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domingo, 29 de julio de 2012

TIPOS DE CULTURAS ORGANIZATIVAS


Las últimas investigaciones llevadas a cabo  por Rob Goffee, que se explican con más detalle en el libro The character of a corporation (Harper-Collins, 1998), indican que para analizar la cultura podemos utilizar dos tipos de relaciones sociales o, empleando una expresión cada vez más extendida, "arquitectura social". El primer tipo es la sociabilidad: las relaciones afectivas y no instrumentales que se dan entre los individuos que pueden considerarse mutuamente como amigos. Posee un valor intrínseco y suele mantenerse mediante el contacto permanente cara a cara durante el cual las personas se ayudan entre sí, sin realizar "pactos" previos. El otro tipo de relación es la de solidaridad, que permite describir la cooperación que se produce entre personas y grupos dispares. No depende de una amistad estrecha, ni siquiera de una relación personal; tampoco exige un mantenimiento continuo de la interacción cara a cara. Esta relación es instrumental, y surge cuando los individuos y los grupos perciben que existe un interés compartido y se da cuando surge una necesidad.



Por supuesto, la sociabilidad y la solidaridad se dan simultáneamente en numerosas organizaciones. La interacción social en el trabajo puede reflejar la sociabilidad de las amistades, la solidaridad de los compañeros, ambas a la vez o, en ocasiones, ninguna de ellas. Pero se puede decir que existen varias clases de relación mutua que generan cuatro tipos culturales distintos. La bibliografía anterior sobre la cultura organizativa ha estado proclamando la idea de que hay un modelo mejor que los demás; un ejemplo clásico de ello puede ser el libro de Tom Peters En busca de la excelencia. Pero probablemente no esté en lo cierto. Usted puede tener una organización con éxito en la que predomine uno de estos tipos culturales, siempre y cuando esta cultura encaje en su entorno empresarial y tenga en cuenta sus procesos empresariales críticos.


Esto significa que las agendas de RR.HH. de cada uno de estos tipos serán claramente diferentes. Vamos a profundizar en este aspecto examinando los cuatro tipos de organización y sus respectivas "obsesiones de RR.HH.".


1) La organización en red Alta sociabilidad, baja solidaridad. 

Ejemplos de organización de este tipo son Unilever, Heineken y Philips. Las ventajas de la alta sociabilidad son claras y numerosas. Muchos empleados afirman que es agradable trabajar en este ambiente. También estimula la creatividad porque fomenta el trabajo en equipo, el compartir información y el espíritu de apertura a nuevas ideas. Por último, anima a las personas a traspasar los límites de su trabajo si encuentran la manera de ayudar a sus compañeros. Pero también tiene sus inconvenientes. Se puede llegar a tolerar el bajo rendimiento: es difícil mantener disciplinado a alguien a quien se ve como un amigo. Además, los entornos muy sociables suelen caracterizarse por una preocupación exagerada por el consenso. Con el fin de garantizar la participación de todo el mundo, se busca el mejor compromiso, no necesariamente la mejor solución. O, lo que es peor, las organizaciones con una elevada sociabilidad pueden desarrollar camarillas políticas que "se salten" o perjudiquen a los procesos organizativos.


 Dada la importancia que tiene el mantenimiento de unas buenas relaciones sociales, las estrategias de remuneración de la organización en red siguen preocupadas por la equidad en lugar de por los sondeos de mercado o por ampliar el desfase existente entre las recompensas fijas y las variables. Se puede tener éxito con cualquiera de estos tipos de cultura, siempre y cuando dicha cultura encaje en su entorno empresarial y tenga en cuenta sus procesos empresariales críticos. Estas empresas intentan por encima de todo reclutar a personal afín, a personas con predisposición a gustarse entre sí. Y la formación se ocupa tanto de reforzar las normas compartidas como de desarrollar las habilidades de los empleados. Esto también se aplica a los procesos de desarrollo del liderazgo. Dado que dentro de esta cultura este aspecto requiere destacadas habilidades interpersonales -que en ocasiones incluyen, dado el carácter internacional de la empresa, la comunicación entre diversas culturas-el desarrollo de su liderazgo implica desplazar a los empleados, perfeccionando sus habilidades sociales y desarrollando su sensibilidad hacia otras culturas. Estas estrategias encajan bien con sus arquitecturas sociales subyacentes, algo que expresó certeramente un directivo de marketing de Heineken al confesarnos: "Por supuesto, ya sabe que lo que nosotros vendemos no es cerveza, sino sociabilidad emocional".


2) La organización mercenaria Alta solidaridad, baja sociabilidad.

 Ejemplos de ello son Citicorp, PepsiCo y Mars. Pocas empresas desean ser vistas como mercenarias. Sin embargo, una cultura en la que la regla número uno para la supervivencia se puede resumir en la expresión "ir a trabajar en Domingo" obtiene considerables beneficios, proporcionando a sus organizaciones un alto grado de orientación estratégica, una rápida respuesta ante las amenazas de la competencia y una elevada intolerancia ante el bajo rendimiento. Si la estrategia que subyace a este tipo de organización es suficientemente sólida, esta orientación puede ser despiadadamente eficaz. De hecho, gran parte de la bibliografía sobre "intenciones estratégicas" describe a estas organizaciones como el modelo ideal. Mientras que la cultura de red tiende a centrarse en la manera de conseguir los objetivos, la cultura mercenaria trata de que se hagan las cosas aquí y ahora. Se pueden emprender acciones inmediatas porque todas las personas involucradas comparten un mismo ideal: ganar.


