BIENVENIDOS AL BLOG DEL GUAPO HACKER

Mostrando entradas con la etiqueta RESPONSABILIDAD SOCIAL CORPORATIVA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta RESPONSABILIDAD SOCIAL CORPORATIVA. Mostrar todas las entradas

lunes, 6 de agosto de 2012

REQUISITOS DEL BALANCE SOCIAL


En la concepción actual de «Balance Social» éste no se limita a la mera presentación de un informe con datos y cifras sobre aspectos sociales de la empresa o, más específicamente, en relación con el personal de la empresa. Por el contrario, hoy se concibe al Balance Social como un instrumento de gestión. Para ello, debe cumplir estos cinco requisitos:

— Que registre todos los valores de la empresa. 

En efecto, el Balance Social debe ser un instrumento que permita analizar todos los aspectos relevantes con trascendencia social de la empresa. La teoría de sistemas sostiene el principio de totalidad, según el cual todo análisis de una parte como porción individualizada y separada del todo falsea el conocimiento no sólo del todo, sino también de la propia parte. Para definir esos valores del modo más objetivo (intersubjetivo) posible es preciso que un equipo de expertos defina los valores e indicadores de forma colectiva. A partir de la lista de indicadores presentada por un experto, se actúa así: se pide a los demás expertos que expresen la aceptación de cada indicador poniendo una x, o el rechazo dejando en blanco la casilla correspondiente; también pueden añadir los indicadores que, en su opinión, faltan. La lista definitiva de indicadores se elaborará en base a aquellos que superen un porcentaje previamente establecido.

— Que incluyan opiniones. 

Muchos Balances Sociales ignoran por completo la dimensión subjetiva: el registro sistemático y metódico de la opinión de todos los ámbitos sociales relacionados con la empresa (clientes, accionistas, empleados, etc.). Sin este requisito, los Balances no son enteramente sociales: deben incluir no sólo hechos producidos, sino también opiniones vertidas. Mediante un cuestionario escrito, cerrado y estructurado, podemos recoger esas opiniones. Este cuestionario o encuesta debe reunir al menos estos requisitos:

 — Referirse a los mismos valores que la información objetiva.

— Ser representativo estadísticamente de uno o más ámbitos sociales de la empresa (trabajadores, accionistas, clientes).

 — Ser respondida anónimamente.

 — Estructurar las preguntas de forma cerrada y emplear escalas cuantitativas, de 0 a 100, igual que los indicadores objetivos. Así, ambas puntuaciones serán sumables y promediables.

— Permitir al encuestado salirse del cuestionario, si lo cree necesario.


El profesor Parra ofrece el siguiente cuadro con ejemplos de preguntas:

— Que homogenice las expresiones contables. Esto es necesario para que sean comparables y sumables, por ejemplo, las ventas realizadas (expresadas en unidades vendidas), los salarios pagados (en euros) y las vacaciones pagadas (en días), etc. Sólo de esa forma un valor de 70 en ventas significará un mayor nivel de eficacia que 60 en personal y menor que 80 en vacaciones. Así, todos los indicadores podrán integrarse directamente en un índice global. ¿Se siente usted integrado en la empresa?

 — Totalmente integrado

— Muy integrado

 — Bastante integrado

— Poco integrado

— No me siento integrado

— Dejaré la empresa en cuanto pueda

¿Cree usted que los resultados contables que presenta la empresa son los verdaderos?

Rigurosamente verdaderos

En lo fundamental,

verdaderos

Verdaderos sólo en parte

En lo fundamental, falsos

Totalmente falseados

100 80 60 40 20 0 100 75 50 25 0

— Que sirva como instrumento de gestión. El Balance Social, como cualquier Balance, refleja la labor realizada, y por ello debe servir para criticar la gestión empresarial. Por eso, si queremos emplearlo como herramientas de gestión, deberá registrar, al menos, estos hechos:

 — Las previsiones en cada uno de los indicadores, y de una forma cuantificada.

 — Las realizaciones, empleando esa misma escala cuantitativa.

— La desviación entre ambas.

— Las desviaciones totales en cada departamento y la desviación global de la empresa.

— La desviación en cada valor y en el conjunto axiológico de la empresa.

— Que pondere los indicadores.

En efecto, el Balance Social debe reflejar las prioridades de la empresa, para lo cual tiene que asignar un peso relativo, diferente en cada factor: así señala la empresa lo que es importante y lo que es menos importante en cada ejercicio económico. Con ello, queda dicho que esa ponderación vale para períodos determinados, pero deben revisarse en función de la política general de la empresa en cada ejercicio económico. Por otra parte, el carácter público o privado de la empresa es decisivo a la hora de la ponderación del Balance. ¿Quién debe hacer dicha ponderación? El órgano supremo de la empresa, a ser posible con asesoramiento y participación de los ámbitos sociales y unidades funcionales interesadas. Cada experto o participante asigna un peso a cada indicador y a continuación se promedia.

¿Con qué criterios se pueden ponderar los factores? Se suelen emplear cuatro:

— Ordinal: consiste en asignar un número a cada factor por orden decreciente de importancia.

 — Porcentual: se asigna (sobre un total de 100) un porcentaje a cada factor.

— Cualitativo: concede un peso 3, 2, 1 a cada factor, según su importancia; el peso 3 corresponde a la etiqueta cualitativa de «vital»; 2 a la de «importante»; 1 a la de «secundario».

— Cualitativo amplio: parecido al anterior, pero en una escala de 1 a 10: 1 - 3 = peso mínimo; 4- 7 = peso medio; 8 - 10 = peso máximo.

 El profesor Parra aconseja este último criterio «por resultar a la vez sencillo y discriminante» y nos ofrece el siguiente «peso relativo que pueden tener algunos indicadores en la empresa española de hoy»:

FRANCISCO PARRA LUNA

 POSIBLE PONDERACIÓN ESTRATÉGICA DE INDICADORES (OBJETIVOS Y SUBJETIVOS): 

— Indicadores de peso máximo (7 - 10):

 — Productividad (objetivo).

— Clima social (subjetivo).

— Atención al cliente (subjetivo).

— Diversificación (objetivo).

— Innovación (objetivo).

— Participación mensual en los beneficios (objetivo).

 — Creación de puestos de trabajo en nuevas empresas (objetivo).

 — Ventas (objetivo).

— Rendimiento del capital empleado (objetivo).

— Indicadores de peso medio (3 - 7):

— Chequeos médicos/personal (objetivo).

— Índice de contaminación (objetivo).

— Índice Gini de remuneraciones (objetivo).

— Grado de conformidad con la remuneración (subjetivo).

 — Indicadores de peso mínimo (1 - 3):

 — Excursiones culturales (participantes/personal).


PERSPECTIVAS FUTURAS, EN RELACIÓN CON EL BALANCE SOCIAL


El concepto mismo de «Balance Social» es ambiguo. Por eso se presta a una diversidad de enfoques. Pragmáticamente, y siguiendo a Eugenio Vela (El Balance Social de la Empresa), podemos clasificar los diversos enfoques de acuerdo con su posición respecto a estas cuestiones:

a) Finalidad del Balance Social

b) Destinatarios

c) Ámbito del análisis

d) Grado de cuantificación

e) Nivel de agregación

f) Responsabilidad de la elaboración

g) Metodología de aplicación Para cada una de estas cuestiones existen diferentes opciones posibles.

Además, algunas de ellas están estrechamente vinculadas entre sí de modo que la elección de una opción referente a una cuestión concreta determina en ciertos casos la adopción de otras relativas a otras cuestiones.

 a) Finalidad del Balance Social 

Responsabilidad de la elaboración. Esta cuestión se refiere a la pregunta ¿para qué se elabora el Balance Social? es decir, ¿qué se pretende conseguir con dicho balance? Si el objetivo final es evaluar la funci6n social de la empresa, los objetivos inmediatos pueden abrir una amplia gama de cuestiones que van desde la defensa de la empresa y de su actuación hasta la información veraz, la gestión, la planificación o la concertación.

 b) Destinatarios

 Es decir, ¿para quién se realiza el Balance Social? ¿A quién va dirigido? Según sean unos u otros, el contenido y la forma del Balance pueden ser muy distintos. Los posibles destinatarios pueden abarcar desde la alta dirección de la empresa hasta la sociedad en general pasando por los diversos partícipes sociales.

 c) Ámbito del análisis.

 Puede incluir desde un número reducido de indicadores sencillos relativos al interior de la empresa hasta un planteamiento exhaustivo y global que incluya no sólo los efectos internos y externos de la actividad de la empresa sino incluso los efectos socieconómicos sobre el conjunto de la sociedad.

d) Grado de cuantificación

 Desde un informe literario y descriptivo hasta unos estados contables sociales en términos monetarios cabe una multitud de posturas posibles. En general la tendencia es a cuantificar los aspectos cuantificables sin desdeñar aquellos otros que por su propia naturaleza (actitudes, comportamiento, opiniones, etc.) no lo son, pero cuya incidencia en el análisis global puede ser crucial.

e) Nivel de agregación.


Es ésta una cuestión poco relevante por el momento, excepto en holdings y empresas con varios centros de trabajo. Sin embargo la consecución de un grado mínimo de homogeneidad en el contenido de los Balances Sociales es imprescindible para una integración regional o sectorial e incluso para una comparación interempresas.

 f) Responsabilidad de la elaboración 

La elaboración del Balance Social, esto es, la selección de los aspectos a incluir y desarrollar, la adopción de indicadores, la recogida de los datos y el análisis de los resultados pueden efectuarse bien por la dirección de la empresa, bien mediante grupos de trabajo autónomos, bien por comisiones con participación efectiva de los trabajadores, etc. En los diversos casos, los resultados y la adecuación del Balance para la consecución de los objetivos pueden ser muy diferentes.

g) Metodología de aplicación 

La metodología a emplear es consecuencia de decisiones previas respecto a las cuestiones anteriores, pero a su vez aquélla condiciona algunos de éstos. Por metodología entendemos básicamente, en este contexto, el sistema de obtención de datos, la determinación de los aspectos clave, el desarrollo de una nomenclatura, la determinación de los indicadores a utilizar y el análisis de los resultados. Es obvio que este proyecto puede realizarse de múltiples formas y con grados de participación de los diversos grupos sociales interesados. De todas formas, conviene destacar que en Francia la Ley de 12 de julio de 1977 obliga a las empresas, privadas o públicas, de más de 750 asalariados a partir de 1979, y de 300 de 1982 a «establecer un Balance Social anual al nivel de cada empresa a partir de indicadores representativos de su situación social y de las condiciones de trabajo ».

