma ergonómica. Aparte de los requisitos generales que debe reunir el mobiliario, vistos anteriormente, la mesa de trabajo debe cumplir los siguientes:

— Debe disponer de un espacio suficiente para alojar las piernas con comodidad y cambiar de postura, de acuerdo con lo especificado anteriormente para los espacios libres del puesto.

— El espesor del tablero debe ser lo menor posible (se recomienda no superar los 6 cm) con el fin de que no dificulte la correcta colocación de las piernas cuando se ajusta la altura de la silla de manera que los codos queden a la altura de la superficie de trabajo.

— Se recomienda que la altura del tablero de la mesa sea regulable. Apesar de que este requisito no llega a ser tan importante como la regulación de altura de la silla facilita la adaptación del puesto al usuario sin necesidad de tener que recurrir a la introducción de un reposapiés para las personas de menor talla.

—En el caso de incorporar cajones estos deben ser fácilmente accionables desde la posición de trabajo y respetar el espacio libre para las piernas.


Por otro lado, dentro del sistema silla/mesa debe prestarse una atención especial a la silla de trabajo por cuanto constituye el principal soporte del cuerpo y determina en gran medida la postura de trabajo. En general, la silla debe ser estable y proporcionar al usuario el apoyo y equilibrio necesarios para la ejecución de la tarea; un buen diseño de silla es el que permite un buen reparto de las presiones originadas por el peso del usuario sobre las distintas superficies de apoyo: asiento, respaldo reposabrazos y reposapiés. Si bien el diseño óptimo depende de la tarea que se realice, existen una serie de requisitos generales de diseño ergonómico que debe reunir toda silla de trabajo. Los más importantes son los siguientes:

a) La altura del asiento debe ser ajustable dentro de un rango que cubra la variabilidad antropométrica del colectivo de potenciales usuarios.

b) La profundidad del asiento debe poder ajustarse de tal forma que el usuario pueda utilizar eficazmente el respaldo sin que el borde delantero de la silla le presione la parte posterior de las piernas. Dicho borde debe estar adecuadamente redondeado.

c) El respaldo debe proporcionar al usuario un apoyo adecuado para la espalda especialmente a la altura de la zona lumbar. Para ello, debe ser regulable en altura e inclinación y tener una suave prominencia a la altura de la citada zona lumbar.

d) Las superficies del asiento y del respaldo deben ser firmes y ligeramente mullidas, con el fin de permitir la distribución adecuada de presiones. Asimismo, los materiales empleados para dichas superficies deben ser permeables al aire y el vapor de agua.


e) Debajo del asiento debe existir espacio suficiente para que el usuario pueda situar los pies bajo la silla cuando se va levantar.

f) Todos los mecanismos de ajuste deben ser fácilmente accionables desde la posición de sentado y estar diseñados a prueba de cambios accidentales.

 g) Las sillas pueden ir equipadas con reposabrazos, salvo que estos interfieran los movimientos necesarios para realizar la tarea.

h) Con el fin de aumentar la estabilidad, se recomienda el empleo de sillas con cinco apoyos en el suelo.

Aparte de lo dicho anteriormente, existen actividades como las de oficina, donde es recomendable la utilización de sillas con posibilidad de giro y dotadas de ruedas, sobre todo en los puestos donde se trabaje sobre mesas muy amplias o sobre más de una mesa. Un elemento auxiliar del sistema silla/mesa es el reposapiés. En general, debería evitarse la utilización de este elemento, dado que restringe las posibilidades de movimiento de las piernas y los cambios de postura. No obstante, como ya se ha dicho antes, en el caso de que no exista la posibilidad de regular la altura de la mesa el reposapiés puede ser necesario para las personas de menor talla. El reposapiés debe ser independiente de la silla y de la mesa y sus dimensiones deben ser suficientes para permitir el apoyo de los pies y cierto cambio de postura. Los principales requisitos que ha de cumplir son los siguientes:

— Su altura debe ser ajustable

— Su inclinación debe ser regulable entre 0º y 25º

— La superfície superior y los apoyos del suelo deben ser antideslizantes


 3) Diseño alternativo de sillas 

Desde hace algunos años se han desarrollado nuevos diseños de sillas entre los que cabe destacar el diseño “Kneeling”. Este tipo de silla se caracteriza por disponer de un asiento fuertemente inclinado hacia delante (habitualmente 30º sobre la horizontal) y la ausencia de respaldo. Con el fin de evitar que el usuario se deslice en el asiento sus rodillas se apoyan en un soporte acolchado. En esta silla la inclinación del asiento propicia una postura más natural de la espalda sin necesidad de respaldo, pero esta ventaja se ve contrarrestada por diversos inconvenientes. Entre ellos cabe destacar la tendencia de las nalgas a deslizarse hacia delante, lo que se traduce en una presión importante en el apoyo de las rodillas. Al mencionado inconveniente hay que añadir los problemas derivados del estatismo postural, especialmente para las piernas, cuando se utiliza esta silla durante largos periodos de tiempo, a diferencia de las sillas convencionales, que permiten el cambio de posición de los miembros inferiores sin dificultad. Por otra parte, se presentan dificultades para tomar asiento y para levantarse lo que lleva aparejado cierto riesgo de caída. Estos inconvenientes hacen que el empleo de estas sillas quede limitado a periodos de tiempo reducidos o bien para alternar con las sillas tradicionales cuando se permanezca sentado habitualmente la mayor parte de la jornada de trabajo.