Las organizaciones mercenarias se esfuerzan por conseguir esta meta externa fijándose a sí mismas objetivos internos concretos. No intentan "aumentar el nivel de retención de clientes", sino "aumentar en un 30% el nivel de retención de clientes". Si el factor clave para el éxito de una compañía se puede expresar en términos numéricos, esta claridad de objetivos es totalmente lógica desde el punto de vista competitivo. Pero, ¿qué sucede si la estrategia que se adopta es la equivocada? Entonces estas empresas pueden ir caminando perfectamente al borde del abismo, haciendo lo incorrecto de un modo extremadamente eficaz. Cuando las industrias atraviesan por un periodo de ambigüedad es cuando la cultura mercenaria puede desembocar en el suicidio corporativo. Pero hay otros inconvenientes. La cooperación sólo se da cuando existen ventajas claras e inmediatas para todas las personas y grupos implicados. Las llamadas a la cooperación en la organización mercenaria reciben por respuesta "¿Y yo qué voy a sacar con esto?" Por último, en estas compañías las funciones tienden a estar tan claramente definidas que pueden producirse constantemente conflictos mientras muchas veces las tareas críticas recaen en un terreno intermedio entre varias definiciones de puestos. Las estrategias de RR.HH. en las organizaciones con un elevado nivel de solidaridad se caracterizan por tener obsesiones diametralmente opuestas a las de las que muestran una alta sociabilidad. En primer lugar se encuentra la minuciosidad a la hora de medir el rendimiento. Las culturas mercenarias siempre están perfeccionando sus sistemas de medida y vinculándolos a los de recompensas. Ejemplo de ello es el programa "20-20-20" introducido por David Johnson, ex director ejecutivo de Campbell Soup.

 Estableció en la compañía el objetivo de conseguir un 20 por ciento de crecimiento anual en los ingresos, en la rentabilidad de los títulos y en la rentabilidad de los activos. Su mensaje era claro: "Si conseguimos el 20-20-20, vuestros bolsillos harán cling-cling-cling". Otros temas comunes de RR.HH. son la preocupación por el rigor en los procesos para eliminar "fracasos" y la búsqueda incesante de talentos que se puedan arrancar a la competencia. En estas culturas, la principal característica de los líderes es que son ganadores. El liderazgo se desarrolla a través de concursos y el área de RR.HH. prepara a los líderes y supervisa los resultados. Pero las culturas mercenarias por lo general son hostiles al aprendizaje complejo, puesto que requiere tiempo y supone compartir información, parte de la cual puede que no sea útil de forma inmediata. Tal vez el aspecto más peligroso de la cultura mercenaria es que las personas permanecen allí sólo mientras les conviene. Si la situación empieza a ponerse más difícil o si se les presenta una oferta mejor, los empleados e incluso departamentos enteros se marchan. Se convierten, en el más estricto sentido de la palabra, en mercenarios.


3) La organización fragmentada Baja sociabilidad, baja solidaridad. 

Entre ellas se incluyen algunas instituciones académicas (sobre todo escuelas de negocios), bufetes de abogados, consultorías, organizaciones virtuales y algunos periódicos. Esta modalidad se adecua más a las empresas en las que existen niveles reducidos de interdependencia dentro del proceso de trabajo. En estos sectores se es el mejor simplemente si se cuenta con los mejores individuos, aunque no cooperen mucho entre sí. Como consecuencia de esto, las estrategias de RR.HH. en este ámbito cultural muestran una tendencia obsesiva al reclutamiento y la retención de los mejores dentro del área en cuestión. Los profesionales de RR.HH. se convierten en expertos conocedores de los mejores especialistas en impuestos, en consultoría logística, etc. Por otra parte, con frecuencia se les asigna la difícil tarea de conseguir niveles mínimos de colaboración entre los cerebros inconformistas que ocupan cada fragmento de la cultura. Por último, las estrategias de RR.HH. se revelan un estado de preocupación permanente ante la ímproba tarea de desarrollar líderes para la organización. En realidad, estas culturas se caracterizan por contar con individuos que no desean ni ser jefes ni tampoco tenerlos, y menos aún representar a la organización adoptando un papel de liderazgo de cara al mundo exterior. Pero alguien tiene que ejercer esa función, y el profesional de RR.HH. debe encontrar a la persona adecuada.
 4) La organización comunitaria Alta sociabilidad, alta solidaridad. 