Portugal es el segundo país europeo que por la Ley de 14 de noviembre de 1985 hace obligatorio el Balance Social de las empresas. En España, aunque el tema no se ha regulado legalmente, numerosas empresas («Entel», «Telefónica», «Caja Madrid», « Banco de Bilbao», «Renfe», etc.) publican anualmente un Balance Social que viene a ser una especie de conjunción de la memoria anual de actividades con los aspectos sociales más relevantes que de ella derivan. Pertenecen más bien a la categoría de informes sociales que a la de Balance Social. Para el futuro las perspectivas son claras: el Balance Social se impondrá paulatinamente y está próximo el día en que las empresas serán obligadas a presentar, junto con su Memoria anual, un estado contable de su actuación social, aunque todavía es prematuro saber la forma que adoptará. Esto implica una serie de consecuencias para la empresa en el momento actual.

— El Balance Social constituye un instrumento de información, gestión, planificación y control de gran utilidad para la dirección de la empresa y que pronto puede resultar indispensable.

— El Balance Social puede contribuir a modificar la imagen pública de la empresa, hoy deteriorada, facilitando su inserción en la sociedad.

— El Balance Social puede resultar imprescindible en las negociaciones entre los interlocutores sociales.

— La empresa asume importantes responsabilidades sociales cuyos costes son, en muchos casos, desconocidos. La contabilización de dichos costes alterará posiblemente los criterios de selección de inversiones, lo que redundará en importantes cambios en la gestión y objetivos de la empresa. Esto implicará, además, una integración de los aspectos sociales en la planificación estratégica de la empresa.

— Con la generalización del Balance Social, la empresa dispondrá de nuevas informaciones que afectarán a su política provisional. La gestión directiva, y los directivos mismos, serán enjuiciados en función no sólo de los resultados económicos sino también de los resultados sociales.

— La acción del Estado en el ámbito social puede no sólo circunscribirse al aspecto legislativo (obligatoriedad de elaborar Balances Sociales) sino que es previsible que las ayudas que conceda en forma de subvenciones, estímulos fiscales, etc., sean evaluados en base a criterios que midan la contribución social de la empresa (como ya se hace actualmente en Canadá).

— La divergencia entre los objetivos privados y colectivos en el seno de la empresa implica a nivel político dos posibles soluciones: el reforzamiento de los sistemas políticos para obligar a la coordinación de objetivos, con sus secuelas de centralización y agudización de tensiones sociales a largo plazo; o la transformación de la empresa en el sentido de asumir las aspiraciones sociales, lo que implica mayor descentralización, transparencia y participación.

— El Balance Social es un tema aún no bien definido. El salto a un nivel superior de formalización implica un proceso de experimentación que es urgente iniciar ya.

EL BALANCE SOCIAL INTEGRADO DE GESTIÓN (BASOIG):

Sostenemos la necesidad del Balance Social como un instrumento de gestión integrada, que sea capaz de integrar a todos los componentes de la empresa. En efecto, la empresa española actual está sufriendo la exacerbada competencia internacional. Para hacerla frente necesita imperiosamente contar con la colaboración de los trabajadores (arrinconando su tradicional oposición). Todos los miembros de la empresa deben laborar por un objetivo común; de hecho, los equipos socialmente integrados están en mejor posición para vencer las dificultades que aquellos cuyos componentes están divididos o incluso enfrentados. Éste es el gran reto actual de la empresa española: «actuar sobre la variable social de forma que sea factible una acción eficaz posterior sobre variables tecnológicas, financieras, etc.» (Francisco Parra Luna. El Balance Social de la Empresa como Instrumento de Gestión, Ediciones Deusto, 1989, pág. 8). Consideramos, pues, a la variable social como la variable matriz, mediante la cual la empresa española podrá hacer frente a los nuevos retos, consiguiendo adaptarse a las nuevas circunstancias del entorno socieconómico. Esta «adaptación» será el leitmotiv del BASOIG. En efecto, vivimos una época de importantes cambios, cada vez más rápidos. Por ello las empresas con más futuro son aquellas donde más se investigue. Y, por otra parte, los nuevos dirigentes se tienen que enfrentar cada vez más rápidamente a nuevos problemas. La noción de bienestar social apareció en Estados Unidos en los años 50 junto con el movimiento de los indicadores sociales. Como la tabla de salvación de una sociedad que había perdido la fe ciega en el economicismo a ultranza. La crisis de 1973 supuso la quiebra de la fe en el desarrollismo y la ruptura de la lógica continuista del progreso economicista. Se produjo una desaceleración económica; se cortó el flujo de inmigración de trabajadores parados; se comprobó que la mitad aproximadamente de esos parados eran jóvenes en busca de su primer empleo (muchos de ellos universitarios, cada vez más airados contra todas las estructuras sociopolíticas). Estas circunstancias pueden constreñir a las empresas a abandonar una política social que esté acorde con los cambios culturales para dedicarse únicamente a la obtención del beneficio que les permite sobrevivir. Del otro lado, las reivindicaciones de los trabajadores por la calidad del trabajo corren el peligro de quedar aletargados en épocas de paro laboral (en que el objetivo es encontrar trabajo). Parece, sin embargo, que la crisis se va superando, y con ello se abren crecientes expectativas para que las empresas se sientan más proclives al cambio de la estructura social de las mismas, así como para que los trabajadores se «atrevan» a exigir cambios en el funcionamiento de las empresas. Es en este marco general en el que incluimos el Balance Social: no como un simple informe sobre determinados aspectos sociales, sino como instrumento integrado de gestión que facilite un cambio en la concepción de los Recursos Humanos de la empresa considerándolos motor del saneamiento económico-financiero de la empresa.

Cambios importantes se han producido en las empresas japonesas en las últimas décadas. Por eso, desde los años 70 varios empresarios norteamericanos se han preguntado: ¿qué ocurre en las empresas japonesas para que se dé un grado tan elevado de desarrollo y de integración social? ¿qué es lo que les permite elevar incesantemente la productividad sin que se produzcan despidos masivos de trabajadores? ¿cómo consiguen la integración casi perfecta de los trabajadores en los objetivos de las empresas’? Según los propios empresarios japoneses, se supone que Japón atrae a numerosas delegaciones y comisiones de estudio extranjeras, porque han llegado a comprender que el éxito japonés en cuanto a su eficacia económica tras la crisis del petróleo de 1973, se debe en gran parte a las relaciones estables entre empresario,; y trabajadores en varios sectores industriales. Pues bien, de entre los principios de organización japoneses cuya viabilidad en Occidente parece más factible, cabe señalar:

a) La transparencia contable 

La honesta presentación de los resultados económicos ya ha sido adoptada por varias empresas norteamericanas («Hewlet-Packard», «Dayton- Hudson», «Intel», etc.). En base a esa honestidad han conformado una nueva ética de las relaciones laborales y sociales con los empleados. Por ejemplo: David Packard y William Hewlet promulgan siete principios, de los que citamos estos párrafos: «Obtener suficientes utilidades que financien el crecimiento de la empresa y que proporcionen los recursos que necesitamos para alcanzar el resto de nuestros objetivos corporativos.» «La política que ha prevalecido desde hace mucho tiempo ha sido la de reinvertir la mayor parte de nuestras utilidades y depender de ello, además de hacer uso de los fondos que provienen de las acciones que compran los empleados y de otros renglones de flujo de efectivo que nos permiten financiar nuestro desarrollo.» «El rendimiento cotidiano de cada individuo aumenta -o disminuye- nuestras utilidades. La rentabilidad es responsabilidad de todos.» «Permitir a la gente de “Hewlet-Packard” compartir el éxito de la compañía, puesto que son ellos quienes lo hacen posible; proporcionarles la seguridad de conservar su puesto con base en el rendimiento logrado; reconocer sus triunfos individuales: y asegurarse de que existe ese sentimiento de satisfacción personal que proviene del hecho de haber cumplido con la labor asignada.» «La empresa se ha estructurado en torno al individuo, a la dignidad de cada ser humano y al hecho de reconocer los logros personales.» «Queremos que la gente disfrute de lo que hace en “Hewlet-Packard” y que se sienta complacida en sus logros. Esto implica que nos cercioremos de que cada persona reciba el reconocimiento que necesita y merece. En suma, los individuos de todos los niveles determinan la naturaleza y pujanza de nuestra compañía.» «El cuerpo directivo debe cerciorarse de que cada empleado comprende los objetivos inmediatos, al igual que los objetivos corporativos y las políticas de la empresa. Así, pues, una responsabilidad total de la dirección general es la comunicación y la comprensión mutuas. Por el contrario, los empleados deben interesarse lo suficiente en su trabajo para que tengan deseos de planearlo, proponer nuevas soluciones a antiguos problemas y colaborar aun a riesgo de exponerse a un fracaso.» “La administración por objetivos”, en contraposición a la autocrática, ofrece la posibilidad de tener libertad individual y de cooperar, pero también les impone a todos la obligación de tener iniciativa y mostrarse entusiastas.»

 Y la « Dayton-Hudson» especifica los siguientes objetivos de la corporación: «Dar oportunidad a todos los subordinados -sin distinción de edad, raza, color, sexo, religión o procedencia- para que desarrollen todo su potencial a través de las experiencias educativas, de capacitación y de trabajo.» «Crear una atmósfera en la que pueda desarrollarse la iniciativa y la colaboración del personal, y en la cual se propicie un ambiente de confianza, creatividad y seguridad económica.» «Observar las normas legales, éticas y morales más elevadas.» «Uniformar las prácticas contables de acuerdo con el tipo de empresa.» «Dar a conocer de inmediato los resultados de la operación.» «La política de la corporación consiste en mantener los alineamientos más estrictos de dirección administrativa, ética y de responsabilidad social. Se espera que los empleados demuestren un alto grado de integridad y objetividad, y que se vean afectados por los intereses conflictivos que se presentan en todas las decisiones y acciones que repercuten en la corporación.»

