BIENVENIDOS AL BLOG DEL GUAPO HACKER

Mostrando entradas con la etiqueta COMUNICACIÓN EN EL GRUPO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta COMUNICACIÓN EN EL GRUPO. Mostrar todas las entradas

domingo, 5 de agosto de 2012

LA COMUNICACIÓN ASCENDENTE


La comunicación ascendente se produce cuando alguien comunica información, ideas, sugerencias, opiniones y quejas, hacia otra persona encuadrada en un nivel superior dentro de la jerarquía estructural. Una organización que establece canales de comunicación ascendente muestra un deseo de conocer lo que piensan y quieren sus miembros. Es un indicador de buena disposición que parte de la empresa. Se acortan distancias. En ocasiones, la comunicación ascendente no fluye por temor, por defender determinados intereses, o por no molestar a la Dirección. Esto oxida el buen funcionamiento de los sistemas organizativos y perjudica a los grupos y a la empresa. También la organización se beneficia de este tipo de comunicaciones por cuanto que:

— Revela al mando el grado de aceptación y credibilidad del tipo de gestión de la organización.

— Estimula a los empleados a trabajar con más entusiasmo y mayor nivel de participación.

 — Los subordinados tienen ideas valiosas que pueden contribuir a mejorar la marcha de la organización.

 — El mando tiene conocimiento rápidamente de posibles brotes conflictivos.

— El subordinado toma conciencia de valía personal.







LA COMUNICACIÓN ASCENDENTE


LA COMUNICACIÓN ASCENDENTE. Escrito en EL MASTER DEL GUAPO HACKER, de Xavier Valderas


LA RELACIÓN DIAGONAL EN LA COMUNICACIÓN


Al igual que existe la organización informal, también existe la comunicación informal. Consiste ésta en una red de transmisión y recepción de información, no coincidente ni requerida por los patrones formales de comunicación. Entre comunicación formal y comunicación informal existen notables diferencias:

 1º La comunicación formal sigue las líneas establecidas en el organigrama mientras, que la informal no conoce límites y se puede producir en cualquier lugar y entre personas no relacionadas oficialmente.

 2º La comunicación formal versa únicamente sobre temas relacionados con la organización, mientras que la informal abarca también a temas ajenos a la empresa.

 3º La comunicación formal suele ser más lenta, aunque más precisa y exacta.


 ¿Qué hacer con el fenómeno de la comunicación informal? Conviene, en primer lugar, reconocer las diferencias entre la organización formal y la organización informal. Son éstas principalmente:

1º La organización formal se basa en relaciones jerárquicas y en agrupaciones que buscan la eficacia y la rentabilidad, mientras que la organización informal busca satisfacer necesidades personales o de trabajo de forma espontánea o no programada.

 2º La organización formal puede ser modificada libremente por la dirección de una empresa, en el sentido y dirección que se desee; en cambio la organización informal, por establecerse al margen de los parámetros oficiales, no puede ser alterada de forma previsible por la dirección de la empresa.

 3º La organización informal es utilizada para satisfacer necesidades que la formal no atiende suficientemente tales como: pertenencia a un grupo, contactos personales, protección, acceso a comunicaciones, etc. De hecho, la organización informal será tanto más necesaria cuanto peor atienda la empresa esas necesidades.

4º La organización informal afecta al comportamiento laboral de cada uno de sus miembros. Por tanto cualquiera de éstos puede verse sometido a presiones contradictorias por parte de la organización formal y de la informal, respecto a su contribución productiva; en estos casos, suele tener más influencia la organización informal (aunque, evidentemente, caben todas las posibilidades).


 Por tanto, respondiendo a la pregunta anterior (¿qué hacer con el fenómeno de la comunicación informal?) podemos aportar estas respuestas:

1º Que la comunicación informal no puede suprimirse totalmente, ya que una de las necesidades humanas más imperativas es la de poder comunicarse en el trabajo.

 2º Que la comunicación informal es influenciable (aunque no controlable) por los directivos, suministrando información amplia y veraz sobre asuntos que circulan en la red informal. De esta forma, la dirección de la empresa limita su influencia y minimiza sus daños. Suele ser oral, pero a veces utiliza notas escritas, e incluso el correo electrónico. La comunicación informal nace de la interacción social y es tan variada, dinámica e inconstante como las personas. Sin duda, la comunicación informal es una actividad normal y natural dentro de las organizaciones. Incluso es posible verle un lado positivo: permite a los empleados saber qué sucede en la organización. Además facilita la interacción social, y quienes actúan como enlace suelen recibir el reconocimiento de sus compañeros (por considerarles una importante fuente de información). Hay, además un dato significativo: sólo quienes están completamente desinteresados de su trabajo no participan en la comunicación informal.


 ¿En qué consiste la comunicación informal? Suele consistir en rumores, chismes o información de pasillo. Todos ellos suelen ser importantes fuentes de comunicación para los miembros de una organización, ya que suele hacer circular información que, generalmente, no ofrecen las fuentes formales de comunicación y que trascienden de sus propios círculos.


 ¿Cómo se expande la comunicación informal? En general, los directivos tienden a pensar que la comunicación informal sigue una larga cadena, en la que una persona le dice algo a otra, y ésta a su vez se lo dice a otra, y así sucesivamente... de modo que, cuando la cadena llega al último eslabón, la información está desplazada y tergiversada.


















LA RELACIÓN DIAGONAL EN LA COMUNICACIÓN. Escrito en EL MASTER DEL GUAPO HACKER, de Xavier Valderas


FUNCIÓN DE LA LINEA JERÁRQUICA


Cuando en 1975, Ramón Masip, entonces recién nombrado director general de Nestlé España, se propuso actualizar el estilo de mando de la compañía, uno de los elementos clave de la estrategia seguida para alcanzar este propósito fueron una serie de reuniones de información para empleados de todos los niveles. En estas reuniones explicaba la situación de la compañía y sus propósitos, a la par que invitaba al diálogo con los asistentes. Las reuniones de información han sido desde entonces una práctica habitual en la compañía. Masip dijo en varias ocasiones que había dedicado más de 200 horas al año a esta tarea de comunicar. El autor de este artículo tuvo ocasión de asistir a varias de estas reuniones y es testigo de la riqueza y de la naturalidad del diálogo que propiciaban.


 El director de personal de Barcelona Division de Hewlett Packard decía, refiriéndose al trabajo de los "managers" y supervisores, que "aquí tenemos tres objetivos: uno, comunicar; dos, comunicar; tres, comunicar". Y añadía que, periódicamente, "el hecho de que el director general, en los cafés informativos, comparte información relevante, es un buen ejemplo de ello. Conocer los objetivos, los proyectos, adónde vamos, hace que la gente sepa dónde está y se sienta parte de HP. Cuando te sientes realmente parte de la compañía, asumes la cultura de forma natural".