Ejemplos clásicos de este estilo son los de Hewlett- Packard, Johnson & Johnson y Electronic Arts. Se trata de organizaciones sociables, como las de red, pero con mucha más cohesión y orientación hacia un único objetivo. Así pues, a diferencia de los empleados de las culturas mercenarias, la gente no pregunta: "¿Y yo qué voy a sacar con esto?". La organización comunitaria está obsesionada por los valores compartidos, que en ocasiones se recogen en declaraciones de principios, como el credo de Johnson & Johnson o el sendero de Hewlett-Packard, o, lo que es más frecuente, se hallan fuertemente arraigadas en los procesos organizativos. La estrategia de RR.HH. trata de mantener los valores que confieren cohesión a la empresa. Ello origina una tendencia hacia los procesos inductivos, al reclutamiento minucioso basado en la compatibilidad de los valores y a la presentación de la organización al mercado laboral basada en sus valores clave. Sin embargo, dado que uno de los posibles peligros en las organizaciones comunitarias es el de creer que son infalibles, muchas veces los profesionales experimentados del área de RR.HH. tiene que actuar como guardianes y críticos de los valores. Deben ejemplificar la cultura corporativa y al mismo tiempo distanciarse de ella lo suficiente como para introducir cambios sutiles y estar en guardia frente a la autocomplacencia. En lo que respecta al liderazgo, el cometido del área de RR.HH. es siempre difícil. Las organizaciones comunitarias suelen ser caldo de cultivo de líderes visionarios, pero éstos tienden más a producir discípulos que sucesores.


Tal vez el mejor ejemplo de buena sucesión de liderazgo en este tipo de culturas sea el que reina en Hewlett- Packard. Sin embargo, las situaciones que se han dado en otras firmas, como Apple Computer y Island Records, indican que la retirada del líder fundador puede dar lugar a problemas de sucesión irresolubles. Las intervenciones de RR.HH. son más eficaces si se realizan en sintonía con la arquitectura social que subyace a la organización, pero sólo si esta arquitectura encaja con el entorno empresarial y los procesos clave de la compañía. Resulta fácil imaginar por qué puede ser tan difícil el cambio en las empresas cuyas culturas están tan fuertemente arraigadas. Los hábitos, valores e instintos de la organización pueden acabar ahogando hasta el proceso de cambio mejor intencionado. El cambio sólo podrá tener éxito si conocemos cuál es nuestro punto de partida y si después diseñamos intervenciones para obtener mayor sociabilidad o mayor solidaridad. Para incrementar la solidaridad es necesario reclutar a personas que sean compatibles entre sí y limar las diferencias jerárquicas que existan entre ellos. Un clima informal funcionará mejor si queremos que las personas desarrollen unas relaciones más estrechas. Los procesos de gestión deben fomentar el compartir ideas, intereses y emociones, al estilo del centro de gestión de Unilever. Los acontecimientos sociales, ya sean fiestas o excursiones, pasan de este modo a un primer plano. Finalmente, una organización más sociable debe demostrar que se preocupa por las personas que tienen problemas. Esto no implica ser "blando", sino simplemente guardar las buenas formas empresariales, si es ese el tipo de cultura que queremos obtener. La solidaridad exige otro tipo de requisitos. El deseo de ser un ganador tiene una importancia capital, por lo que las prácticas de RR.HH. deben centrarse en concienciar a los empleados sobre la competencia y en inculcarles un sentido de urgencia, con objetivos claros. Hay que fijar criterios exigentes y, para quienes no los cumplan, hacer frente al bajo rendimiento mediante cursos de formación o enseñándoles por dónde se va a la calle. Las personas deben cambiar periódicamente de su departamento, unidad de negocio o país a otro para que se sumerjan más en los objetivos de grupo. Por último, aunque no por ello menos importante, está el principio de que si las personas tienen éxito, hay que celebrarlo.


TIPOS DE CULTURAS ORGANIZATIVAS. Escrito en EL MASTER DEL GUAPO HACKER, de Xavier Valderas

LA CONFIGURACIÓN DE LA CULTURA EN EL PESO DE SU FUNDADOR



En el principio de toda organización encontramos siempre una o varias personas: el fundador o los fundadores. Su peso en la cultura organizativa es fundamental. Las razones son varias. En primer lugar, el fundador es una persona con una gran determinación. Le mueve un impulso. Todo su esfuerzo se centra en el logro de la idea o misión de la organización. Se rodea de varias personas que le asisten en su tarea fundacional, formando un grupo de trabajo bajo su guía.




A medida que se forma el grupo se desarrolla la cultura. El fundador infunde sus creencias al grupo, abarcando todas las esferas de la realidad: sobre la relación del hombre con la naturaleza, sobre la verdad, sobre la naturaleza humana, etc. Así surge la cultura organizativa.


El fundador inicia su presencia en la organización desde una posición de superioridad, disponiendo de una amplia base de poder. En el caso más favorable, dispone del poder económico - que permite imponer sanciones y conceder premios -, de la autoridad legítima para emitir directrices, del liderazgo del emprendedor y su poder de arrastre, y de la pericia del que conoce bien un campo de actividad económica. Por ello se sitúa en una posición privilegiada para influir en el grupo de colaboradores. El fundador tiene la última palabra en la organización, especialmente en la fase fundacional. Impone sus criterios, tras los cuales se ocultan sus creencias.