La « Rockwell International», a su vez, hace hincapié en la participación en la toma de decisiones y en la adopción de estados administrativos progresivos; se marca estos objetivos, entre otros, para su futuro: «Necesidad de crear bases de información y de datos críticos». «Hacer hincapié en que la sinceridad y la confianza se relacionan con las buenas y malas noticias.» «Crear los foros adecuados para compartir la información entre los departamentos de línea y asesoría.» «Necesidad de promover el entendimiento, la comprensión y la participación en los objetivos comunes en todos los niveles de la organización.»




 Por último la «Intel Corporate» promulgó estos principios con vistas a la consecución de un nuevo estilo: «En todos los niveles de la corporación se promueve una confrontación constructiva abierta que se considera como un método para resolver y solucionar escollos. No se acepta ocultar los conflictos. Es sumamente reprobable adoptar una actividad política subrepticia.» «La administración debe ser ética. Ante todo, las decisiones y las acciones que se emprendan deben apegarse a los principios éticos. La dirección de la empresa ha comprobado que sus normas casuísticas están más allá de cualquier suspicacia; esto lo pone de manifiesto al enarbolar siempre la verdad y dar un trato justo a sus empleados. » «Todos los empleados tienen la intención de adoptar un comportamiento ético.»

Como señala Parra «dichos principios de honestidad, transparencia y verdad están en línea con las nuevas necesidades de un medio ambiente sociocultural más preparado y predispuesto a exigir mayores dosis de conocimiento y participación en las empresas. Los empresarios que no se den cuenta de estos cambios y sigan aferrados a sus prácticas oscurantistas están anclados a épocas pasadas, y sus empresas no tendrán probablemente viabilidad alguna a medio y largo plazo». Por ello es el empresario el que debe tomar la iniciativa para adaptar la empresa al nuevo marco cultural, laboral y fiscal.
FRANCISCO PARRA LUNA

b) Confianza mutua empresario-trabajador 

La transparencia en las decisiones y en los resultados económico-financieros de la empresa son la mejor base para esa confianza. Por el contrario, es típica de la empresa española la actitud enfrentada del empresario y del trabajador: ambos tirando de la misma cuerda en sentidos contrarios; el empresario buscando la máxima rentabilidad del capital invertido y aprovechando el poder y prestigio que da la posesión del capital; los trabajadores, por su parte, a falta de su participación en la empresa, intentando obtener los mayores ingresos trabajando lo mínimo. No parece que éste sea el camino... En semejante clima de desconfianza estructural es casi impensable un incremento de la productividad. Sin embargo, la evolución de la historia exige en la actualidad la asunción de principios organizativos más honestos, cooperativos y eficaces. 

c) Integración

 En las empresas japonesas, corno es sabido, se producen escasísimas huelgas; esto es lógico, pues en ellas prevalece la confianza mutua y la honestidad en las relaciones laborales (incluida la presentación periódica de los resultados económico-financieros). En esas condiciones, se produce la «integración» del trabajador en «su» empresa y la «cuasi renuncia a su propio interés en beneficio del interés grupal o colectivo de su empresa» Tal integración no es sino la consecuencia natural de la transparencia contable, de la confianza mutua y del convencimiento de que la empresa tiene un objetivo último: conseguir el máximo para la empresa, para sus accionistas y para los empleados (salarios, seguridad, satisfacción en el trabajo, futuro de los hijos, etc.). Panorama muy diferente es el que ofrecen las empresas occidentales en general, y españolas en particular... 




d) Participación en la gestión

 En las empresas japonesas, prácticamente todos los colectivos interesados participan en la gestión de la empresa. De diversas formas: desde el famoso «círculo de calidad » hasta las más importantes decisiones financieras. He aquí lo que sostiene el « Japan Productivity Center»:

— La mejora de la productividad se consigue a través de la cooperación y consulta mutua entre trabajo y dirección. Los objetivos de esta consulta trabajo-dirección y los caminos para su logro han de ser flexibles y en concordancia con los cambios del tiempo y del entorno. El trabajo y la gestión tienen sus propias posiciones y responsabilidades y su independencia mutua debe respetarse. Aunque existan conflictos potenciales entre ellos, la participación en objetivos comunes contribuye a la prosperidad de la sociedad como productora de bienes y servicios.

— Es importante promover el proceso de participación y llegar a un consenso en áreas tales como planificación empresarial, expansión en el extranjero, estabilidad del empleo, desarrollo del empleo, calidad de la vida laboral, conservación del medio ambiente, asuntos comunitarios y operaciones de las empresas filiales.



e) Productividad 

Sabido es que el absentismo laboral es mucho menor en las empresas japonesas que en las occidentales. Es lógico: si el trabajador nipón participa en la gestión de su empresa, si está psicológicamente integrado con ella, y si participa en los resultados económicos, lo que querrá es que la empresa no tenga pérdidas (que le afectarían a él tanto como al mismo director). Como consecuencia, se produce un aumento constante de la productividad, una mejora de la calidad de los productos, un ahorro en los costes y una cooperación espontánea. El problema, sin embargo, es éste: ¿quién romperá el círculo vicioso en las empresas occidentales? Sin duda el primer paso debe darlo el empresario, que es el que tiene el poder. «¿Desea que se acaben las huelgas, los conflictos, las negativas a la colaboración, las negociaciones problemáticas de convenios, etc.? ¿Desea que los asalariados se ofrezcan voluntariamente a hacer horas extras, aun sin cobrarlas, a renunciar a las vacaciones pagadas, si es necesario, a intentar mejorar continua y voluntariamente la calidad de productos y servicios, a vivir para el cliente y para el prestigio y futuro de la empresa, a sentir, en fin, todos los problemas de la empresa como suyos propios? ¿No le gustaría disponer de una plantilla cerrada sin fisuras alrededor de usted como capitán de la empresa?» La realidad, empero, no es tan clara como las respuestas a dichas preguntas..



Veamos un par de ejemplos recientes en Japón:

En Japón los directivos renuncian a sus bonus por los malos resultados de su empresa. He aquí : "Cerca de 40 directivos del gigante nipón de la tecnología Sony, entre ellos su presidente, han decidido renunciar a los bonos correspondientes al año fiscal 2012, al considerarse responsables de los pobres resultados cosechados durante el ejercicio":


, al igual que hace unos meses los miembros y diputados del Gobierno renunciaron a sus puestos y forzaron un adelanto electoral por incumplir un solo punto de su programa electoral, la subida de impuestos


Ejemplo que tendrían que tener las empresas españolas, pero ya sabemos que “Spain is diferent”, y más para asuntos empresariales, donde tanto empresarios como trabajadores, cada uno va exclusivamente para sus propios intereses, y casi ninguno está dispuesto a ceder o compartir.

 














PERSPECTIVAS FUTURAS, EN RELACIÓN CON EL BALANCE SOCIAL. Escrito en EL MASTER DEL GUAPO HACKER, de Xavier Valderas

LOS RATIOS SOCIALES


La «Asociation francaise des conseliers de direction», en un intento de evaluar la fundación social de la empresa, publicó en 1966 un libro con el bien expresivo título de «Los ratios sociales, ensayo sobre el clima social de las empresas». El punto de partida fue: si para el análisis económico-financiero de la empresa se emplean una serie de ratios ¿por qué no utilizarlos a la situación social de la empresa? Al fin y a la postre, los ratios son índices numéricos cuyo significado radica en comparar empresas o en comparar la evolución de una empresa en el tiempo. Eso sí, la comparación debe basarse en ratios generalmente aceptados, es decir, dotados de una cierta generalidad y también que sean significativos de la situación que pretenden expresar.

Con estas premisas, elaboró la citada Asociación un catálogo de ratios sociales relativos a cinco temas: remuneraciones, presencia de los trabajadores, futuro de los trabajadores, condiciones de trabajo, y acción sindical. Para cada una de estas cuestiones se formulan una serie de temas y éstos se especifican a través de un ratio principal y unos ratios secundarios. Los temas enunciados son:

— Remuneraciones.

— Remuneración real.

— Remuneración estatutaria.

— Ventajas sociales.

 — Cargas sociales.

 — Presencia de los trabajadores.

— Horario de trabajo.

— Trabajo nocturno.

 — Presencia continuada.

— Jornada continua.

— Descanso semanal.

 — Absentismo.

—Accidentes de trabajo.

 — Seguridad en el trabajo.

— Estabilidad laboral.

— Movimientos de personal.

— Rotación del personal.

—Antigüedad.

— Edad media.

— Trabajadores extranjeros.

— Personal interino.

— Futuro de los trabajadores.

— Promoción.

— Acceso a la función directiva.

— Empleados.

— Formación.

— Cualificación del personal.

— Jubilación.

— Escolarización infantil.

— Condiciones de trabajo (ventajas extrasalariales).

— Ayuda para viviendas.

— Actividades recreativas.

— Biblioteca.

— Tiempo de transporte.

— Largos proyectos.

 — Ayudas al transporte.

— Vacaciones.

— Acción de los trabajadores.

— Representación del personal.

— Afiliación sindical.

— Huelgas.

De una u otra forma, los ratios sociales son empleados necesariamente en cualquier intento de cuantificar la función social de la empresa. Sin embargo su utilidad es escasa a no ser que se encuadren en un modelo representativo y preciso de la realidad de la empresa. En cualquier caso, permanecen en pie las cuestiones esenciales: ¿quién define los ratios?, ¿quién elige los que son representativos y los que no?, ¿es que toda la actividad con impacto social de la empresa es cuantificable?, ¿es que no existen factores cualitativos que son decisivos?


LOS RATIOS SOCIALES. Escrito en EL MASTER DEL GUAPO HACKER, de Xavier Valderas

EL EXAMEN SOCIAL


Es un método parecido al anterior. Es una comparación interempresarial de los aspectos sociales internos de las empresas participantes. El método consiste en seleccionar una muestra de empresas (generalmente muy grandes) y aplicarles un cuestionario de 41 preguntas relativas a 12 ternas: Formación, Información, Promoción, Comités de Empresa, Alojamientos, Empleo, Remuneraciones, Situación de la Mujer, Condiciones de Trabajo, Accidentes de Trabajo, Conflictos Laborales, y Vida Sindical.