 ¿Por qué es tan importante la comunicación en la empresa? Me refiero, inicialmente, a la comunicación descendente. La respuesta está expresada, en forma resumida, en el párrafo precedente: la comunicación hace que la gente sepa dónde está y se sienta parte de la empresa. Cuando la dirección tiene como hábito la comunicación, gana credibilidad y, con ella, la confianza indispensable para que la empresa sea algo más que una S.A., sea realmente una comunidad de personas unidas por un mismo propósito y estén orgullosas de compartir este esfuerzo
conjunto.

 En la comunicación descendente, la línea jerárquica tiene una función clave; más aún, la línea jerárquica es la vía natural para que circule la comunicación. De hecho, como apunta una autoridad en la materia (Chester Barnard), la línea jerárquica es básicamente un canal de comunicación, tanto descendente como ascendente. Dado que la información es una fuente de poder, la utilización de la línea jerárquica como canal de comunicación refuerza su influencia. El jefe de cada unidad, sea cual fuere su nivel, debe ser la principal fuente de información para sus subordinados. La comunicación descendente abre el camino a la ascendente. La comunicación descendente y la ascendente están relacionadas como la pregunta y la respuesta. Tienen una relación dialogal. Las razones de esta relación son varias. En primer lugar, la comunicación descendente suscita preguntas que piden una respuesta. En segundo lugar, las preguntas formuladas hacia arriba aportan información sobre los problemas y las inquietudes de los niveles inferiores y permiten ajustar el lenguaje y la temática de la comunicación descendente. En tercer lugar, las preguntas formuladas por los receptores de la comunicación descendente aseguran el recto entendimiento de ésta.


Por las razones que acabo de señalar no es casual que las "reuniones de información" sean una fuente de comunicación ascendente, como ha revelado un estudio realizado por el autor. Esta interdependencia de ambas clases de comunicación explica las dificultades y las resistencias que despierta la puesta en marcha de la comunicación descendente cuando no ha sido práctica habitual en una empresa. Y es que la comunicación descendente, en cuanto que abre la puerta y legitima la formulación de preguntas y, también, por qué no, de dudas y de objeciones al superior, pide un cambio en la relación entre el emisor -el superior- y los receptores -los subordinados. Este cambio se da en el ámbito del poder e implica que el superior acepte una mayor influencia de sus subordinados, con todos los riesgos -y las ventajas- que esto implica. Cada estilo de mando lleva aparejado un estilo de comunicación. Esta conexión se debe a que la autoridad es una relación social y el soporte de ésta es la comunicación. Estas consideraciones enlazan con el principio de este artículo. Ramón Masip debía ser consciente de este proceso cuando impulsó la comunicación descendente en Nestlé España.

 CHESTER BARNARD


La comunicación ascendente ha de pasar una serie de barreras. En primer lugar, es necesario que el jefe escuche. Si el jefe no muestra disposición a atender a un subordinado que se aproxima a él para manifestarle una inquietud, éste difícilmente le transmitirá la información que desea pasarle. Muchas veces, esta resistencia a escuchar se manifiesta a través de un gesto del superior. A este respecto, me decía un directivo que su superior, a veces, a través de la mirada, "bajaba una especie de cortinilla" que le desanimaba para continuar explicándole el problema que quería exponerle.


Otras barreras de no menos importancia son, por un lado, la estructura organizativa. Cuanto más niveles y cuanto más compleja, más difícil tiende a ser la comunicación. Por otro lado, las diferencias culturales que se dan entre los diferentes colectivos que componen la organización. Finalmente, el entorno laboral, ya que la conflictividad genera estados de opinión y tensiones que distorsionan la comunicación. A modo de conclusión final. La comunicación es un proceso clave en la empresa. Todo lo que hagamos por mejorarla contribuirá a la eficiencia y a la eficacia de la empresa. El lema debería ser: "Comunicar, comunicar, comunicar"





CHESTER BARNARD




FUNCIÓN DE LA LINEA JERÁRQUICA. Escrito en EL MASTER DEL GUAPO HACKER, de Xavier Valderas

LA ESPONTANEIDAD


(de El mito de la libertad, de CHÖGYAM TRUNGPA  "La espontaneidad percibe las situaciones como son. Lo que sucede es que hay una diferencia entre espontaneidad y frivolidad; las separa una línea divisoria muy tenue. No es conveniente que cada vez que sintamos el impulso de hacer algo, lo hagamos; debemos más bien trabajar con el impulso. Al hacerlo, dejamos de actuar de manera frívola porque realmente tenemos ganas de ver el impulso y saborearlo de verdad, sin frivolidad. Ser frívolo significa obedecer a reacciones reflejas: lanzamos algo y cuando rebota, reaccionamos. Ser espontáneo significa lanzar algo y observarlo, y luego trabajar con la energía cuando rebota y vuelve hacia uno. La frivolidad contiene un nivel muy alto de ansiedad. Cuando dejamos que la emoción produzca una excitación, terminamos actuando con demasiada ansiedad. En cambio, cuando somos espontáneos, sentimos menos ansiedad y simplemente enfrentamos las situaciones como son. No nos basta con reaccionar, sino que trabajamos con la naturaleza de la reacción y la forma que toma. Palpamos la textura de la situación en vez de limitarnos a actuar de manera impulsiva."




1) El descrédito de la seriedad 

Vivimos quizá una época histórica en la que hemos visto cómo grandes utopías han quebrado. Ahora, se mantiene vigente más bien -como señala José Antonio Marina una utopía sin pretensiones, que había permanecido latente, oscurecida por la prepotencia de las demás. El hombre de hoy se siente cómodo en un ambiente poco agresivo, tolerante, en el que los individuos, más liberados de la influencia de los demás, se disponen a probarlo todo. Se ha abolido lo trágico y se navega con soltura en una mentalidad divertida, no comprometida, devaluadora de lo real. El siglo XX, que ha sido, posiblemente, el más sangriento y trágico de la historia, justifica el descrédito de la seriedad, porque en el origen de esas grandes tragedias aparece siempre alguien que se tomó algo demasiado en serio, fuese la raza, la nación, el partido o el sistema. La sociedad desconfía, con razón, de todo fanatismo. Hay un valor máximo, que es la libertad, y el resto son procedimientos para conseguirla. Le cuesta admitir cualquier afirmación sostenida con vigor. Cualquier norma excesivamente definida le asusta. Prefiere el vagabundeo incierto, el buen humor. Y odia los tonos regañones o gruñones. Es como si una consigna tácita nos ordenara no tomar nada demasiado en serio, ni siquiera a nosotros mismos. Es cierto que hay que reconocer grandes conquistas a esta mentalidad que acabamos de describir. Entre otras cosas, haber barrido a toda una fauna de personajes autoritarios, todos bastante ridículos y prepotentes. Ahora puede decirse que, por fortuna, el autoritarismo ha quedado muy devaluado. Es preciso reconocerlo y celebrarlo. Sin embargo, la actitud de levedad con que algunos han reaccionado frente al antiguo autoritarismo, trae consigo frutos muy diversos: pretende fortalecer la personalidad, pero acaba, sin embargo, propugnando una personalidad débil y diluida; en vez de exaltar la creatividad, que es lo que pretendía, engendra un sujeto errático y pasivo. No puede olvidarse que la huida de la realidad convierte al hombre en simple espectador de su vida. Y cuando se pretende eludir el compromiso, se elude la realidad, porque la vida está llena de compromisos: compromisos en el plano familiar, en el profesional, en el social, en el afectivo, en el jurídico y en muchos más. La vida es optar y adquirir vínculos. Quien pretenda almacenar intacta su capacidad de optar, no es libre: es un prisionero de su indecisión.