Escrito en EL MASTER DEL GUAPO HACKER, de Xavier Valderas







SISTEMAS DE ILUMINACIÓN


El diseño y acondicionamiento de la iluminación conlleva la elección del sistema de iluminación más adecuado en función del tipo de recinto a iluminar y de la clase de actividad realizada. Dichos aspectos determinan también la elección de las lámparas y luminarias.


1) Tipos de lámparas y su empleo 

Los principales tipos de lámparas que se emplean en la iluminación artificial eléctrica son tres: incandescentes, fluorescentes y de descarga (en vapor de sodio y en vapor de mercurio). Las lámparas incandescentes se utilizan principalmente cuando la iluminación se emplea de forma ocasional, cuando se requiere un haz de luz intenso y concentrado y cuando la tarea requiere una buena percepción del color. Sin embargo, su baja eficiencia energética y su corta duración hacen que se sustituyan por otros tipos de lámparas en la mayoría de los sistemas de alumbrado.


Las lámparas fluorescentes tienen una eficiencia energética muy superior a las lámparas incandescentes (del orden de cinco o seis veces más) y su duración también es mucho mayor. A estas cualidades se une la de permitir una percepción de los colores bastante satisfactoria para la mayoría de las actividades; todo ello hace que el empleo de este tipo de lámparas sea recomendado para las instalaciones de iluminación general. Finalmente, la utilización de lámparas de vapor de sodio o de vapor de mercurio puede estar indicada para los sistemas de iluminación en exteriores y para la iluminación de grandes naves industriales, donde se requieren fuentes luminosas de gran potencia.


2) Colocación y distribución de las luminarias

Considerando la colocación y distribución de las luminarias, los sistemas de iluminación más habituales se pueden clasificar de la forma siguiente:

 — Iluminación general uniforme

— Iluminación general localizada

— Iluminación general con iluminación auxiliar localizada


3) Iluminación general uniforme 

Este tipo de iluminación es el que se obtiene al distribuir en la superficie del techo un conjunto de luminarias de forma más o menos regular. El resultado de dicha disposición es una iluminación con cierto grado de uniformidad, cuyo nivel medio se ajusta a las necesidades de las distintas tareas. Para facilitar la uniformidad de la iluminación la distancia entre las luminarias no debe superar una cierta proporción de la altura a la que se sitúan sobre el plano de trabajo. La altura de las luminarias debe ser suficiente para facilitar dicha uniformidad sin necesidad de reducir demasiado la distancia entre ellas y, por tanto, aumentar su número. Este sistema de iluminación general uniforme resulta adecuado en los locales donde los puestos de trabajo requieren niveles similares de iluminación y cuando los puestos de trabajo no están localizados en lugares fijos. También proporciona las mejores condiciones de iluminación en los locales destinados a oficinas y talleres en general.


4) Iluminación general localizada 

En este tipo de iluminación las luminarias no se distribuyen uniformemente en el techo sino sobre las áreas del local donde se realizan las tareas visuales. Con este sistema se consigue un nivel de iluminación moderado en todo el local, incrementado únicamente en las áreas donde se lleva a cabo el trabajo. Este sistema de iluminación está indicado en los recintos donde los puestos que requieren altos niveles de iluminación están localizados en determinadas zonas que no se reparten de forma homogénea. También es bastante utilizado en los locales de oficina donde se colocan las luminarias a uno y otro lado de cada puesto de trabajo, con el fin de que la luz llegue lateralmente a ellos. Este tipo de iluminación presenta el inconveniente de requerir una reforma de la instalación cada vez que se efectúan cambios en la ubicación de los puestos.



 5) Iluminación general con iluminación auxiliar localizada 

Esta clase de iluminación se consigue combinando un sistema de iluminación general, más o menos uniforme, con dispositivos de iluminación directa localizada (por ejemplo, mediante flexos) en los puestos de trabajo. La iluminación directa localizada se recomienda cuando existen puestos de trabajo que requieren niveles de iluminación muy superiores al resto (por ejemplo, superiores a 2000 lux), bien sea por las exigencias de la tarea realizada o por las necesidades del propio trabajador. En algunos casos se emplea la iluminación localizada rasante para facilitar la percepción de defectos en la textura de superficies de objetos sometidos a inspección visual. Los altos niveles de iluminación requeridos en cada uno de los puestos son proporcionados principalmente por los dispositivos de iluminación directa localizada, mientras que el sistema de iluminación general se encarga de asegurar un cierto nivel de iluminación ambiental, necesario para evitar desequilibrios excesivos de luminancia entre los puestos y su entorno. En esta clase de iluminación es necesario asegurar un buen apantallamiento de las lámparas alojadas en los aparatos de iluminación localizada, de forma que no provoquen deslumbramiento.










Escrito en EL MASTER DEL GUAPO HACKER, de Xavier Valderas