Un comité de expertos elabora las preguntas, que son enviadas tanto a las direcciones de las empresas como a los sindicatos. Con este método se consigue una comparación interempresas extraordinariamente valiosa. Además, al ser respondido el cuestionario por la dirección y por los sindicatos, proporciona un elemento de objetividad y credibilidad. Presenta el citado inconveniente de que elimina por completo la información sobre el impacto social exterior de la empresa. Se han publicado, con el mismo método, comparaciones internacionales entre 25 grandes empresas de 7 países (Suecia, Alemania, Francia, Estados Unidos, Italia, Japón y Gran Bretaña) y pertenecientes a cuatro grandes sectores de actividad (siderurgia, automóvil, transportes ferroviarios y banco).

Utilizando el mismo método, el «Servicio Sindical de Estadística» publicó en 1977 un estudio sobre la «gestión social en la gran empresa española» con el objetivo de «lograr algún conocimiento sobre la actividad que en el orden social llevan a cabo las empresas hacia sus propios trabajadores, al mismo tiempo que servir de base para mentalizar al empresario sobre «la necesidad de prestar atención no sólo a los resultados financieros sino también a la eficacia social». Se confeccionó al efecto una encuesta confidencial de 61 preguntas, que fue remitida a más de 700 empresas, industriales y de servicios, con más de 500 empleados. Respondieron 223 empresas cuyos empleados sumaban un total de 330.000. Las cuestiones propuestas se refieren a estos temas: Información entre empresas y trabajadores, Jurados de empresa y actividad sindical, Jornales, Empleo, Formación y promoción, Remuneraciones, Conflictividad, Previsión y Seguridad en el trabajo. Asistencia Social y Seguridad Social complementaria. Las respuestas resultaron poco representativas porque fueron emitidas sólo por los Presidentes de los Jurados de Empresa, sin intervención de los trabajadores. Sin embargo, arroja datos interesantes.

EL EXAMEN SOCIAL. EL EXAMEN SOCIAL



ENCUESTAS CUALITATIVAS DE PERSONAL


Éste es un enfoque mucho más cualitativo. Es el que han adoptado algunas empresas francesas. Suele citarse como paradigma a «Singer-France», que en 1972 publicó su primer Balance Social, con el expreso objetivo de «hacer la empresa más creíble a los ojos de su personal». Para conseguirlo, definió y analizó cuatro grandes campos: papel económico de la empresa, satisfacción del personal, papel social de la empresa y actitud ante el futuro; en cada uno de estos campos se establecieron una serie de criterios (preguntas) de evaluación. El método es sencillo: cada año los comités de empresa de cada filial de «Singer» son requeridos para evaluar en una escala de 0 a 20 cada una de las cuestiones (criterios) que se le plantean. Los apartados 1, 2 y 3 responden a las preguntas siguientes:

— ¿Le parece suficiente el beneficio para asegurar la vigencia y la expansión de la empresa?

 — ¿Son útiles para la Comunidad los productos y servicios entregados?, ¿pueden mejorar el medio ambiente de dicha Comunidad?

— ¿Acoge con facilidad la empresa las ideas nuevas y sugestiones?


Tan pragmático método presenta ventajas e inconvenientes. Algunas de sus ventajas son: 

— Es un instrumento útil para la gestión de la empresa.

— Los directivos conocen la opinión de los trabajadores sobre la actuación de la empresa en materia social.

— Las puntuaciones permiten a los directivos intuir el orden de prioridades sociales para el futuro.


 Entre sus inconvenientes, podemos mencionar:

 — Ausencia total de información procedente del medio en que radica la empresa.

— Los datos sobre los gastos hechos por la empresa en tal o cual campo son prácticamente inexistentes, por lo que es muy difícil saber con exactitud a qué se refieren las puntuaciones otorgadas.

— Su extremada sensibilidad al clima económico del momento: una recesión económica o una subida salarial pueden hacer cambiar radicalmente las puntuaciones. Ésta es su mayor debilidad.



ENCUESTAS CUALITATIVAS DE PERSONAL. Escrito en EL MASTER DEL GUAPO HACKER, de Xavier Valderas

LAS NUEVAS RESPONSABILIDADES SOCIALES DE LA EMPRESA


Cuando se intentan sistematizar, se las suele dividir según el ámbito donde se desarrollan en dos grupos: responsabilidades internas (las que se refieren a problemas que surgen en el seno de la propia empresa, y cuyo marco normal de negociación y de solución es la misma empresa) y responsabilidades externas a la empresa (las que hacen referencia a problemas externos a la empresa, tales como problemas generales de la sociedad).

Veamos algunos de los problemas.

 a) Problemas internos. 

Se refieren, entre otros, a:

— Las condiciones de trabajo (condiciones de seguridad, higiene, organización del trabajo, enriquecimiento de tareas, etc.).

 — La ordenación del tiempo en el trabajo (horarios, vacaciones, sistemas de control de asistencias, horas extraordinarias, etc.).

— La satisfacción en el trabajo (rotación en los puestos de trabajo, contenido del puesto, participación en su definición, participación en las decisiones, etc.).

— La política salarial (abanico salarial, nivel de salarios, sistemas de revisión, etc.).

 — La política de personal (sistemas de selección, de promoción, de formación, de desarrollo cultural, de vivienda, de pensiones, de jubilación, etc.).

— La información sobre la propia empresa (situación económica, planes de expansión, objetivos a corto, medio y largo plazo, políticas parciales, políticas de personal, etc.).

— La relación de la empresa con las organizaciones de trabajadores (actitud hacia los sindicatos y otras asociaciones, grado de participación de éstos, influencias en las decisiones empresariales, etc.).

 — La participación de los trabajadores en la empresa (forma de participación, grado, contenido, delegación de autoridad, estructura del poder en la empresa. etc.).


 b) Problemas externos a la empresa. 

Hacen referencia a problemas de la sociedad en general, entre los que podernos distinguir: problemas sociales y problemas económicos. Entre los problemas externos sociales suelen citarse: El impacto de la empresa sobre el entorno físico (contaminación, ruidos, desechos sólidos, absorción de elementos naturales, etc.). La influencia de la empresa sobre el entorno humano (alteración del urbanismo local, aglomeración, insuficiencia de transportes, congestión de la red viaria, etc.). Calidad de los bienes y servicios generados por la empresa. Influencia sobre los hábitos y costumbres (folclore, viviendas, servicios educativos, etc.). Influencia de la empresa sobre la estructura del empleo local. Por su parte, los problemas externos de carácter económico hacen alusión a la adecuación de la empresa a los objetivos económicos del país.

Se suelen señalar:

— La empresa y la exportación.

— La inversión en investigación.

— La elección de tecnologías.

— La elección de la actividad de la empresa.

— La generación de empleo y su estructura.

— La localización geográfica.

 — La determinación de la dimensión.

 Los factores externos de carácter económico no suelen incluirse en los Balances Sociales porque se suelen englobar en las técnicas del análisis coste-beneficio. Sin embargo, en un sistema de mercado imperfecto los precios de los productos y recursos no reflejan necesariamente el valor social de los mismos; por ejemplo, en las empresas públicas, cuya razón última de ser es servir a los intereses de la nación, por lo que hay que evaluarlas en función de su adecuación a los objetivos públicos encomendados.


Varias críticas se le han hecho a este ingenioso procedimiento: ABT es una empresa consultora relativamente pequeña, por lo que su modelo se complicaría infinitamente si se aplicara a empresas grandes y diversificadas. No revela (a veces puede incluso ocultar) los resultados de los programas sociales de una empresa; por ejemplo: las inversiones en hacer un aparcamiento o en publicaciones no significan necesariamente una mejora «social». Este informe es poco adecuado para ayudar a tomar decisiones, pareciendo más bien destinado al exterior de la empresa. Hay cuentas tan abstractas que son ininteligibles; por ejemplo: ¿qué significan «mejoras aportadas al medio ambiente»? y ¿«desigualdad de oportunidades de carrera »? En fin, el común denominador de este tipo de Balances es que presentan las actividades sociales de la empresa como que sobrepasan sus obligaciones, como una especie de mecenazgo. La verdad es que las empresas los presentan como una especie de escaparate, como un medio de publicidad. Son informes elaborados «desde arriba».


Más recientemente, las empresas estadounidenses tienden a incorporar la dimensión social en la planificación estratégica de la empresa, por entender que esa función social puede afectar a los resultados económico-financieros en cuantía tan importante o más que las innovaciones tecnológicas: esta tendencia intenta integrar los problemas sociales de la empresa dentro de su estrategia general con la convicción de que esta concepción resultará muy rentable para la empresa a largo plazo. Un nuevo factor se ha añadido: los organismos públicos de Estados Unidos cada vez intervienen más en trabajos teóricos sobre el tema, incluyendo intentos de normalización.



LAS NUEVAS RESPONSABILIDADES SOCIALES DE LA EMPRESA. Escrito en EL MASTER DEL GUAPO HACKER, de Xavier Valderas

LA RESPONSABILIDAD SOCIAL DE LA EMPRESA. EL BALANCE SOCIAL


Resulta obvio que la empresa moderna, a medida que ha ido desarrollándose, se ha convertido en una fuente de poder e influencia sobre el medio en que se desenvuelve. No sólo se ha convertido en la institución económica más importante, sino también en la mayor fuerza impulsora del cambio social. Pero no cabe duda de que la gran empresa es también responsable de problemas tales como la polución del aire y del agua, la especulación del suelo, la concentración industrial y urbana, etc. Estas actividades son consecuencia de la propia actividad empresarial y, a menudo, no son consideradas por los propios directivos de la empresa como de su incumbencia.