Saint-Exupéry decía que la valía de una persona puede medirse por el número y calidad de sus vínculos. Por eso, aunque todo compromiso en algún momento de la vida resulta costoso y difícil de llevar, perder el miedo al compromiso es el único modo de evitar que sea la indecisión quien acabe por comprometernos. Quien jamás ha sentido el tirón que supone la libertad de atarse, no intuye siquiera la profunda naturaleza de la libertad.



 Marco Aurelio -que además de un gran emperador fue un gran escritor y gran maestro- decía que la persona está constituida por los valores en los que cree, que imprimen en su rostro la huella de su nobleza o de su vulgaridad. Aseguraba que el alma se tiñe de las imágenes que en ella se forman, y que por ello el valor de cada cual está en estrecha relación con el valor de las cosas a las que ha dado importancia. Es tal vez la intuición más fulminante de la esencia de un hombre, la clave para leer su historia y su naturaleza. Somos lo que creemos. Lo que albergamos en nuestra mente nos marca de manera indeleble. Se imprime en nuestras facciones y en nuestros gestos. Se convierte en nuestra manera de ser.



2) Exaltación de la espontaneidad

Sin duda, la espontaneidad es un valor emergente en la sociedad de nuestros días. Ser espontáneo y natural es algo que hoy, afortunadamente, se valora mucho. Hay una gran pasión por todo lo que significa apertura y claridad, un elogio constante de las conductas que revelan autenticidad. La gente joven tributa un apasionado culto a la sinceridad de vida, quizá como respuesta al rechazo producido por algunos rasgos bastante frecuentes en generaciones anteriores. Todo eso, no cabe duda, esconde un avance innegablemente positivo. Y en el ámbito de la educación, se trata de una conquista de la sensibilidad contemporánea que ha supuesto aportaciones especialmente valiosas. Moverse en un clima de confianza se considera hoy un principio educativo fundamental, decisivo también para la formación del carácter. Sin embargo, es necesario un sensato equilibrio en todo lo relacionado con la espontaneidad: un equilibrio entre la hipocresía y lo que podríamos llamar exceso de espontaneidad. El equilibrio del carácter y la personalidad exige una cuidadosa compensación entre un extremo y otro. Y así como hace treinta años podía ser mayor el peligro del envaramiento o la desconfianza, quizá ahora sea más bien el de la excesiva desinhibición o desenfado. La exaltación de la espontaneidad y la devaluación de la seriedad producen también frutos diversos y ambivalentes. Pretenden fortalecer la personalidad, y en gran parte lo logran, pero también traen el riesgo de producir personas con una espontaneidad aleatoria, gracias a la cual son lo que les viene en gana en cada momento, lo que a cada paso se les ocurre. Como todo en esta vida, todo es bueno o malo en su justa medida y dentro del contexto adecuado.





















LA ESPONTANEIDAD. Escrito en EL MASTER DEL GUAPO HACKER, de Xavier Valderas

LA COMUNICACIÓN Y SU COMPONENTE AFECTIVO: EL LENGUAJE NO VERBAL


La comunicación no verbal se refiere a la parte de la comunicación que tiene que ver con los movimientos corporales, voluntarios o inconscientes, que acompañan a la comunicación verbal; incluye también, cómo se dicen las cosas (volumen de voz, tono, enfatizaciones, frecuencia de emisión, etc.). Aspectos como nuestro estilo personal de andar, de hablar, de vestir, saludos, etc., todo ello constituye un cúmulo de pautas de comportamiento que están comunicando cosas, que están lanzando mensajes, y que es más fiable que la comunicación oral por cuanto que comunican intenciones, propósitos, matizan o contradicen a lo que se está diciendo, en la mayoría de los casos de forma inconsciente. Paralelamente a la comunicación verbal, se da una sintonía de movimientos entre los interlocutores, un "baile" de posturas y gestos que a un observador perspicaz le proporciona una información riquísima sobre la relación que mantienen esas personas, los roles que juegan, el interés que manifiestan, etc.


 Las expresiones corporales son herencia en muchos casos de nuestra evolución genética (comportamientos maternales, agresivos, sexuales, etc.); no obstante, las diferentes culturas han ido matizando y depurando determinadas expresiones. Se puede considerar que hay una base hormonal, química, que, de forma involuntaria y en determinados estados de emoción, provoca manifestaciones fisiológicas más o menos perceptibles por el interlocutor: dilatación de pupila, sudoración, sonrojo, erupciones de la piel, alteraciones cardiovasculares y respiratorias, etc. Por tener los hombres tendencia a ocultar sus auténticos sentimientos y por no ser siempre conscientes de ellos, podemos llegar a comprenderles mejor si aprendemos a recoger también informaciones a través de su lenguaje corporal. Esa expresión corporal es con frecuencia más auténtica porque en nuestro mundo cultural controlamos más nuestro lenguaje que nuestro propio cuerpo. La mujer que dice al psiquiatra que ama a su marido, pero lo niega con un movimiento inconsciente de cabeza, es un buen ejemplo de este hecho. Perder la cabeza, poner cara avinagrada... estirar las orejas... arrugar la nariz... son expresiones que indican que, también en el lenguaje corporal, se dan reglas más o menos fijas para expresar sin palabras los propios sentimientos. Y reaccionamos, sin darnos cuenta, a esas señales no verbales. Nos sale al paso una persona en una acera estrecha, sin cambiar una palabra, nos apartamos para dejar paso al otro. Ninguno de los dos ha pensado reflejamente qué dirección iba a seguir el otro, pero el lenguaje del cuerpo lo ha dicho todo. A veces, esas señales son ambiguas. En tal caso, quizá nos echemos, los dos a la vez, a un mismo lado, y luego, al otro; sonreímos pidiendo disculpas y luego pasamos. También el lenguaje corporal tiene sus tartamudeces. Hemos visto qué importancia tiene ser consciente de aquellos sentimientos personales que influencian nuestra comunicación y nuestra actitud con los demás. Por eso, hemos de aprender a entender nuestro lenguaje corporal como lenguaje de símbolos: gestos y movimientos son reveladores de vivencias inconscientes y sentimientos ocultos. Debemos aprender a interpretar ciertos símbolos típicos con que el cuerpo transparenta su inconsciente. Pero, en la interpretación de esos símbolos, vale también el principio fundamental de que captamos nuestro entorno no objetiva sino subjetivamente. Incluso ciertas manifestaciones no verbales, muy simples, que creemos poder interpretar con seguridad, nos llevan a veces a error. Pero vemos también que no podemos interpretar lo que observamos en solitario, sin compararlo con lo que el otro pueda decir. Cuando en el autobús o ascensor se producen apretujamientos de público, instintivamente observa usted ciertas normas bien estrictas: usted procura estrecharse para no tener que rozar ni tocar al vecino. Pero si se produce un roce o choque casual con el vecino, corrige su postura o se ladea, como diciendo: "Disculpe mi intromisión involuntaria en su área; no he podido evitarlo; procuraré respetar su territorio sin permitirme confianzas".