Schein distingue varias vías a través de las cuales el fundador y, en general, el líder, configura la cultura de la organización:

a) Las declaraciones oficiales sobre la filosofía de la organización, sus estatutos, el material utilizado en la selección, el reclutamiento y la socialización del personal.

 b) El diseño de las instalaciones, la distribución de las oficinas, las fachadas, etc.

c) Las enseñanzas e instrucciones impartidas por el líder.

d) Los sistemas para la asignación de premios y de status: antigüedad, arrojo, lealtad, etc.

e) Las historias, las leyendas y las anécdotas sobre el fundador y otras personas claves.

 f) Las cosas a las que el líder presta atención, mide y controla: la calidad, la puntualidad, la imagen, el trato, la colaboración, etc.

g) El modo en que el líder reacciona ante las situaciones críticas, puesto que en esas situaciones afloran las creencias más profundas del mismo.

 h) El diseño de la estructura organizativa: teletrabajo, centralización o descentralización, etc.

i) Los sistemas y procedimientos de organización: los sistemas de información, el contenido de la información, la periodicidad, los destinatarios, etc.

 j) Los criterios para el reclutamiento, la selección, la promoción, el despido, etc.


El sistema de creencias del fundador está estrechamente ligado a la estructura de su personalidad. Muchos fundadores tienen personalidades que combinan cualidades extraordinariamente valiosas - determinación, creatividad, arrojo, etc. - y pequeñas o grandes deformaciones psicológicas.


Este aspecto ha sido estudiado por Kets de Vries y Millar, que han distinguido cinco tipos de personalidad, con las siguientes características:

Paranoide: Suspicacia y desconfianza en los demás, siempre alerta ante los peligros, vigilancia policial sobre quien le rodea.

Compulsivo: Perfeccionismo, preocupación excesiva por los detalles, falta de espontaneidad, meticulosidad, dogmatismo.

— Dramático: Histrionismo, exceso de emociones, narcisismo, necesidad de acción, precipitación, desorganización.

 — Depresivo: Sentimiento de culpabilidad, pasividad fatalista, excesivo conservadurismo, preferencia por estructuras burocráticas, lentitud de las decisiones, falta de motivación.

— Esquizoide: Distanciamiento, ausencia de entusiasmo, falta de interés por las cosas, insensible ante el elogio y la crítica, vacío de autoridad.




LA CONFIGURACIÓN DE LA CULTURA EN EL PESO DE SU FUNDADOR. Escrito en EL MASTER DEL GUAPO HACKER, de Xavier Valderas




EL PROCESO DE FORMACIÓN DE UN GRUPO


Los grupos tienen diferentes fases por las que transita desde el mismo inicio de su formación, estas fases ilustradas en un gráfico que, desde la óptica de este trabajo se pueden ver de la siguiente manera: En cada una de estas fases los grupos cuentan con diferentes características que permite identificar por el estadio que atraviesa. La primera de las fases es la individualista en donde podemos encontrar un grupo difuso, centrado en el líder que actúa como elemento de unión. En esta fase de formación del grupo es donde comienza el establecimiento de nuevas relaciones dentro de la nueva organización que se está creando. Se hace necesario vencer las individualidades, la lucha por la inclusión, el poder y la influencia, la aceptación e intimidad, identidad y papel, para que cada miembro pueda comprender el por qué se ha formado el grupo. La mayoría de las veces esta etapa transcurre en una atmósfera de desconfianza y adversidad y existe gran rechazo al compartimento de la información, todo condicionado por un alto grado de incertidumbre.


En esta fase se debe comenzar a trabajar sobre una serie de fases que facilitan el posterior tránsito por las otras etapas hasta constituirse como grupo real. Estas fases son:

— Comenzar a crear un clima de grupo positivo,

— Tratar de establecer la misión del grupo,

— Determinación en el menor tiempo posible el qué hacer y el quién lo va a hacer,

— Fomentar el sentido de interdependencia de los miembros,

— Identificar los riesgos.

Estos elementos deben repasarse en cada una de las etapas posteriores. La segunda fase es la denominada de identificación el grupo característico de esta fase es un grupo asociativo en el que las personas que lo forman acaban de entender que forman un grupo en el cual todos se estiman y en donde se comienza a alcanzar una armonía en las relaciones grupales, aunque las interacciones grupales no son fuertes aún. Esta es una etapa en la que los conflictos personales llevan al esclarecimiento de los roles, tareas, responsabilidades y expectativas. Los debates, conflictos y hostilidades van dando lugar a la identificación del grupo, y esta es alcanzada por la preocupación por la armonía y el interés por salvar esos mismos conflictos, así como la esperanza de formar el grupo ideal.


La tercera fase la llamamos de integración en donde encontramos a un grupo cooperativo, que ya ha aceptado su estructura grupal, preocupado por sus metas, su rendimiento y fundamentalmente por la conservación del grupo al que pertenecen. Los miembros se sienten bien en su ambiente de grupo y perciben que su resultado tiene un propósito y un valor, de ahí la preocupación por los rendimientos y el trabajo en equipo. Se hace una exhibición de cohesión por el gran acercamiento de todos los miembros al equipo para cooperar intercambiando ideas, tratando de aportar lo mejor de sí y tratando de discutir las discrepancias que se presentan. La fase cuarta denominada de madurez y estabilización hace gala de un equipo maduro y autodirigido el cual se ha denominado colaborador en él sus miembros juegan sus verdaderos roles. El trabajo que se realiza es caracterizado como cooperativo y colaborativo. Se puede observar una alta cohesión entre los integrantes del equipo. Es en esta etapa en donde se manifiestan plenamente las ventajas del trabajo en grupo:

 (1) recursos incrementados (mayor conocimiento e información),

(2) mayor número de acercamientos a un problema (mayor cantidad de enfoques),

 (3) hay una mayor aceptación de las decisiones,

(4) mejor comprensión de las decisiones,

(5) incremento del estímulo al esfuerzo mental (hay más atención sobre ese grupo ya que va a generar soluciones avanzadas),

(6) combinan diferentes habilidades de procesamiento de información, unos elementos del grupo poseen la información, pero no saben como usarla, otros miembros son hábiles para extraer información relevante de los otros, otros son hábiles al examinar analíticamente la información y las alternativas para la decisión, y otros son hábiles en extraer grandes ideas de informaciones que en ocasiones parecen que no están relacionadas con lo que se discute. Además se pueden palpar los elementos que hacen exitoso el trabajo del grupo:

(1) cuentan con una misión para trabajar juntos,

(2) gran sentido de interdependencia y reconocimiento de la necesidad de una variedad de habilidades representada por una colección de "jugadores",

 (3) comprometimiento y búsqueda de concertación,

(4) alto sentido de responsabilidad y unidad de funcionamiento.


Una quinta fase por la que atraviesan los grupos es la llamada centrada en grupo o grupocéntrica. Los grupos característicos de esta fase los hemos denominado fortaleza sitiada. Esta es una fase de idilio grupal en la que sus miembros se censuran aún sus propias ideas y minimizan su importancia. El individuo supervalora las características y posibilidades del grupo y en ocasiones se siente supeditado a él observándolo como algo superior e infalible. El grupo se convierte en la máxima unidad de confianza de los individuos, y este se transforma en una sala de espejos en los que los miembros se miran, como en un espejo, en los demás miembros que le sirven de esquema de referencia. Las opiniones de unos son aceptadas por cada miembro como si fueran las suyas propias. Existe tanta preocupación por el trabajo en equipo más que por la organización y la real consecución de las soluciones que esto trae como consecuencia una pobre comunicación que estimula la supresión de información que en un momento dado puede resultar importante a los efectos de los problemas que se resuelven o de la actividad que se está llevando a cabo.


 En esta etapa hace aparición un fenómeno muy importante y que se le ha denominado (CHAPMAN, "Management for Engineers" ) pensamiento de grupo el cual se caracteriza por una resonancia de ideas entre los miembros del grupo, para los cuales el grupo es ya la máxima expresión de confianza para los individuos que los integran. Entiéndase por pensamiento de grupo no el que surge de las ideas de todos los miembros del grupo en pos de lograr una solución participativa. Este pensamiento grupal es la aceptación de una idea aunque no sea la mejor, solo tiene que provenir del grupo, que muchas veces se iguala a una o varias personas que son consideradas como las más capacitadas dentro del equipo. El pensamiento de grupo, como se decía anteriormente, se presenta en esta etapa ya que las condiciones para su surgimiento están dadas precisamente en este estadio del grupo, en el cual sus integrantes están presos de una alta estimación por sus compañeros de grupo, manifestándose una alta cohesión entre ellos, el grupo se ha alejado de las influencias exteriores y deja como tal de ser un sistema para convertirse en una fortaleza sitiada en la que surge un fuerte hábito entre sus miembros que radica en el creer que un buen miembro de grupo se define por el hecho de no tener diferencias de opinión con los otros miembros, ya que del grupo surgen las mejores ideas, y el grupo en sí son sus miembros, de ahí se deduce el principio de no contradicción a través del cual se pierde la controversia y la lucha de opiniones grupal que es un elemento vital, la base del desarrollo creativo del grupo (situaciones como esta ya fueron comentadas por R. LOWENTHAL en su "Studenten und demokratische offentlichkeit" en 1967), todo este proceso es propiciado por el alto estrés de los miembros del grupo con un bajo grado de confianza de encontrar una mejor solución que la ya favorecida por la mayoría del grupo y ello trae consigo una falta de procedimiento sistemático para la examinación de las alternativas presentadas en el proceso de solución de las distintas problemáticas y de realización de la tarea en sí. En nuestra opinión en esta etapa se evidencia una pérdida de la personalidad individual y se instaura la personalidad grupal.


El acuerdo con el grupo se da por la convicción de que el grupo nunca va a estar errado, no hay "presión" en ello. El individuo esta persuadido de esta situación, la considera adecuada y se produce una aceptación libre de las alternativas ofrecidas por el grupo. La sexta fase se puede denominar de estancamiento y comenzamos a observar un grupo conformista que comienza a sentirse exhausto tanto emocional como físicamente por el trabajo en equipo y la fuerte presión para lograr soluciones innovadoras. El equipo está asediado por un factor de última hora el tiempo, y cada día se le piden soluciones más complejas en un plazo más corto. Debido a la fuerte influencia que tiene ya el equipo sobre sus miembros, comienzan a manifestarse opiniones y patrones de conducta más o menos uniformes que los hacen más semejantes unos a otros. Los individuos dependen en alto grado del grupo para formar un modo estable de respuesta, experimento demostrado ya por SHERIF.