 El incremento de desarrollo económico y social exige una conjunción entre el beneficio empresarial y el bienestar humano y social. Desde el punto de vista histórico, la sociedad ha exigido que la empresa fuera eficiente en la obtención de bienes y servicios, es decir, que consiguiera una producción concreta con el menor empleo posible de recursos. Sin embargo, en la época actual, el ciudadano se interesa no sólo por el crecimiento del Producto Nacional, sino también por el contexto económico-social en que surge dicho producto. De esta forma, aparece una creciente preocupación, no sólo por los costes de producción, sino también por aquellos costes que no son soportados por la empresa y son trasladados a la colectividad en su conjunto. Por ejemplo, si una Papelera instala un avanzado sistema de depuración de residuos, incrementa sus costes por encima de los de la empresa que lanza sus residuos al exterior sin ningún tratamiento. El coste de la contaminación del medio ambiente incide, en el primer caso, sobre la empresa que utiliza mecanismos preventivos de la contaminación, y, en el segundo, la empresa traslada a la colectividad su responsabilidad. En estos casos se habla de costes sociales, es decir, de costes derivados de las actividades de un sujeto económico (empresa) que son soportados por la sociedad en su conjunto. La polémica surge cuando se trata de analizar el grado de responsabilidad de la empresa en el fenómeno.

Un estudio conocido del Comité para el Desarrollo Económico estima que existen tres círculos concéntricos que representan diferentes niveles de compromiso ante el problema. El círculo más estrecho incluye únicamente las responsabilidades básicas por el ejercicio eficiente de la función económica: producción, empleo y crecimiento económico. El círculo intermedio acompaña la responsabilidad del ejercicio de la función económica con una atención al cambio de valores y prioridades sociales: por ejemplo, respecto a la conservación del medio ambiente; relaciones laborales; y unas mayores expectativas de información a los consumidores, seriedad en los contratos y protección frente a los accidentes. El círculo más amplio se relaciona con nuevas y aún poco definidas responsabilidades que la empresa debe asumir para vincularse más activamente en el cambio del entorno social. La sociedad empieza a dirigirse a las grandes empresas en demanda de ayuda en problemas tan importantes como la pobreza y cuestiones urbanas. La realidad es que las empresas se debaten en la actualidad entre el enfoque restrictivo y el enfoque intermedio. El problema que se discute es si las empresas deben dedicar esfuerzos a programas dedicados a mejorar su entorno físico y social. Esta cuestión surge -como afirma Ackoff- únicamente cuando estas actividades suponen una reducción de los beneficios de la empresa, ya que en caso contrario la respuesta es afirmativa.
RUSSELL L. ACKOFF

Sobre esta cuestión se pueden distinguir las siguientes posturas:

 1º ENFOQUE NEGATIVO:


Se oponen a un incremento en la responsabilidad de la empresa y, también, a una mayor intervención estatal. Esta postura ha sido defendida por Milton Friedman: «Hay una y sólo una responsabilidad en las empresas: usar sus recursos en actividades dirigidas a incrementar sus beneficios lo máximo posible dentro de las reglas del juego, lo que supone comprometerse a una competencia libre y limpia exenta de engaños y fraude». 

2º ENFOQUE FAVORABLE:

 Frente a la postura anterior, los autores que defienden este enfoque estiman que un mayor compromiso de la empresa con la sociedad puede incrementar los beneficios a largo plazo, e incluso a corto plazo. Ello se justifica mediante razonamientos tales que como el accionista participa también del entorno, todo lo que vaya dirigido a su mejora reporta también unos beneficios para él. También se ha planteado el efecto favorable que estas medidas tienen respecto a la opinión pública, lo que se traducirá en unas mayores ventas y un incremento indirecto en los beneficios. La crítica que se puede realizar frente a estos planteamientos es que intentan justificar la actividad de la empresa mediante un incremento en los beneficios, incluso reconociendo la casi imposibilidad de su medición. El problema estriba en aceptar que la empresa persiga el objetivo de maximizar el beneficio, tanto para ella (beneficio del ejercicio) como para sus accionistas.

3º ENFOQUE INTERMEDIO: 

Los dos planteamientos anteriores se basan en el objetivo de maximizar el beneficio. Sin embargo, no todos los autores están de acuerdo en aceptar dicho objetivo. Los accionistas no son las únicas personas que intervienen en la empresa y autores como Igor Ansoff, establecen que la empresa debe obtener su objetivo como consecuencia de una negociación entre los intereses de sus componentes. Así, si el beneficio se relaciona con los accionistas, hay que buscar también cuáles son los intereses de los directivos, trabajadores, clientes, proveedores y comunidad social en donde está situada la empresa. Desde esta perspectiva, las acciones dirigidas a mejorar el medio ambiente van dirigidas hacia una de las partes interesadas en la empresa: la comunidad social. Por ello, estarían justificadas estas actividades al igual que las tendentes a mejorar las retribuciones de los accionistas, de los trabajadores, o a defender la calidad del producto que reciben los clientes. Se puede justificar la remuneración de los trabajadores en función del trabajo aportado, la de los accionistas en función del capital y, análogamente, la de la comunidad social en función del riesgo cada vez creciente que conllevan las actividades industriales sobre la comunidad social en que se ubican.

IGOR ANSOFF

Evidentemente, de los enfoques anteriormente expuestos es el primero el que tiene mayor aceptación en la práctica, siendo minoritarias las empresas que presentan un cierto compromiso con las repercusiones de sus actividades en la colectividad. Dentro de esta polémica, es importante destacar que al igual que la empresa traslada algunos costes hacia la colectividad, como antes exponíamos al aludir a los costes sociales, también percibe unas determinadas ventajas o economías externas procedentes de la sociedad. Efectivamente, la comunidad social proporciona reducciones de costes a la empresa al asegurarle unas dotaciones de infraestructura, unos servicios jurídicos, una población con un cierto grado de capacitación para desempeñar el trabajo, etc. En suma, un conjunto de economías externas que le permiten realizar de una manera más eficiente su actividad. La existencia de las economías externas aludidas puede ser otra vía para justificar una responsabilidad de la empresa respecto a la comunidad con la que se relaciona.

 Un instrumento utilizado por la empresa como medio de respuesta y de justificación de su responsabilidad social es la elaboración del llamado «balance social» o«informe social», documento de difícil definición, pero que intenta elaborar una información de base social, complementaria a la contenida en las cuentas anuales y memoria de fin de ejercicio. Este «balance» o «informe» pretende ser tanto un medio de información que permita un diálogo y entendimiento con los grupos económicos y sociales de su entorno, como a la vez ser un instrumento de relaciones públicas y de gestión para la empresa. En uno u otro caso, es claro que la empresa desea informar y darse a conocer a su medio social, a la vez que hacer balance de las aportaciones, de los programas, de los resultados, en definitiva, de las economías o deseconomías externas que produzca.

A partir de los años 60 se ha ido generalizando rápidamente la idea de que una visión excesivamente economicista de la sociedad ha creado altos y crecientes niveles de bienestar económico, pero ha ocasionado la degradación del medio natural, las deficiencias en servicios colectivos, la insuficiencia de la calidad, etc. Es decir, ha causado un coste social. De ahí que se hable de la responsabilidad social de la empresa, en cuanto que se considera que la industria privada y la pública deben corresponsabilizarse en la solución de los problemas socioeconómicos colectivos.


Y, en lo referente al papel de la empresa privada, se afirma que es su responsabilidad, entre otras:

— Fabricar productos de mayor calidad, más duraderos, más eficaces, eliminar cambios cualitativos innecesarios y daños al público.

— Dar mayor representatividad a los empleados y al público en general.

— Mantener una actitud moral respecto a acciones en otros países (armamento, imperialismo, etc.).

— Proteger el medio ambiente.

— Implicarse en el desarrollo de las áreas deprimidas procurando allanar desequilibrios regionales.

— Participar en la solución de problemas de pobreza y de igualdad de oportunidades.

Naturalmente, esta responsabilidad no debe ser interpretada como dedicación de la empresa a actividades filantrópicas, sino como asunción de que la empresa no puede permanecer ajena a los problemas, aspiraciones y valores de su entorno social. A esta actitud le llama John Humble («La responsabilidad social de la empresa») la doctrina del «ilustrado interés propio». Es la que concede a la empresa privada más posibilidades de supervivencia. Con ello se vuelve a la función tradicional de la empresa de producir bienes y servicios y generar beneficios. Esta responsabilidad social de la empresa ha sido claramente entendida por relevantes hombres de empresa. Como, por ejemplo, M. Learson, presidente de «IBM» para quien «en el futuro una empresa será juzgada tanto por su utilidad social como por su capacidad para generar beneficios». O como A. Clausen, presidente del «Bank of America», que opina que «al fin y al cabo nadie puede esperar recibir beneficios o utilizarlos provechosamente, si todo el tejido de la sociedad se esta deshilachando». O como Henry Ford II: «Las bases del contrato entre la industria y la sociedad están cambiando».



Tras admitir la responsabilidad social de la empresa, se plantea el problema de cómo evaluar dicha responsabilidad, cómo medir el grado y la amplitud de su compromiso social. Es así como aparece la noción de «Balance Social», primero en los Estados Unidos de América y se extiende rápidamente a Gran Bretaña, Alemania (social hilariz) y Francia (bilan social). Muestra de ese rápido crecimiento de la implantación del Balance en las empresas más progresistas del mundo son estos datos: entre las 500 mayores empresas americanas citadas en la revista «Fortune», al menos 239 publicaron algún documento de compromiso social en 1971, 286 en 1972, 298 en 1973 y 246 en 1974. En Alemania en 1977 unas 500 empresas realizaban algún tipo de Balance Social. En Francia más de 60 empresas con cotización en Bolsa presentaron en 1976 informes relativos a su actuación social. En España, «ENCE» ,«Metalúrgica Santa Aria», «Artespaña», el «Banco de Bilbao», «El Corte Inglés»,«el INI» y su grupo, «Caja Madrid», «Telefónica », etc., vienen publicando desde hace años Balances o Memorias Sociales. También las instituciones públicas e incluso algunos gobiernos se han ocupado de este tema. Por ejemplo: en Estados Unidos la « Securities and Exchange Comission» y la « National Accounting Association», y otras, han intentado normalizar contablemente «lo social».



En Holanda, Alemania y Francia está implantado legalmente el Balance Social de las empresas. En cualquier caso, el término «Balance» aplicado al ámbito social, es confuso y ambiguo por sus evidentes resonancias de la contabilidad económico-financiera tradicional de las empresas. En ésta, como es sabido, «Balance» es por definición, un informe, expresado en términos monetarios, sobre la situación de una empresa en un momento determinado; informe que se realiza siguiendo un plan contable basado en unos criterios de valoración previamente establecidos. El problema es éste: la noción de Balance económico-financiero ¿puede aplicarse al ámbito social? La respuesta es negativa. Aun así, la expresión «Balance Social» se ha consagrado en la práctica para señalar cualquier procedimiento evaluativo de las funciones sociales de la empresa. A la pregunta anterior hemos respondido negativamente porque:

— No existen unos principios generalmente aceptados de «contabilidad social».