 La cinésica o ciencia del "lenguaje corporal" ha descubierto que hay tres zonas principales de distancias con las que, sin palabras, expresan los hombres su deseo de contacto. La "distancia de intimidad", que abarca desde el contacto corporal directo hasta una distancia de 60 centímetros aproximadamente. Cuando esa zona no es respetada por una persona extraña, fácilmente ese hecho provoca inquietud o molestia. De ahí proviene el estrecharse en un hacinamiento de autobús. Es como un intento de "esfumar" nuestra persona para que el otro no piense que tratamos de invadir su territorio. La zona de "distancia interpersonal" se extiende de 60 a 160 centímetros aproximadamente. Se parece a la distancia que se observa en un cocktail de sociedad. Permite cierto grado de confianza. Pero, puesto que a esa distancia es difícil rozar al interlocutor, tales encuentros difícilmente crean un ambiente de intimidad. Cuando dos personas se encuentran en la calle, respetan generalmente esa distancia si se detienen un momento a hablar. En el área de "distancia social" es donde despachamos nuestros asuntos "impersonales": a esa distancia hablamos con los clientes, visitantes desconocidos, obreros, colegas, recadistas. La amplia mesa del despacho de un director mantiene a esa distancia a sus subalternos y da a entender, sin palabras, que las relaciones personales están de más en ese despacho. Esa "distancia social" tiene también una función de protección: hasta esa distancia, pueden todos acercarse sin que eso llame la atención ni se considere descortés. No sin motivo, en los despachos de las personas investidas de autoridad, hay un amplio tresillo que mantiene alejados los visitantes del área de trabajo del funcionario. A la distancia aproximada de cuatro metros, comienza la distancia pública. Aquí cesan todas las relaciones personales y actuamos sólo como individuos. El profesor desde su tribuna, el político con sus arengas, el actor en el escenario, se mueven en ese área. Según sea el tipo de relación en que quieran entrar dos personas, son respetadas y definidas por ambas partes esas zonas de distancia. En el cine, en lo posible, no nos colocamos junto a un extraño. Un restaurante resulta poco grato si está atestado de gente. Pero si está vacío, se hace igualmente poco grato porque no da posibilidades de establecer contacto a nivel de "distancia social". También el domador utiliza deliberadamente esta teoría de las zonas de distancia. El sabe bien que el león no le ataca si no se le acerca demasiado y procura alejarse hasta restaurar la "distancia personal". Sólo cuando el león no pueda mantenerse a esa distancia, se hace peligrosa la situación. También los viajantes aplican, sin poner atención en ello, estas reglas de las distancias. Cuando la señora de la casa abre la puerta, "no introducen un pie en la puerta", lo que constituiría una violación de la intimidad del hogar, sino que se mantienen discretamente distantes. Con ello, parecen decir: "No intento entrometerme, ni importunar. Si así lo desea pude mantenerse distante". En cambio, el jefe que se inclina curioso sobre la mesa del subalterno está diciendo: "Aquí mando yo y puedo establecer el tipo de contacto que me parezca bien". Imaginemos la tempestad que desataría un comportamiento similar del empleado en el despacho de su jefe.


 Julio FAST nos habla de soldados rasos que, en las duchas, guardaban todos los respetos a los suboficiales aunque no les conocían ni conocían su graduación. Los suboficiales, por su misma actitud desenvuelta, daban a entender con el lenguaje corporal el rango que ocupaban en el ejército. Incluso en el mundo de los negocios, en que no se llevan galones ni entorchados, los altos cargos dejan entrever un claro sentimiento de superioridad. Y se ha venido a descubrir que ello depende, en buena parte, de las "zonas de distancia" aludidas. Por la desenvoltura con que uno se introduce en el ámbito personal del otro, por el modo con que el ámbito personal está protegido, por la manera con que eso se realiza y por análogos comportamientos no verbales, fácilmente descubre el observador experto la posición y rango de las personas.



 EJEMPLO DE COMUNICACIÓN INTERPERSONAL SIN PALABRAS:

 La comunicación no verbal 

En un departamento del expreso Madrid-Málaga viajan cuatro personas: una mujer de unos 40 años y su hija de 19; un joven español y un turista alemán. Entra el tren en un túnel. Al poco rato se oye un beso y una bofetada. Al salir del túnel todos disimulan. Sin hablar, cada uno interpreta mentalmente lo ocurrido, de la siguiente forma: La madre cree que han besado a su hija y piensa: "Mi hija está bien educada y puede andar por el mundo con tranquilidad; sabe defenderse. Estoy orgullosa de ella". La hija sabe que a ella no la han besado y cree que han besado a su madre. Piensa: "Mi madre tiene suficiente edad para que no la moleste un beso, pero hay que ver la fuerza que tiene". El turista alemán, que no ha besado y que ha recibido la bofetada, piensa: "¡Ya me habían dicho que los españoles eran atrevidos, pero no creía que lo fueran tanto: roban un beso y consiguen que la bofetada se la lleve otro!". El joven piensa: "¡Soy un tío listo! Me he besado mi propia mano y le he pegado una torta al turista".

El lenguaje no verbal, comunicarse a través del cuerpo, conocer lo que expresa el lenguaje corporal, ayuda a aprender más sobre uno mismo, a mejorar las relaciones con los demás y a saber que tipo de persona tienes delante. No reparamos en ello, pero uno de los sucesos más complejos de la vida es el encuentro con otra persona, en ese momento un gran numero de señales se disparan de forma inconsciente y comienza el intercambio de mensajes a través de los gestos corporales, sobre todo si con esa persona hemos tenido relaciones en otra vida y más aún el tipo de relaciones que hayan sido será lo que nos provoque el acercamiento o repulsión. El cuerpo tiene su propio lenguaje, es un idioma mudo, pero tan expresivo que comunica mas que las palabras, los expertos dicen que en una conversación el 65 por ciento de la comunicación se produce de forma no verbal, las palabras son el 35 por ciento restante, influyen más el tono y los matices que las palabras, estas pueden llegar a engañar pero los gestos corporales son delatores. Las mujeres tienen una habilidad innata para percibir y descifrar señales no verbales, si ellas creen que las están mintiendo, sucede en realidad, mientras las palabras dicen una cosa, el lenguaje del cuerpo cuenta otra historia. La intuición femenina no es un tópico sino el resultado de una mayor actividad del hemisferio derecho del cerebro, el encargado de las funciones intuitivas, lo que hace es reunir para comprender, mientras que el hemisferio izquierdo, el de la racionalidad, se para a analizar, merece la pena prestar atención a este código de señales. La opinión sobre una persona se forma en el primer minuto de conocerla, sin que intervenga ni la lógica, ni la razón.


