El trabajo hace posible la suficiencia material imprescindible, que no está asegurada de antemano y el hombre debe responsabilizarse para procurársela. La adquisición de recursos es conditio sine qua non y supuesto inexcusable para vivir que tiene su origen en el trabajo. Pero no todo lo que reporta el trabajo es material y recursos económicos y de otro tipo. Nuestra condición de personas nos mueve por otros derroteros más allá (de lo meramente tangible y material, y es el perfeccionamiento como individuos en busca de una mayor excelencia, plenitud y sabiduría, cualidades que tienen que ver con las potencialidades de la mente y del espíritu. El fin último del trabajo es el desarrollo de la propia perfección hasta alcanzar la mayor plenitud humana posible. «¡Trabaja! Si puedes, trabaja bien; en caso contrario... trabaja de todos modos.»
1) En la democracia actual
El mundo del trabajo constituye una de las claves de la vida política y ocupa un puesto relevante en la mente y en las preocupaciones del hombre en cualquier sociedad demócrata. El trabajo es valorado y apreciado por todos como el fundamento de la grandeza humana y el trabajador es respetado, estimado y considerado cada día más como ser humano digno y con pleno derecho. Hoy, una gran mayoría considera que el trabajo es el fundamento de la grandeza humana y ha elevado a la sociedad y a la humanidad al nivel actual de progreso. Seguramente, en nuestros días, el trabajo es el principal criterio de valoración para definir los méritos y derechos del hombre y hasta llega a admitirse la desigualdad de condición socioeconómica, si está fundamentada en el mérito personal adquirido mediante el esfuerzo y la constancia, a través del trabajo continuado y eficaz. «El pan más sabroso y la comodidad más agradable son los que se ganan con el propio sudor.»
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| SÉNECA |
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| ARISTÓTELES |
Hay que admitir que abundan las loas al trabajo y que son muchos más los defensores que los detractores. El lector observará que a la hora de hablar bien del trabajo, la mayoría de los escritores y pensadores lo identifican con la felicidad. «Sin trabajo no hay placer», llegan a decir. Otro grupo de autores le conceden el valor de capacitar al hombre para afrontar los problemas de la vida y hasta el dolor, como Cicerón cuando dice: «El trabajo nos endurece contra el dolor». Abundan los pensadores que le conceden el valor de potenciar y alentar otros valores, como Séneca: «El trabajo es el alimento de las almas nobles.» Algunos, como Voltaire, lo consideran el mejor antídoto contra los males del hombre: «El trabajo aleja al hombre de tres grandes males: el aburrimiento, el vicio y la penuria.» A otros, como Burton, el trabajo se les antoja un talisimán, una especie de varita mágica: «La actividad es el imán que atrae todas las cosas buenas».
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| MARCO TULIO CICERÓN |
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| SANTIAGO RUSIÑOL |
EL SENTIDO Y FIN DEL TRABAJO. Escrito en EL MASTER DEL GUAPO HACKER, de Xavier Valderas


