— No hay unos criterios de valoración bien especificados, aplicables a la evaluación del impacto social de la empresa.

Más aún: ¿pueden existir? ¿Todos los factores sociales son cuantificables en términos monetarios? No existe un instrumento «social» semejante al Plan General Contable.


 A) NUEVOS VALORES SOCIALES 

En los últimos años se ha producido un creciente interés por el tema de la responsabilidad social de la empresa, tanto en los medios empresariales como en los académicos. Desde que en los años 60 nació en los países más avanzados (EE.UU., Japón, Alemania, Suecia. etc.) esta atención ha ido incrementándose; en la actualidad menudean las declaraciones de altos directivos de grandes empresas subrayando las funciones sociales de la empresa así como la necesidad de integrar la vertiente social en la actividad empresarial. Comienzan a surgir, además, intentos de sistematización y evaluación de la situación social de la empresa y del impacto de la empresa en la sociedad. El origen de esta preocupación no reside en actitudes moralistas o filantrópicas, sino en la presión social que desarrolla nuevos valores y que, aunque no cuestiona el sentido de la existencia de la empresa, sí se interroga por su finalidad, su actuación, su funcionamiento y su organización. Así es como se ha ido cambiando el concepto de empresa: de una concepción tradicional de la empresa entendida como unidad básica de producción económica (orientada, por tanto, al beneficio económico-contable) se ha ido pasando al concepto de empresa como unidad integrada en un entorno físico y social e inmersa en una comunidad de cuyos problemas y aspiraciones no puede abstraerse. Por cierto, también estas aspiraciones han evolucionado en los últimos años en los países más avanzados: de un énfasis en los aspectos cuantitativos del crecimiento se ha pasado (conforme altos niveles cuantitativos han ido siendo rebasados) a subrayar aspectos más cualitativos enfocados a la búsqueda de una mayor calidad de vida. Por eso hoy amplios grupos sociales comparten aspiraciones tales como: la conservación del medio ambiente y de los recursos naturales, la protección al consumidor, la igualdad de oportunidades, la redistribución de la renta y la riqueza, la participación en todos los ámbitos de la vida, la descentralización en las decisiones, la mejora de las condiciones de vida, el pleno empleo, etcétera. Pues bien, todas estas aspiraciones están estrechamente relacionadas con la empresa. Por eso, la presión social para lograrlas se dirige en buena medida hacia ella, como responsable en unos casos de su degradación y como presunto medio útil, en otros, para satisfacerlas.



B) RESPONSABILIDAD ¿ANTE QUIÉN? 

¿Quién demanda a la empresa las nuevas responsabilidades sociales? Se podría responder: «la sociedad» o «la comunidad». Pero ambos términos son demasiado ambiguos. Si recorremos brevemente la historia, podernos observar tres fases históricas que han respondido a ese interrogante de modo diferente:

— En la concepción clásica de la empresa, ésta sólo era responsable ante los accionistas (sus propietarios) de su gestión financiera y económica, y ante el Estado del cumplimiento de sus obligaciones legales en las áreas administrativa, fiscal y laboral.

— Posteriormente, los accionistas han ido perdiendo importancia paulatinamente como fiscalizadores de la gestión empresarial, al tiempo que aumentaba la del Estado, con una creciente complejidad de su actividad legislastiva y controladora.

Pero, sobre todo, fue surgiendo un nuevo agente social que exigía responsabilidades a la empresa: sus propios empleados. Los trabajadores han ido ampliando sus reivindicaciones: desde las puramente salariales hasta las condiciones de trabajo, desde las estrictamente informativas hasta la participación, desde la seguridad y la formación hasta la gestión y el cuestionamiento del poder.

— En la actualidad, a estos agentes básicos (accionistas, Estado y trabajadores) se han añadido otros: los consumidores, los clientes, las Comunidades Autónomas y la comunidad nacional.















++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++


ANEXO




VI Encuentro Nacional de Docentes Universitarios Católicos
Universidad y Nación: "Construir en la Verdad, la Justicia y la Amistad Social."

 

Área 2:                      PERSONA Y SOCIEDAD

TEMA:                     La Responsabilidad  Social Empresarial y la Información Contable:    una cuestión interdisciplinaria

AUTORA:                   CRA. STELLA MARIS DI MELFI
UNIVERSIDAD:          U.C.A. (C.A.B.A.)
UNIDAD:                     FACULTAD DE CIENCIAS ECONOMICAS


RESUMEN:
La responsabilidad social empresarial (RSE) es un concepto cada vez más mencionado dentro del ámbito empresarial. No tan nuevo en el mundo como sí lo es en la Argentina,  hace referencia a la contribución activa y voluntaria de las empresas al mejoramiento social, económico y ambiental para mejorar su situación y paliar los problemas de la comunidad que forma parte.
En la empresa, los objetivos económicos y sociales están inseparablemente unidos, por lo que  debe buscar integrarlos en su quehacer. Es en este punto donde la RSE alcanza su verdadera dimensión.
El intento más difundido de exponer y cuantificar el accionar de una empresa frente a la comunidad está representado en el Balance Social, sin embargo no existe una única definición de cómo debería ser un Balance Social.
 Disciplinas como la Etica, la Filosofía, la Economía entre otras, tienen una relación directa con los conceptos a incluir en el Balance Social. Pero es el Contador Público el que podrá, en base a normas y principios generalmente aceptados, determinar un Patrimonio Social de la empresa.
La profesión contable se haya frente al desafío de buscar la forma, a través de la cual, se incluya dentro de los Estados Contables, la información relativa al Balance Social, no como un Estado aparte, sino dentro de los Estados Contables propiamente dicho, mensurando el impacto de este activo intangible, que diferencia una sociedad de otra.





La responsabilidad social empresarial  y la Información Contable: una cuestión interdisciplinaria.


Con el correr del tiempo, y con mayor énfasis desde los años 60 a la actualidad, el tema de la responsabilidad social empresarial (RSE), fue creciendo en importancia en el ámbito empresarial.      El término RSE hace referencia a la contribución activa y voluntaria de las empresas al mejoramiento social, económico y ambiental con el objetivo de perfeccionar su situación y paliar los problemas de la comunidad de la que forma parte. La RSE puede enfocarse a mejorar la calidad de vida laboral, la calidad de vida de la comunidad donde está instalada la empresa, el medio ambiente, la ética empresarial, la comercialización responsable.

La empresa además de su objetivo económico, demostrado como fundamental, pero ahora no excluyente, de aumentar el valor para los accionistas, debe incorporar otro, el de la solidaridad, es decir que dentro de la estrategia del negocio, deben incluirse políticas que regulen la acción social con el objetivo de la solidaridad. El concepto de solidaridad abarca tanto al de justicia como el de bien común.

Santo Tomás de Aquino, en la Suma Teológica define Justicia como “…. el hábito según el cual uno, con constante y perpetua voluntad, da a cada uno su derecho”. Mientras que Jacques Maritain, en su libro “La persona y el bien común “,dice que el bien común...”es  la conveniente vida humana de la multitud, de una multitud de personas; su comunicación en el bien vivir. Es pues, común al todo y a las partes, sobre las cuales se difunde y que con él deben beneficiarse”.El desafío es claro: ya no basta a las empresas con tener objetivos y metas económico – financieras, es necesario incorporar a su accionar los conceptos de Justicia y  Bien Común.

Es evidente que las empresas en su accionar pueden contribuir a la mejora de muchos de estos problemas. Parece inviable pensar en un futuro mejor sin el compromiso cierto y sólido a contribuir a la edificación de este futuro para todos.

Las empresas deben aceptar este hecho y manejar la complejidad del cambio, asegurando la congruencia entre los objetivos económicos – financieros y los sociales. Se debe cuidar la dignidad y la sociabilidad de las personas tanto como las máquinas, los procesos y las estructuras organizativas. Esto, que evidentemente es un mandato moral y  ético, traerá aparejado mejoras en los resultados. Los empresarios deben entender que la maximización de las utilidades y la visión a largo plazo es tan importante como la supervivencia de la organización, y que para esto deberán incorporar dentro de sus objetivos, una verdadera acción de interrelación con la sociedad y el medio ambiente. Es allí donde podrán obtener un concepto más amplio que las meras  utilidades financieras.

Antecedentes en la Doctrina Social de la Iglesia:

Estos conceptos de bien común y justicia social subyacentes en el de RSE, son considerados directa o indirectamente en numerosos textos de la Iglesia. Sólo citaré algunos a modo de ejemplo:

Mater et Magistra .Juan XXIII. Mayo 1961: “La Cuestión Social a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia”:
”. Por lo demás, la misma evolución histórica pone de relieve, cada vez con mayor claridad, que es imposible una convivencia fecunda y bien ordenada sin la colaboración, en el campo económico, de los particulares y de los poderes públicos, colaboración que debe prestarse con un esfuerzo común y concorde, y en la cual ambas partes han de ajustar ese esfuerzo a las exigencias del bien común en armonía con los cambios que el tiempo y las costumbres imponen. (56.op cit).

…”Por consiguiente, es indispensable que también la iniciativa privada contribuya, en cuanto está de su parte, a establecer una regulación equitativa de la economía del país. Más aún, las autoridades, en virtud del principio de la función subsidiaria, tienen que favorecer y auxiliar a la iniciativa privada de tal manera, que sea ésta, en la medida que la realidad permita, la que continúe y concluya el desarrollo económico por ella iniciado.(152.op cit).

Gaudium et Spes – Concilio Vaticano II – 12/1965: “La Iglesia en el Mundo Actual”.
”Los cristianos que toman parte activa en el movimiento económico-social de nuestro tiempo y luchan por la justicia y caridad, convénzanse de que pueden contribuir mucho al bienestar de la humanidad y a la paz del mundo. Individual y colectivamente den ejemplo en este campo…”. (72.Op. cit).