 1) Lo que dicen algunos gestos

 El lenguaje de los gestos es muy revelador, es mas fácil interpretarlos en personas jóvenes porque con el paso de los años los gestos de los adultos se vuelven más elaborados, fijarse en los niños, es una excelente forma de comenzar a aprender este alfabeto básico y te ayudara a saber lo que significan algunos de los gestos más habituales.

—Cruzar los brazos: Denota una actitud defensiva.

 —Llevar la mano a la boca: Es decir una mentira.

—Acariciarse la barbilla: Es evaluar y decidir.

 —Comerse las uñas: Autocontrol

—Ponerse los dedos en la boca: Denota necesidad de seguridad, nerviosismo

 —Una sonrisa falsa: Engaño, traición, deslealtad

—Un lenguaje universal es la mirada de los ojos, si te miran a los tuyos fijamente: Denotan que no hay nada que esconder, es limpia la conversación, también denota dominio de la persona.

 —Si los ojos no sonríen y se muestran esquivos y La mirada es falsa: Denota engaño

—Cuando los pulgares asoman por el bolsillo: Expresan dominio y seguridad


 2) La armonía en la comunicación

 Es muy importante armonizar "lo que se dice", con "lo que se siente", con "lo que se expresa" y todo ello hacerlo muy consciente, mantener un equilibrio entre esos tres aspectos aumenta nuestras posibilidades de ser felices y de disfrutar de la vida. "Pensar una cosa", "decir lo contrario" y "expresar otra completamente diferente", nos atasca internamente, creando nudos emocionales que entorpecen el buen fluir de las relaciones. Si te acostumbras a reprimir tus sentimientos de "insatisfacción, de miedo o de tristeza", también puede que reprimas los sentimientos de "cariño o de alegría" cuando estés con tus seres queridos. El resultado de no comunicarte, es que te sumerges en un paisaje cada vez mas gris mientras intentas silenciar tu cuerpo, tarde o temprano llegará la factura en forma de dolencia. Existe una conexión entre mente y cuerpo, del mismo modo que hay una relación entre los mensajes corporales y las emociones reprimidas, saber más sobre el lenguaje del cuerpo puede ayudarnos a expresar lo que realmente quieres decir y sobre todo "a darte cuenta de, si es verdad lo que te están diciendo los otros". La boca puede mentir, pero el gesto del cuerpo que se hace en ese momento siempre revela "la verdad"




























LA COMUNICACIÓN Y SU COMPONENTE AFECTIVO: EL LENGUAJE NO VERBAL. Escrito en EL MASTER DEL GUAPO HACKER, de Xavier Valderas





EL PROCESO DE LA COMUNICACIÓN



Es un comportamiento humano mediante el cual se establece una relación entre personas. Este comportamiento complejo suele desarrollarse siguiendo un proceso que podría esquematizarse así:

1) Elementos de la comunicación 

Analizando el anterior esquema podemos deducir cuáles son los elementos básicos de la comunicación. Si tomamos como ejemplo lo que sucede en una emisión de radio, vemos que toda comunicación gira en torno a dos goznes fundamentales: el emisor y el receptor. El emisor es la persona o personas que desean comunicar algo: sus ideas. Para ello, utilizan un código que les permite poner las ideas en forma de mensaje. Una vez elaborado el mensaje, se elige un vehículo, medio o canal transmisor que lleva este mensaje hasta el receptor. El receptor que ha recibido un mensaje, lo primero que hace es descifrarlo, es decir, aplicar el mismo código que ha utilizado el emisor y traducirlo. De este modo capta la idea que le transmite el emisor. Acto seguido la interpreta haciéndose cargo de cuál es la intención del emisor, es decir, comprendiendo qué es lo que el emisor quiere que se haga. Por último, el receptor pone en práctica aquel deseo que le ha transmitido el emisor. Éstos son los pasos fundamentales de un proceso de comunicación. El emisor ha de estar atento al desarrollo de cada una de estas fases, puesto que de cada una de ellas puede obtener indicios de si el proceso va marchando bien, o si por el contrario, surgen problemas que puedan deteriorar la comunicación.



2) Objetivos de la comunicación

 La comunicación tiene sus propios objetivos que conviene distinguir. Cuando el emisor concibe una idea que quiere comunicar, ya tiene en su mente un objetivo: el comportamiento o actuación que busca en el receptor. Este objetivo general se concreta en otros tres más específicos. El primero es el objetivo inmediato, que se consigue cuando el receptor recibe el mensaje nítido, tal como sale del emisor. Busca, por tanto, la fidelidad en la transmisión. El segundo objetivo pretende que la interpretación del mensaje sea correcta y, por lo mismo, acorde con las ideas del emisor. Y el tercero, que es el objetivo final y más importante, consiste en que el comportamiento del receptor de un mensaje responda a lo que pretendía el emisor.

 3) Funcionamiento

 Algunas sugerencias respecto al funcionamiento de los elementos básicos de la comunicación pueden servirnos para que ésta sea más eficaz. Nos referimos sólo a aquellos elementos en los cuales más puede intervenir el emisor, que es quien organiza todo el proceso de comunicación.

4) El emisor

 — Dar por supuesto que el mensaje será distorsionado.

— Reducir cuanto sea posible el número de escalones.

 — Habituarse a planificar la comunicación.

 — Definir claramente los objetivos, tanto los intermedios como el final. Esto supone que el emisor tenga previstos los comportamientos que pretende el receptor.

— Buscar el feed-back del desarrollo de la comunicación en todos sus pasos, y obrar en consecuencia.

 — Antes de poner en marcha la comunicación, establecer los lazos de unión existente entre emisor y receptor, y montar sobre estos rodamientos el mensaje.

— Que no trate de impresionar a otros, porque esto basta para cortar toda posibilidad de comunicación.

 5) El mensaje 

— Que sea inteligible para el receptor.

— Terminología de referencia común.

— Que reclame la atención y el interés del receptor.

— Que sea fácil de descodificar e interpretar.

— Que su contenido sea pertinente y convincente.

 — Que produzca el máximo efecto posible.

6) El canal 

— Que sea el más adecuado:

—Al grupo o persona a quien se dirige.

—Al contenido del mensaje.

 —Al objetivo del emisor (eficacia).

— El más económico (no el más barato).

— El de mayor impacto.

— El que mejor domine el emisor.


7) Otro esquema de la comunicación 

Este esquema muestra un modelo algo más complicado de comunicación humana, donde se pone en juego una serie de factores que interactúan entre el emisor y el receptor de una forma dinámica y con una continua realimentación que mantiene el circuito activo. Los elementos que entran en juego en este esquema son:

— Actitudes. Las personas al comunicarse manifiestan actitudes e intereses tanto hacia el interlocutor o interlocutora, como hacia el tema de conversación; esas actitudes de alguna manera pueden llegar a contaminar o hacer como de filtro selector del contenido de la comunicación.