 Existe la tendencia a la aceptación de la influencia grupal, no precisamente por el total acuerdo con las soluciones que este de forma general está brindando, sino más bien para lograr un consenso entre los miembros que para tratar de buscar la mejor alternativa. Entra a funcionar en esta etapa el fenómeno llamado argumento ganador, o sea gana la alternativa que sea mejor argumentada, no importa que sea la mejor, los miembros del grupo la apoyan ya que es mucho más fácil aceptar que buscar argumentos para contrarrestarla, esto puede traer como consecuencia individuos dominantes dentro del grupo que lleven a cabo la toma de decisiones dejando a los demás miembros la oportunidad única de aceptar sus alternativas. Un principio muy aplicado en esta etapa fundamentalmente es el del refuerzo mediante el cual las personas aplican la importación de soluciones ya dadas para otros problemas similares a los que enfrentan en ese momento. Es característico de esta etapa un creciente conformismo vicioso que lleva a los miembros del grupo a aceptar la opinión grupal influya o no la presión que pueda ejercer este sobre los miembros del grupo, lo que no indica que este conformismo sea propiciado por la alta actividad persuasiva implícita o explícita entre los miembros del grupo o del líder que cuente con el poder suficiente como para inducir conformidad.


Del mencionado conformismo existen algunos detractores que alegan que el hecho de aceptar las alternativas que brinda la mayoría del grupo no es ser conformista, con esto estamos de acuerdo, no obstante no es a esto a lo que nos referimos cuando mencionamos el conformismo en los individuos que integran el grupo, sino a aquel que es propiciado por la fuerte actividad persuasiva para hacer que los individuos se atengan a las normas del grupo que ya en esta etapa comienzan a ser cada vez más estrictas, nos referimos al conformismo propiciado por la venta de ideas y opiniones preelaboradas por alguien, por las reacciones defensivas del grupo al desacuerdo, por la dominación de las discusiones del grupo por solo unos pocos miembros, que no oyen, solo cuando se va a refutar un argumento contrario al que ellos proponen y que debe ser tomado como la máxima expresión del pensamiento del grupo, todo esto genera el conformismo al que nos referimos que hace alejarse a las personas del grupo, que hace a las personas ensimismarse y retener información, ocultar ideas, antes de ir en contra del grupo que ya ha sido considerado como el non plus ultra de las aspiraciones de cada uno de sus miembros. No existe un tiempo determinado que rija el paso de un grupo por una fase, esto depende de las condiciones del entorno en que se desarrolle el grupo. Inclusive vale aclarar que algunas de estas etapas pueden estar solapadas y en ocasiones se hace muy difícil su identificación a través de la vida del grupo.




EL PROCESO DE FORMACIÓN DE UN GRUPO. Escrito en EL MASTER DEL GUAPO HACKER, de Xavier Valderas




LAS FUNCIONES DE LA CULTURA DE LA ORGANIZACIÓN


Recordemos que la estructura estática condiciona a la dinámica y viceversa. Pero el cuadro de las interrelaciones existentes dentro de la organización se complica aún más con la existencia de la cultura organizativa a que está sometida la empresa, entendiendo por tal la forma que tiene cada organización para resolver sus problemas y que depende de los hábitos desarrollados y de las influencias que la plantilla de la empresa ha recibido y continúa recibiendo de fuentes interiores y exteriores a la misma. Las influencias que modulan la cultura organizativa son de dos tipos: interiores y exteriores a la empresa.


 Entre las primeras se pueden considerar las siguientes:

— Las costumbres o hábitos transmitidos en el tiempo de empleados a empleados dentro de la empresa.

 — Las diferencias individuales de las personas que forman parte de la organización, ya que un puesto en definitiva es según sea la persona que lo ocupa, y cuando está ocupado por personas fuertes y activas tienden a ampliar sus responsabilidades, mientras que, cuando está ocupado por personas poco enérgicas tiende a perder responsabilidades. 

— La tipología del mando existente en la organización. En cuanto a los factores externos a la propia empresa se pueden mencionar los siguientes:

— Derivados de la localización de la empresa, ya que tenderá a que en la misma haya distintos hábitos según esté situada en una gran ciudad industrial o en una pequeña ciudad agrícola, según el personal viva alrededor de la empresa o tenga que desplazarse, etc.

 — Derivados de las influencias que pueda recibir de estructuras públicas: autoridades, municipio, sindicatos, etc. Todo organismo público es una fuente de influencia que tenderá a configurar la forma con que la organización resuelve sus problemas.

— Finalmente, influencias derivadas de las ideologías políticas, sociales o económicas, que prevalezcan en el momento y en la zona donde está la empresa, ya que las ideologías, al igual que las personas, dejan sentir su influencia.

La cultura empresarial se encuentra estrechamente vinculada a la filosofía empresarial. La filosofía empresarial significa dar sentido a una organización, esto es, definir su objetivo y contenido, basándose en el sistema de valores. Esos valores definidos por la filosofía empresarial y asumidos por los hombres (cultura empresarial) van a determinar las formas de dirigir la institución y la actuación de sus hombres.

Estrechamente vinculado al concepto de filosofía empresarial se encuentra el concepto de ética empresarial, definida como el sistema de valores que la organización y sus trabajadores asumen como el marco de referencia lo que dará sentido a su actividad, formas de hacer y formas de resolver los problemas. La cultura empresarial se puede definir, por tanto, como "el conjunto de normas, de valores y formas de pensar que caracterizan el comportamiento, el posicionamiento del personal en todos los niveles de la empresa, las actuaciones de la dirección, el estilo de la dirección, la forma de asignar los recursos, la forma de organizar esa corporación así como la imagen de la empresa".