Populorum Progressio – Pablo VI- 03/1967: “La necesidad de promover el desarrollo de los pueblos”.
… Pero cada uno de los hombres es miembro de la sociedad, pertenece a la humanidad entera. Y no es solamente este o aquel hombre sino que todos los hombres están llamados a este desarrollo pleno. Las civilizaciones nacen, crecen y mueren. Pero como las olas del mar en flujo de la marea van avanzando, cada una un poco más, en la arena de la playa, de la misma manera la humanidad avanza por el camino de la historia. Herederos de generaciones pasadas y beneficiándonos del trabajo de nuestros contemporáneos, estamos obligados para con todos y no podemos desinteresarnos de los que vendrán a aumentar todavía más el círculo de la familia humana. La solidaridad universal, que es un hecho y un beneficio para todos, es también un deber.” (17.Op.cit).

Laborens Excelsior. Juan Pablo II. Sept. 1981.: “El trabajo humano en el noventa aniversario de Rerum Novarum”.…”, hay que seguir preguntándose sobre el sujeto del trabajo y las condiciones en las que vive. Para realizar la justicia social en las diversas partes del mundo, en los distintos Países, y en las relaciones entre ellos, son siempre necesarios nuevos movimientos de solidaridad de los hombres del trabajo y de solidaridad con los hombres del trabajo… (Solidaridad de los hombres de trabajo. Op.cit).

Se pone así de manifiesto la constante preocupación de la Iglesia por la  justicia y el bien común, en todas las acciones humanas y sobre todo en las relacionadas al trabajo y la economía.

Respuesta del mundo empresarial.[1]
La responsabilidad social implica responder y actuar no solo de palabra, sino también en obras y conductas, alcanzando a todos los grupos humanos con los que la empresa está ligada y con el medio ambiente, dando respuestas efectivas al contexto político, social y económico.
La RSC presenta  argumentos a favor y en contra. Entre otros, podemos mencionar:

Argumentos a favor
§         Respuesta efectiva de los clientes.
§         Utilidades a largo plazo.
§         Atracción a inversores.
§         Compromiso y lealtad de los empleados.                            
§         Confianza y apoyo de la comunidad, buena imagen pública.
§         Cooperación con el cuidado del medio ambiente, tratando de contribuir a disminuir los efectos del cambio climático.

Argumentos en contra
§         Afectación de la maximización de las utilidades a corto plazo.
§         Dilución del propósito de productividad.
§         Mayores costos.
§         Aumento del poder de los empleados clientes, proveedores y de la comunidad.
§         Exigencias sociales crecientes.
§         Mezcla de los objetivos sociales con publicidad y marketing institucional.

Es indudable que los objetivos económicos y sociales, están inseparablemente unidos, por lo que la empresa debe buscar integrarlos armónicamente a su quehacer. Así asegurará su existencia, aumentará su productividad y permitirá el desarrollo humano de sus integrantes.
El  contexto actual está  influenciado entre otros muchos factores por:
·        Incertidumbre política y escasez de recursos.
·        Obsolescencia tecnológica.
·        Aumento de la pobreza y exclusión social.
·        Inseguridad jurídica y deterioro de las instituciones.
·        Inseguridad y violencia.
·        Aumento de residuos tóxicos y contaminación ambiental
·        Inestabilidad social y corrupción
·        Ruptura de contratos.

La esencia de la empresa debe ser el compromiso con sus objetivos económicos y sociales para lograr responsabilidad social y humana. La responsabilidad social es conseguir ambos propósitos.
Las organizaciones, en cumplimiento de mayores exigencias sociales, deberán:
·         Crear riqueza: la responsabilidad social no implica  empresas deficitarias o pobres, sino que busca que la producción de la misma no sea desmesurada. El beneficio económico no es el único indicador; el crecimiento en valores claves, como el capital intelectual, la posición en el mercado, la innovación, la diversificación, etc., son importantes. Esto no es desconocer que para existir se necesiten utilidades y que las mismas sean, dentro de este marco necesarias y convenientes. Así, la empresa puede asumir su rol social de muchas maneras sin perder de vista su función económica, otorgándoles una mejor posición competitiva y gerencial que le asegure sostenibilidad y presencia actual y futura.
·         Cumplir con la legislación vigente asumiendo  todo lo que corresponda según su actividad y jurisdicción.
·         Fomentar y poseer una dirección comprometida con la responsabilidad social: la dirección cuenta con varios medios para crear un clima de respeto hacia los valores sociales y hacia los legítimos intereses de los grupos interdependientes. Entre ellos se incluyen: manifestar un verdadero compromiso personal al máximo nivel con acciones concretas de preocupación social y organizar programas de formación para todos los miembros.
·         Contribuir a una justa   distribución de la riqueza.
·         Producir bienes y servicios útiles a la comunidad y  en condiciones justas: no producir  productos perjudiciales para la salud y para el desarrollo de la humanidad.  No aceptar contrataciones que impliquen incumplimiento de las leyes, no utilizar materiales o procesos que sean perjudiciales.
·         Respetar a las personas que trabajan en la misma. El hombre es imagen y semejanza de Dios y es digno por naturaleza, no hay trabajos que lo hagan más o menos dignos, ya lo es por su condición de tal. Es él quien dignifica al trabajo, y por ello no  debe  haber abusos, explotación o condiciones de  trabajo inhumanas. Se le debe pagar un salario justo por las tareas que realiza.
·         Procurar la supervivencia y  continuidad de la empresa en el tiempo. Es decir adaptarse para hacer frente a las condiciones y entorno cambiantes, de la manera más eficaz y eficiente posible. Se requieren estrategias que guíen el curso de acción, que  tengan un horizonte a largo plazo donde  confluyan metas económicas y sociales.
·         Cuidar el medio ambiente, evitando la contaminación y el mal uso de recursos, dañando la naturaleza. Usar  recursos materiales para maximizar sus utilidades en un juego competitivo limpio, con ética y respeto a la ley.
·         Colaborar con la comunidad lo que en un amplio sentido representa: facilitar el empleo y la actividad económica en la comunidad local; contribuir a mejorar el medio ambiente; publicitar la promoción de productos, servicios y valores que contribuyan al logro de un entorno social más humano; facilitar la integración en el trabajo de personas con capacidades diferentes (más allá de las exigencias reglamentarias), emigrantes y grupos sociales con dificultades de inserción laboral; facilitar ayuda a los proveedores para una mejor calidad de su servicio y una mayor profesionalización; facilitar asesoramiento y ayuda a la comunidad en materias que ésta precisa y la empresa dispone a través de sus conocimientos y medios; colaborar con la formación laboral con  prácticas de estudiantes.
·         Controlar y seguir las pautas establecidas. Es importante disponer en todo momento de criterios claros y transparentes de evaluación. Precisamente, ante las indefiniciones existentes y los difusos límites de su alcance, es imprescindible poder razonar y justificar las acciones emprendidas en pro del beneficio común.
·         Comunicar al público la actuación social.
En resumen la responsabilidad social debe ser entendida en estos  aspectos:
ü     Visión de futuro, no a corto plazo.
ü     Organización eficiente y productiva de los recursos y  beneficios en forma integral.
ü     Consideración e incorporación permanente de compromisos con el entorno social.

En este punto cabe hacer dos distinciones.

1.-La  responsabilidad social no debe confundirse  con la filantropía empresarial. La RSE instala la responsabilidad de la empresa en la propia actividad de la empresa. La filantropía empresarial se caracteriza por funcionar como algo aleatorio a la empresa, sin ningún vínculo estratégico con el negocio. Generalmente está regida por decisiones personales de los dueños, prescindiendo de la participación de la empresa misma. La filantropía es básicamente la acción social externa de la empresa, es una acción de ayuda puntual, de carácter netamente humanitario, motivada por principios altruistas.
El impacto de esta ayuda no está asociada al campo de las actividades de la empresa, no afecta al desempeño de la firma y no se pretende retorno como resultado de esa acción.
La filantropía está orientada a fundaciones, universidades, organizaciones de ayuda solidaria.
Por el contrario, la RSE es un modo de actuar, es una acción permanente, que tiene una dimensión interna como externa. Se orienta a todos los grupos de interés relacionados con la empresa. Busca tanto la rentabilidad propia del negocio y el equilibrio ambiental, como la sustentabilidad de la sociedad que le permita crecer y desarrollarse.

2.- La responsabilidad social no debe confundirse con marketing o mercadeo.

McKitterick dijo alguna vez que la principal tarea de la función del marketing, en un concepto o ámbito organizacional, no era tanto el ser hábil para lograr que el cliente haga aquello que favorezca los intereses de la organización, sino la de ser suficientemente hábil en concebir y luego lograr que la organización haga aquello que logre satisfacer los intereses del cliente.
El marketing parecería, entonces, una concepción organizacional bajo la cual el fin último de una organización no debería ser otro que el de lograr optimizar la satisfacción de las necesidades del entorno (mercado, sociedad, ambiente, organización). Con el correr del tiempo, y adaptándose a las nuevas circunstancias, aparece, más cercano a la RSE, el concepto de marketing social.
El marketing con causa social es un proceso en el cual una empresa adopta sus decisiones de marketing con un triple objetivo: interés empresarial, satisfacción del consumidor y el bienestar a largo plazo de éste y de la sociedad en su conjunto.[2].
Son acciones que desarrolla la empresa para lograr el compromiso de los consumidores con un determinado comportamiento de interés social y que favorece al mismo tiempo la posición o la imagen de la empresa en los mercados. Al adicionar a sus competencias básicas, un comportamiento ético y socialmente responsable, las empresas obtienen el respeto de las personas y comunidades que son impactadas por sus actividades, y reciben a cambio el reconocimiento de sus colaboradores, así como la preferencia de los consumidores.