— Emociones. Las emociones enmascaran la comunicación y dificultan la escucha y hacen que las personas manifiesten un comportamiento un tanto irracional en los procesos de comunicación.

— Los papeles o roles. Cada uno de nosotros actúa en papeles distintos dentro de la vida cotidiana. Son diferentes los papeles desempeñados en el trabajo, en la familia o en un club deportivo. En torno a los diferentes papeles se crean expectativas de rol (los comportamientos y formas de comunicarse que se espera de las personas que ocupan esos puestos). Mantener las expectativas de rol, contribuye a que la comunicación vaya por los cauces apropiados y la distorsión sea menor.

— El comportamiento no verbal. Por medio de este tipo de comunicación a través del cuerpo, las personas manifiestan tanto sus actitudes como sus emociones y también los roles o papeles que desempeñan. Un factor de vital importancia que no aparece reflejado en el esquema, es la percepción o capacidad de percibir que alimenta el circuito de la comunicación. Para que exista una buena comunicación en doble sentido es fundamental una percepción aséptica y lo menos contaminada posible por actitudes y emociones, para ser capaces de comprender lo que nuestro interlocutor nos quiere decir y no lo que nosotros queremos oír o nos gustaría que nos dijera. Como ejemplo de la complejidad de la comunicación humana, la revista francesa La seniaine sociale lamy publicó en 1983 un hilarante ejemplo de comunicación escrita que, al pasar varios filtros, se va deformando:

  EXPERIENCIA DE EMPRESA Los misterios de la comunicación

Los hechos: El ingeniero ha pisado el rabo a un gato, y éste le ha mordido. 


— Acta del animador al jefe de sección: El ingeniero ha pisado el rabo a un gato y éste le ha mordido. Conclusión: el ingeniero está lesionado y no puede andar.

— Informe del jefe de sección al jefe de departamento: El imbécil del ingeniero ha pisado el rabo de un pacífico gato. Éste, con toda la razón del mundo, le ha mordido. Por lo tanto el ingeniero merece estar lesionado. Como no puede andar, es una ocasión óptima para despedirlo.

— Informe del jefe de departamento al jefe de división: Según el jefe de sección, tenemos un ingeniero un poco imbécil que sufre de los pies porque ha pisado el rabo a un gato, y éste a su vez le ha mordido. Según el jefe de sección, el gato lleva toda la razón. Compartimos la opinión del jefe de sección, ya que aunque le haya mordido, no es ésta una razón para ir pisando los rabos de los otros. Creemos conveniente despedir a ese sujeto.

— Informe del jefe de división al director de estudios: Según el jefe de departamento, el jefe de sección se ha vuelto imbécil porque uno de sus ingenieros no puede andar a resultas de un altercado con un gato. El jefe de sección pretende que es el gato el que lleva toda la razón ya que ha sido el ingeniero el que ha provocado al gato mordiéndole el rabo. El jefe de departamento quiere despedir al ingeniero. Pensándolo bien, esta decisión podría acabar en un pleito, y esto sería contraproducente para la empresa en el contexto actual. Creemos que es preferible sacarnos de encima al jefe de departamento.

 — Informe del director de estudios al PDG: El jefe de departamento se ha vuelto loco porque su jefe de sección ha aplastado el rabo de un ingeniero que ha mordido a su gato. El jefe de sección pretende que es el gato el que lleva razón. Es evidente que el jefe de sección es imbécil y que el jefe de división tiene ganas de despedirlo. De todas maneras, la experiencia nos ha demostrado que los imbéciles jamás han obstaculizado la marcha de la empresa. Por esto consideramos preferible deshacernos del jefe de departamento.

— Informe del PDG al consejo de administración: El director de estudios nos ha dado a conocer que un gato ha sido el origen de graves problemas en el seno de nuestra empresa. Los jefes de sección se vuelven más y más imbéciles. Se muerden la lengua andando y quieren que encima los jefes de departamento, que por otro lado se han vuelto locos, les den la razón. El jefe de división ha atropellado a un ingeniero y el director de estudios, traumatizado, pretende que sólo los imbéciles sean capaces de mantener la buena marcha de la empresa. Es más conveniente darle a éste la jubilación anticipada.

Moraleja: Comunicamos... lo que queremos Fuente: La semaine sociale lamy, n.° 175, de 16 de agosto de 1983.


 8) Barreras para la comunicación

Incluso cuando el receptor percibe el mensaje y realiza un claro esfuerzo para decodificarlo, hay varios factores que pueden interferir en la comprensión del mensaje. Estas interferencias se denominan barreras u obstáculos a la comunicación. Estas barreras pueden impedir totalmente la comunicación, filtrar parte de ella o"sólo" distorsionar el significado. Tres tipos de barreras son las más comunes: personales, físicas y semánticas. Vamos a analizarlas: Las barreras de tipo personal son interferencias originadas en emociones, valores y limitaciones. Constituyen el tipo más común de obstáculos en el ámbito laboral. Entre ellas se cuentan también las técnicas inadecuadas para escuchar y recibir un mensaje. Todos atravesamos etapas en las que los sentimientos personales limitan nuestras posibilidades comunicativas. En cuanto a las barreras físicas, digamos que son interferencias que se originan en el entorno. Ejemplos de barrera física: un ruido intenso, un ruido que distrae, la distancia entre los hablantes, las paredes, etc. Por último, las barreras semánticas se originan en interpretaciones erróneas de los símbolos y las convenciones que se utilizan en la comunicación. Es evidente que la comunicación verbal es la forma más común y más importante de la comunicación humana. Sin embargo, las palabras, frecuentemente, poseen tantos significados diferentes que conducen a interpretaciones distintas. Por ello, el emisor debe hacer todo lo que pueda para dar a su mensaje un sentido único, es decir, darle una forma que sólo admita una interpretación.

9) La comunicación en sentido único


Circula del emisor al receptor, sin retorno. Comunicaciones de este tipo son las órdenes, los carteles, las emisiones de TV, de radio, etc. Este tipo de comunicación presenta indudables ventajas:

—Es más rápida.

—Exige menos preparación.

—Requiere menos esfuerzo.

—El receptor se siente menos implicado y menos comprometido.

 —El receptor apenas necesita arriesgarse.

Pero también tiene sus inconvenientes: 

—El receptor puede actuar eligiendo el camino más cómodo para él, en perjuicio del objetivo.

—No hay posibilidad de pedir explicaciones que pueden ser convenientes.

—El receptor no puede aportar su punto de vista, que puede ser enriquecedor.

10) La comunicación en doble sentido


 Permite que exista un flujo continuo de relación mutua entre el emisor y el receptor en torno a los mensajes. Con ello, se aclara el significado de éstos, el receptor se siente más responsable, y se resuelven los problemas propios de la comunicación unidireccional. Hay, por tanto, menos probabilidades de que se distorsionen los mensajes y de que no se alcancen los objetivos. Estas son las principales ventajas. Los inconvenientes de la comunicación en doble sentido son:

—Que es más lenta.

—Que requiere mayor esfuerzo de preparación y dedicación por parte del emisor.