Niveles de la cultura organizativa 

Se considera necesario que el diseño de la cultura organizativa comprenda los siguientes tres niveles:

a) Aquel nivel que pudiera definirse como las orientaciones básicas de la empresa, que engloba los siguientes elementos: 

— Configuración actual de la organización.

— Configuración futura de la organización.

— Filosofía empresarial.

— Rol de la organización en la sociedad.

— Importancia de los recursos humanos en la organización.

 b) Un segundo nivel que abarca aquellos aspectos que deben considerarse en el diseño de la cultura organizativa y que afectan fundamentalmente

 a: — Comportamientos, valores existentes, potenciales, puntos fuertes y débiles de la empresa.

— La estructura del entorno y su desarrollo.

 — La actual y futura estructura de management y de la organización.

— Las actuales y futuras estructuras funcionales y de proceso.

— El perfil directivo.

 c) En un tercer nivel se debe plantear el problema de la selección de los instrumentos que configuran la organización y que dan operatividad a la cultura organizativa: 

— Identidad corporativa.

— Comunicación.

 Elementos de la cultura organizativa en el proceso de formación de un grupo: Los elementos que se consideran clave para la organización de la cultura empresarial son los siguientes:

 — La determinación de los sistemas de valores que definen la propia organización, así como a los hombres que integran la misma.

 — La organización y su identificación, por parte de los hombres de dentro y de fuera de la organización, así como también por lo que afecta a las relaciones de los hombres con respecto a la propia organización.

— Entorno, ya que el entorno social, económico, ecológico y político, proporciona la referencia y determina la compatibilidad de la evolución de los valores de la sociedad con los de la propia organización.

— Conocimiento de la estructura del management al objeto de configurar referencias claras para el personal interno y externo de la organización.

— Conocimiento de los estilos de dirección y valoración de los mismos, determinando cuáles son las relaciones de los directivos y del personal en su conjunto con respecto a la forma en la que se integran los recursos humanos en el proceso directivo.

 — Conocimiento de los procesos de adaptación y estrategias que, considerando los elementos de la cultura de empresa, son los más adecuados.

— Valoración de los instrumentos organizativos como portadores del proceso de cambio cultural y, al mismo tiempo, de coordinación.

Condiciones culturales: Nos referimos aquí a las condiciones bajo las cuales determinado perfil de valores puede comportar capacidad competitiva a la organización:

— Legitimación social de la filosofía de empresa.

 — Diferenciación a partir de la jerarquización de valores.

— Integración de valores.

— Liderazgo, comportamiento ético y responsabilidad social.


CONDICIÓN 1ª: Legitimación social de la filosofía de empresa. 

No basta con que la empresa o grupo afirme, por ejemplo, que "creemos en las personas y las respetamos" o "son ellas nuestro activo más valioso". Es preciso, además, que estas creencias encuentren su legitimación interna y externa.

Legitimación interna: En tanto que las políticas y prácticas que la organización aplica en apoyo de estas creencias contribuyan a que los recursos humanos sean efectivamente considerados como recursos estratégicos. Sólo así la cultura empresarial integrará los valores, normas y modos de comportamiento impulsados "oficialmente" por la empresa. Porque hemos de señalar que una cosa son los valores declarados (filosofía) y otra distinta los valores compartidos por la mayor parte de los trabajadores (cultura). Esta misma diferenciación es recogida por Santiago GARCíA ECHEVARRÍA, al referirse a la empresa como "corporación de hombres" y a su sistema de valores, distinguiendo entre filosofía y cultura corporativas. En la medida que existan reducidas diferencias entre valores declarados por la institución empresarial y valores asumidos por los individuos que la componen, menores serán las dificultades de coordinación que se produzcan en el seno de la empresa, lo que contribuirá a que se alcance la legitimación interna deseada. En consecuencia, a medida que la filosofía de empresa es asumida y compartida por la mayor parte de sus miembros, mayor grado de fortalecimiento alcanzará la cultura corporativa. Y este alto grado de legitimación interna permitirá que la cultura sea más fácilmente gestionada, ya sea para potenciar sus valores y comportamientos, ya para modificarlos, cuando las circunstancias del entorno exijan su acomodación a cambios perturbadores.

Legitimación externa: Pero la empresa no sólo ha de lograr un alto grado de coordinación interna, sino también de una apropiada adaptación o acomodación al entorno en el que se desenvuelve, a la sociedad a la que persigue servir. La legitimación externa se logra cuando la empresa proyecta una imagen positiva, por su "saber hacer" y por su "hacer saber" a la opinión pública qué persigue y cómo se propone hacerlo. Los valores que la empresa declara no han de contradecir las creencias y normas de comportamiento de la ciudadanía, ni distanciarse de las costumbres y estilos de vida de las gentes. También en este caso se puede diferenciar entre valores declarados (cómo deseamos ser o cultura corporativa) y valores percibidos por el "público externo" (cómo nos ve y nos juzga la opinión pública). La mayor o menor identificación entre ambos define el grado de legitimación social externa. En resumen, no sólo la fortaleza de la cultura, apoyada en la generalizada adhesión de los trabajadores a los valores que la identifican (legitimación interna), sino también su flexibilidad para anticiparse o adaptarse a las cambiantes circunstancias del entorno social, remodelando su perfil cultural y subsanando los déficit de actualización que observan sus creencias (legitimación externa), constituyen los dos atributos básicos que convierten en paradigmático un sistema de valores.