APORTE DE LAS CIENCIAS ECONÓMICAS
BALANCE SOCIAL [3]

La RSE por la cantidad de factores e interesados que involucra, es tan compleja de valuar, que necesita de una labor interdisciplinaria de las ciencias. La psicología, la filosofía, la sociología, el derecho y las ciencias económicas no pueden estar ajenas a este fenómeno que llegó para quedarse.
Al hablar de las ciencias económicas aparecen enseguida términos como: capital social, presupuesto social, auditoría social,  balance social.  Me centraré brevemente en este último concepto.
El balance social se puede definir como la  herramienta de la política empresaria que permite evaluar cuantitativa y cualitativamente el cumplimiento de la responsabilidad social de la empresa en términos de activos y pasivos sociales en sus ámbitos interno y externo, durante un período determinado y frente a metas de desempeño definidas y aceptadas previamente, con fines de diagnóstico del clima laboral y social, información, planeamiento de su política social y concertación con los diversos sectores con los cuales la empresa se relaciona.
Consiste en reunir y sistematizar la información correspondiente a las dimensiones sociales de la empresa, realizando con objetividad y seriedad una descripción de los indicadores, así como una enumeración realista y rigurosa de las tareas realizadas por la institución en materia social.
Posibilita, de esta manera, su evaluación y el desarrollo de programas de acción afines.
Es una expresión de la dimensión social del quehacer empresario, mostrando datos –cuantitativos  o no- acerca del impacto de la relación de la empresa con su entorno y con sus grupos humanos interno y externo.
Recoge las áreas más relevantes de las relaciones entre empresa y sociedad, mostrando costos y beneficios de cada una de ellas y diferenciando las prestaciones que son impuestas directa o indirectamente por ley, de aquellas que materializan aportaciones voluntarias.
Permite confrontar los resultados alcanzados en materia social con los presupuestos previamente definidos, presentándolos en términos de déficit o superávit. A partir de esos resultados, facilita el planeamiento de la gestión y la elaboración de acuerdos o convenios entre partes.
Para la implementación eficaz de un Balance Social en la empresa, son requerimientos básicos: la existencia de una filosofía social, el convencimiento de la dirección y el compromiso corporativo.[4]
La demanda de información relacionada con la actividad social de las instituciones, requiriendo indicadores relacionados con los recursos naturales, el ecosistema, el desarrollo de la comunidad y otros aspectos sociales, es una tendencia irreversible que se relaciona directamente con el desenvolvimiento creciente de la civilización.
Para la determinación del capital social es necesario definir una estrategia dentro de la organización y cada año traducirla  en objetivos  concretos, cuantitativos o cualitativos, tratándolos de valorizar para que sean mensurables, comparables e incluirlos posteriormente  en los estados contables.
Establecer claramente la visión y misión de la compañía, el entorno ambiental, la comunidad, su personal, y en función de ello  determinar dónde se quiere llegar, qué se quiere hacer (estrategias) y en qué plazo,  es el punto de partida para la determinación del Capital Social.
Esquematizando  podemos decir que es necesario:
·        Definir claramente la visión, los valores y las estrategias y que éstos sean compartidos por todos.
·        Determinar dónde se está y dónde se quiere llegar, desde el puno de vista social.
·        Definir cómo se va a medir.
·        Elegir correctamente los indicadores, en tanto constituyen la mejor forma para  medir la creación de valor y ayudar a la dirección a tomar las medidas necesarias para conseguir los resultados propuestos,  corrigiendo los errores sobre la marcha.
·        Involucrar a todos en este emprendimiento. Para ello se deberá dotar al personal de recursos (tiempo) y herramientas (capacitación) que permitan alcanzar la implementación deseada.
·        Formar a cada empleado sobre  qué hace, por qué lo hace y cómo colabora para el logro de los fines de la organización, de manera que puedan actuar de forma proactiva, buscando constantemente en cada una de sus acciones la creación del valor “social”, sintiéndose integrado y comprometido con el ente.
·        Liderar la transición hacia la incorporación del capital social.
·        Ganar consenso respecto de la estrategia apuntada hacia el capital social.

Los requisitos  para la implementación son:
·        Activa participación y compromiso de la dirección.
·        Definición de la metodología de trabajo y de los objetivos.
·        Selección de parámetros.
·        Comunicación y divulgación.
·        Definición de los rendimientos esperados.
·        Adaptación de la información disponible de manera de traducirla a valores comparables  y medibles.

PROPUESTA DESDE LA CONTABILIDAD: UN PASO MÁS ALLÁ, UN DESAFÍO.

Tradicionalmente la información contable ha ido dirigida fundamentalmente a los accionistas, a los acreedores, y a los directivos de la misma, basada en un criterio de costo beneficio al principio, para luego enfocarse tras un criterio de utilidad.
La medición de la utilidad ha sido durante años uno de los principales objetivos de esta disciplina.
La empresa  se desarrolla e interactúa  con los trabajadores, los proveedores, los accionistas, los clientes, etc. Desenvuelve su accionar dentro del marco de la  sociedad, de tal manera que la empresa   necesita de la sociedad como destinatario primero de sus bienes y servicios y a su vez la  sociedad no puede prescindir  de ésta para satisfacer sus distintas necesidades
Es así como el abanico de los usuarios de la información contable se va ampliando considerablemente. Es la sociedad misma la que necesita saber no sólo la ganancia o pérdida en términos financieros que arroja una empresa, sino de qué manera dicho ente colabora o no con el crecimiento y las condiciones de vida  del entorno donde se desenvuelve.
La contabilidad  a lo largo de la 
historia se ha visto obligada a modificar y aumentar la información que suministra tratando de dar respuesta a los  que esperan de ella, que contribuya a mejorar y facilitar su posición a la hora de enfrentarse a una toma de decisiones. Si la contabilidad no suministra dichos datos se verán forzados a recurrir a otras vías informativas  para complementar su información y poder emitir un juicio global[5].

Estas exigencias conjuntamente con una demanda de una mejor calidad de vida exigen a la profesión contable que adicione  a la contabilidad tradicional, la presentación de un mayor y distinto volumen de información.

Al brindar información sobre el patrimonio de una empresa, debe admitirse que este patrimonio se encuentra compuesto de bienes tangibles e intangibles. La singularidad e importancia que los activos intangibles han ido adquiriendo dentro del concepto de valor de una empresa, dificulta o pone en juicio la representatividad de la información contable. Es por todo esto que se escuchan cada vez con más fuerza críticas a la contabilidad al no plasmar ,en la información que los estados contables suministran, datos sobre el valor de los activos intangibles no tradicionales.  Dentro de éstos podemos  ubicar a la RSE, ya que esta genera un valor de naturaleza intangible, difícil de constatar y transmitir, pero que contribuye a producir uno de los activos más codiciados de toda empresa como es su reputación.

La contabilidad debe dar a conocer la toma de conciencia acerca de la importancia de revelar, transparentar y exponer la “actitud social” de una institución, reflejando el impacto interno y/o externo a la misma.
La profesión contable se haya frente a un gran desafío: buscar la forma o mecanismo a través del cual se incluya dentro de los estados contables la información relativa a la responsabilidad social, juntamente con  aquellos otros intangibles que de alguna manera se constituyen en elemento diferenciador entre una empresa y otra.

Parecería que el problema se centra en la imposibilidad de la doctrina contable normativa de hallar en forma sistematizada, una definición, y posterior medición de los   rubros del activo y del pasivo social, y permitir la verificación de esa valuación.

El valor de la información que brinda una empresa sobre su RSE dependerá fundamentalmente de la credibilidad que ésta tenga. Para ello, entendemos que la labor del Contador Público puede ser fundamental. Pero para que esa tarea pueda desarrollarse adecuadamente, la doctrina contable, deberá abrevar en disciplinas tales como la Ética, la Filosofía, la Economía, la Psicología, la Sociología, Ingeniería Ambiental, como también de otras disciplinas del mismo campo de las Ciencias Económicas, como la Administración, los estudios de costos y las técnicas actuariales.
El tema esta abierto y el reto es grande pero apasionante.

BIBLIOGRAFÍA:
·         Jacques Maritain, La persona y el Bien Común. Club de Lectores
·         Doménech Melé, Alfredo Pastor y Juan Antonio Pérez López. La aportación de la Empresa a la sociedad. Ediciones Folio, Barcelona, 1997
·         Doménech Melé Carné, Etica en el gobierno de las organizaciones. Ediciones Universidad de Navarra. 1996
·         Tom Cannon. La responsabilidad social de la empresa. Ediciones Folio. Barcelona.1994
·         Pérez López, J.A. Fundamentos de la Dirección de empresas. Madrid. Riald. 1996
·         Fronte de Garcia, Inés. Contabilidad social y Ambiental. Publicaciones Universo Económico Nº 76.Congreso Profesional de Ciencias Económicas de la C.A.B.A. 2005
·         Diaz Inchicaqui, Miguel. La contabilidad social-origen y paradigmas. UNMSM Facultad de Ciencias Contables. Quipukamayoc. Peru.2003
·         Fernández Lorenzo , Liliana, Garcia Casella, Carlos, Geba, Norma Beatriz. Enfoque para una teoria general contable. Contabilidad patrimonial social como especialidades. Ponencia Libre. Conferencia Internacional de Ciencias Económicas. Budapest. Hungria. 1999
·         De Lara Bueno. La responsabilidad social de las empresas: implicaciones contables. Edisofer. Madrid 2003
·         Garcia Fronti, Ines. Responsabilidad social empresaria. Informes contables sobre su cumplimiento.Edicon.2006.
·         IDEA. “El Balance Social: un enfoque integral”. Octubre 2001
·         www.comnidar.org.ar
·         www.comunicarseweb.com.ar
·         www.empresasolidaria.gva.es
·         www.balancesocial.com
·         www.ideared.org
·         www.iarse.org



[1] Di Melfi, Raffaelli, Rodríguez: “La Responsabilidad Social Corporativa y la información contable” 10/2007 XXVII Conferencia Interamericana de Contabilidad. Santa Cruz de la Sierra- Bolivia

[2] KOTLER, Philip (1999), “ Dirección de Marketing”. Prentice Hall. 4ª edición. Impreso en España

[3] GALLEGO, Mery. El Balance Social como Herramienta de Auditoría Organizacional, Revista Universidad Eafit, 1999.

[4] Di Melfi, Raffaelli, Rodríguez: “Medición e Información de activos intangibles no tradicionales” 11/2005 1er.Congreso metropolitano de ciencias Económicas (C.A.B.A.)

[5] De Lara Bueno, Ma. Isabel. “El papel de la contabilidad ante la RSE




LA RESPONSABILIDAD SOCIAL DE LA EMPRESA. EL BALANCE SOCIAL. Escrito en EL MASTER DEL GUAPO HACKER, de Xavier Valderas