 11) Las órdenes de trabajo 


Las órdenes de trabajo constituyen un ejemplo típico de comunicación descendente y en sentido único. Para dar correctamente las órdenes conviene tener en cuenta:

—Tener bien claro lo que se pretende.

—Asegurarse de que el subordinado puede cumplir la orden y que es razonable que así lo haga.

—Dar instrucciones claras y concretas, explicando qué hay que hacer, quién, dónde, cuándo, cómo, por qué y con qué medios.

—Es aconsejable preparar y utilizar notas escritas.

 —Que el responsable de que una orden se reciba e interprete bien es el emisor. Hay cuatro tipos de errores que son frecuentes al dar las órdenes:

—Dar demasiadas simultáneamente.

—No asegurarse de que son comprendidas.

—Demasiados "noes".

—Dar una información inadecuada (por exceso o por defecto).

A pesar de todo esto, las órdenes son a veces mal interpretadas. Sólo estaremos seguros de que las captamos, interpretamos y cumpliremos puntualmente cuando seamos capaces de responder satisfactoriamente a estas preguntas: ¿qué tengo que hacer?, ¿cómo?, ¿para qué?, ¿cuándo?, ¿dónde?, ¿con qué medios?

 Luis PUCHOL (1993) recoge un conocido y popular ejemplo sobre comunicación verbal con numerosos escalones:

 EJEMPLO DE DEFORMACIÓN DE UN MENSAJE POR UTILIZAR UNA CADENA CON DEMASIADOS ESLABONES: El eclipse de sol

El coronel al comandante: Mañana por la mañana, a las 9:00, habrá un eclipse de sol, cosa que no ocurre todos los días. Dé la orden para que los hombres formen en el patio en traje de faena, para que contemplen este raro fenómeno que yo les explicaré. En caso de que llueva, no veremos nada, y por tanto los llevará al gimnasio. El comandante al capitán: Por orden del coronel, mañana a las 9:00 habrá un eclipse de sol; si llueve, no se podrá ver desde el patio y, por tanto, en traje de faena el eclipse de sol tendrá lugar en el gimnasio, lo cual no ocurre todos los días. El capitán al teniente: Por orden del coronel en traje de faena, mañana a las 9:00 de la mañana la inauguración del eclipse de sol tendrá lugar en el gimnasio. El coronel dará la orden de si debe llover, cosa que no ocurre todos los días. El teniente al sargento: Mañana a las 9:00, el coronel en traje de faena eclipsará el sol en el gimnasio, como ocurre todos los días cuando hace bueno; si llueve lo hará en el patio. El sargento al cabo: Mañana a las 9:00 el eclipse del coronel en traje de faena tendrá lugar a pleno sol. Si llueve en el gimnasio, algo que no ocurre todos los días, formaréis en el patio. Comentarios entre la tropa: Mañana si llueve, parece que el sol eclipsará al coronel en el gimnasio. Es una pena que esto no ocurra todos los días. 

12) Niveles de comunicación 

Llegados a este punto, conviene hacer una reflexión sobre los niveles de comunicación en que se mueven las personas en su interacción comunicativa, y para ello vamos a utilizar dos modelos de análisis de la comunicación: la "ventana de Joharí" y el "análisis transaccional". 

13) La “ventana de Joharí”


 La "ventana de Joharí" es un modelo útil para estudiar la comunicación y las relaciones interpersonales. Su nombre deriva de sus autores, Joe LUFT y Harry INGHAM. Según el esquema de la ventana de Joharí podemos considerar a la persona como dividida y compuesta por cuatro áreas. Naturalmente, el hombre es un todo y funciona como una unidad; la división en cuatro áreas propias de este esquema no tiene más función que la de facilitar el análisis. Descripción de las cuatro áreas: Hay zonas de nosotros mismos que nosotros conocemos (I y II) y áreas que desconocemos (III y IV). Y hay zonas que los otros a su vez conocen (I y III) y zonas que desconocen (II y IV). La zona I es, por lo tanto, conocida por mí y por el otro; la II sólo la conozco yo; la III sólo la conoce el otro, y la IV ni la conozco yo ni el otro. Al descubrir las cuatro zonas veremos que este "conocer" es un poco relativo. Tampoco son exactos los límites entre las cuatro zonas; hay contenidos que, aunque pertenezcan a una de las zonas o áreas, pueden "asomarse" a las otras.


Área 1: (yo abierto o área de libre actividad). Aquí incluimos todo lo que, tanto nosotros como lo demás conocen. Básicamente está allí todo un mundo de datos, temas, ideas que normalmente no tenemos por qué ocultar. Los demás lo conocen porque o es obvio (sexo, raza, ideas generalizadas en mi grupo) o porque yo lo comunico con facilidad casi en cualquier conversación casual. Por eso se llama también "área de libre actividad".

 — Área II: (yo oculto o evitado). Fundamentalmente aquí está todo el mundo de los sentimientos, "secretos", experiencias íntimas. En principio es algo que sólo nosotros conocemos y que comunicamos con dificultad. A veces, contenidos de esta zona los pasamos a la zona I y los comunicamos, pero no todo con la misma facilidad. Los sentimientos que con más facilidad comunicamos son los que no tienen nada que ver con la situación presente, aunque sean muy íntimos. Más nos cuesta comunicar los sentimientos relacionados con el "aquí, ahora y contigo" aunque sean muy triviales. Puede ser más fácil decir: "Odio a mi padre" que: "Tú me estás aburriendo ahora".

— Área III (yo ciego o desconcertante). Aquí está lo que los demás ven en nosotros y nosotros no lo vemos. Es la "impresión" que causamos en los demás. Lo comunicamos sobre todo a través de nuestras actitudes, signos no verbales, etc. Ejemplos de contenidos en esta área pueden ser: sentimientos de inferioridad, necesidad de controlar, etc.; algo que nosotros no vemos o no queremos ver porque no está de acuerdo con nuestra propia imagen, con lo que nosotros creemos que somos. Se llama también "yo desconcertante" porque cuando nos lo dicen "nos desconciertan" y tendemos a defendernos. Nuestros mecanismos de defensa se encargan de que no seamos conscientes de lo que hay aquí. Los mecanismos de defensa más frecuentes son los de negación ("yo no soy así") y racionalización ("yo no soy cobarde; lo que pasa es que soy prudente"). Pero lo que nuestras defensas no nos dejan ver lo ven los otros con más facilidad. —


Área IV: aquí está lo que podríamos llamar "el mundo de FREUD": instintos, motivaciones ocultas o inconscientes, conflictos profundos. Normalmente desconocemos todo esto, aunque no faltan a veces indicios que nos hacen sospechar su existencia. Las cuatro zonas están relacionadas entre sí: un cambio en una de ellas afecta a las otras. Si la I aumenta de tamaño, disminuye la II y probablemente se creará un clima que me permitirá conocer algo de la III, que también disminuirá de tamaño. Cuanto más pequeña sea la I, más pobre es la comunicación; cuanto más grande sea la I, a expensas de las otras, más nos conocemos, menos barreras tenemos y la comunicación y relación interpersonal es más madura.


Niveles de comunicación: A partir del esquema anterior podemos visualizar diversos niveles de comunicación. Imaginemos dos interlocutores, o dos personas que mantienen una relación interpersonal, cada una con su "ventana de Joharí":

— Nivel 1º (A) De yo abierto a yo abierto. La mayoría de nuestras relaciones interpersonales se dan a este nivel. En sí no es un nivel "pobre"; lo es si tiende a ser el único utilizado en nuestras relaciones interpersonales. Se prescinde del mundo de los sentimientos: ni reconocemos los nuestros ni nos hacemos eco de los del otro; sobre todo si están referidos al momento presente.


— Nivel 2º (B) Se da cuando deliberadamente comunicamos sentimientos o hacemos "confidencias" En este caso, contenidos de la zona II pasan al "yo abierto". Sobre la comunicación a este nivel podemos hacer tres observaciones:


a) La comunicación del área II no es fácil, sobre todo si se trata de sentimientos presentes. Este nivel solemos "censurarlo"; a veces porque nos cuesta reconocer y aceptar nuestros propios sentimientos; otras veces, porque no queremos llevar la relación a un nivel más íntimo, o creemos que no resulta "educado" o tenemos la incomprensión del otro, o tememos herirle, etc. Las "normas" sociales constituyen un fuerte elemento de censura. Sin embargo, como el área de los sentimientos es real, está ahí, el ignorarla o evitarla impide el crecimiento y madurez de la relación interpersonal. Muchos problemas interpersonales nunca se resuelven porque no se descubren los propios sentimientos. Las soluciones "lógicas" (en el nivel 1.°) no resultan porque dejan fuera, sin examinarlo, un elemento esencial de la situación.

 b) A veces nos comunican sentimientos pero con un lenguaje "emocionalmente neutro" cuyo verdadero significado no sabemos o no queremos captar. Este sería el caso del niño que dice a su padre: "Papá, cómprame una bicicleta; todos los niños de mi clase tienen bicicleta" y el padre responde: "Eso no es verdad" y cita casos concretos de niños de su clase que no tienen bicicleta. La respuesta puede ser lógica, pero quizás el padre no está captando un sentimiento de frustración, envidia o inferioridad del niño. La respuesta no le "vale" y no ha habido auténtica comunicación: se responde a las palabras, pero no a todo lo que se está comunicando. Muchas veces rehusamos conscientemente el darnos por enterados de los sentimientos del otro (ira, frustración, ternura, aburrimiento) porque no nos interesa: puede suponer revisar nuestras actitudes, cambiar, afrontar problemas. Pero el responder a un nivel distinto (me hablan al nivel B y respondo en el A porque es más seguro) impide el desarrollo de las relaciones interpersonales. Estamos ignorando un elemento que interfiere con la "lógica de las palabras".

c) El abrir el área II al otro, sobre todo, manifestando cómo nos sentimos frente a él, puede ser una manera de descubrirle lo que percibimos en su área III (yo ciego) con más posibilidades de que no sienta la necesidad de negar o defenderse y acepte los datos que podamos proporcionarle para más facilidad si lo ve oportuno. También es verdad a la inversa: el abrir nuestra área II facilita al otro el descubrirnos lo que ve en nuestro área III, y a nosotros nos predispone a aceptarlo con más objetividad y menos espíritu defensivo.


 — Nivel 3º (C) La comunicación a este nivel suele llamarse "contagio emocional" y tiene su importancia el reconocerlo. Un ejemplo típico sería cuando una persona se siente muy tensa frente a otra a la que a su vez hace sentirse tensa. Sin palabras referidas a un determinado sentimiento, los sentimientos de una persona pueden "entrar en contacto" con los sentimientos de la otra persona. Esto no encaja en el concepto vulgar de "comunicación" pero es de hecho una manera de relacionarnos y comunicarnos con los demás.

— Nivel 4º (D) Éste es un nivel constante de comunicación: desde nuestro "yo ciego" al "yo abierto" de los demás. Los demás reciben un mensaje sobre nosotros mismos que nosotros desconocemos o no queremos reconocer. Con frecuencia, cuando alguien dice algo sobre cualquier cosa, dice más sobre sí mismo que sobre esa cosa. Y esto es también frecuente cuando decimos algo sobre nosotros mismos. Un ejemplo sencillo es decir "no estoy nervioso" gritando o de manera agitada. Podremos estar convencidos de que no estamos nerviosos, pero para los demás es obvio que lo estamos y que lo estamos comunicando en ese momento. O podemos confesar que somos tolerantes y demócratas, mientras que los demás se sienten manejados u oprimidos por nosotros. Con nuestras actitudes, comportamientos y lenguaje no verbal decimos mucho sobre nosotros mismos sin que nos demos cuenta. El problema práctico que surge es cómo responder a ese tipo de comunicación. Lo más frecuente es devolverle al otro su imagen, tal como la hemos percibido, pero en forma de juicio o crítica de interpretación ("lo que te pasa es que eres un dominante", "¿no te das cuenta de que tu problema no es conmigo sino con...'?", "estás triste porque..." ). Todos estos juicios e interpretaciones tienden a revelar al otro su propio "yo ciego" que él no ve y nosotros sí creemos verlo. Pero este conocimiento "forzado" del área III suele despertar necesidad de justificación, defensa o contraataque. Buena parte de nuestras inútiles discusiones diarias están centradas aquí: en defendernos de las críticas e interpretaciones de los demás. Otras veces esta evaluación-interpretación puede ser aceptada como válida, sin necesidad de defensa, sobre todo, si se concede autoridad a la otra persona. En este caso existe el riesgo de que se cree una dependencia con respecto al "interpretador". Esto puede suceder en relaciones terapéuticas (con consejeros, psicólogos, etc.). Este es un punto en el que difieren a veces las diversas escuelas de psicoterapia. Por ejemplo, la interpretación es típica del psicoanálisis, y la no interpretación es típica de ROGERS. Este punto aquí es secundario porque la mayoría de nuestras relaciones no se da a un nivel terapéutico profesional, aunque cualquier relación interpersonal puede ser terapéutica. El cómo hacer ver al otro su "yo ciego" (o cómo responder a este nivel de comunicación) sin crear un clima defensivo debe ir más en la línea del nivel 2º. Es decir, la mejor respuesta a una comunicación de tipo D puede ser una respuesta de tipo B. Es la manera de que el otro descubra por sí mismo su propio "yo ciego". En nuestra respuesta a la impresión que el otro nos causa, hay que distinguir siempre entre el juicio, directo o indirecto, y la interpretación, que provoca defensa, y la manifestación de cómo nos sentimos afectados por sus palabras o conductas. Esta manifestación "no evaluativa" puede proporcionar datos "aceptables". Si son varias o muchas las personas que se sienten afectadas de la misma manera, hay más garantía de que los datos aportados sean válidos.




















EL PROCESO DE LA COMUNICACIÓN. Escrito en EL MASTER DEL GUAPO HACKER, de Xavier Valderas