 CONDICIÓN 2ª: La diferenciación a partir de la jerarquización de valores. 

Diferenciación y competitividad son conceptos inseparables. Ni qué decir tiene que la competitividad, es, en sí misma, un valor cultural, por mucho que este atributo de la empresa lleve consigo una evidente repercusión económica y comercial. La jerarquización de los valores ha de efectuarse en dos planos: En primer término, discriminando los valores finales de los simplemente instrumentales. Son valores inmediatos los que contribuyen a hacer realidad la razón social de ser nuestra empresa (misión) o aquellos que permiten lograr nuestros objetivos estratégicos a largo plazo (visión). El "logro de rentabilidad económica", la "democracia interna" o mantener el "liderazgo en el mercado", son ejemplos de valores económicos y sociales de carácter final. En cambio, la calidad, la lealtad, la innovación, el trabajo en equipo, la formación continua, el entusiasmo, el comportamiento ético, la amabilidad, el respeto a la legalidad o el respeto mutuo, forman parte de un amplio elenco de valores operativos o mediatos, cuyo reflejo en el comportamiento de los miembros de una organización favorece que se alcancen sus objetivos corporativos, presentes y proyectados al futuro, que se traducen en los valores finales. En segundo término, la jerarquización de los valores inmediatos permite diferenciarse, al concederse prioridad a valores o atributos de la empresa que garantizan "mantenerse en el éxito".


CONDICIÓN 3ª: Valores al servicio del hombre. 

No basta con que la organización conceda primordial importancia a sus recursos humanos. También hay que asumir que las personas que forman parte de la empresa son igualmente singulares, en cuanto que son ellas mismas portadoras de diferencias (de actitudes, competencias, potencialidades e intereses). Este nuevo modelo cultural que propicia el éxito viene a destacar un cambio de trascendencia radical. No es tanto la organización la que hace al hombre. Son las personas que la componen las que definen la singularidad y diferenciación de la organización.



CONDICION 4ª: Liderazgo, comportamiento ético y responsabilidad social.

 No basta con legitimar los valores, jerarquizarlos y ponerlos al servicio del hombre para dotar a la cultura empresarial de una diferenciación singular, que permita ventajas competitivas. También es condición ineludible el liderazgo, entendido como impulso y actualización de valores que, aun siendo estables, han de ser permanentemente adaptados a la evolución de los valores sociales y empresariales dominantes. Ejemplaridad, como atributo inexcusable de las creencias que se profesan y valores que se practican, que no han de contradecir la moralidad de la empresa y la honestidad personal de sus componentes. Y junto al comportamiento ético, la asunción de la responsabilidad social que compete a la empresa frente a empleados, clientes, accionistas, proveedores, administraciones públicas y ante la ciudadanía, en general. Responsabilidad social implícita o explícita en sus valores, que permiten su legitimación externa.

 Funciones de la cultura: 

Proporcionar un entorno estable y predecible, dar un sentido y una identidad y un sistema de comunicación a los miembros de la organización. Pero también controlar e imponer la cultura dominante a las subculturas en conflicto con ella.

— Función epistemológica: 

La cultura funciona como un mecanismo epistemológico para estructurar el estudio de la organización como fenómeno social. Se convierte así en una vía para la comprensión de la vida organizativa.

— Función adaptativa: 

La función que la cultura desarrolla en una organización es lograr una comprensión común sobre su problema de supervivencia vital, del que se deriva su más esencial sentido sobre su misión central o 'razón de ser'.

— Función legitimadora: 

La cultura justifica el sentido y el valor de la organización. Refuerza la orientación y la finalidad de la organización confiriendo inteligibilidad y sentido al comportamiento y al trabajo de los miembros de la organización, proporcionándoles una base sólida para visualizar su propio comportamiento como algo inteligible y con sentido.

 — Función instrumental: 

Es el instrumento ideal para conseguir la gestión eficaz de una organización a través de una manipulación más sutil que las técnicas jerárquicas de las teorías de la racionalidad eficientista. Es posible reconvertirlo hacia una mayor eficiencia por implicación de los miembros de la organización a través de la negociación y el consenso sobre los objetivos, metas, medios e instrumentos a utilizar por la organización.

— Función reguladora (controladora): 

La cultura como elemento integrador, ejerce un cierto "control". Es cierto, se convierte en la guía informal del comportamiento. Esto lógicamente, permitirá aminorar la ambigüedad en la conducta de los miembros de la organización al crear un entorno estable y predecible, al indicarles cómo se hacen las cosas y lo que es importante.

— Función motivadora:

 Pero también, como contrapartida de la función reguladora, o resaltando el anverso de la moneda, podemos decir que la cultura ejerce también una función motivadora sobre los miembros de la organización. Los valores compartidos generan cooperación, motivan al personal, facilitan el compromiso con metas relevantes, facilita el compromiso con algo mayor que el yo mismo, que los intereses egoístas del individuo.

— Función simbólica: 

Función simbólica en cuanto que es realmente una representación de esa realidad compleja que es la vida social de un grupo. Es decir, que compendia y resume, sintetiza y expresa los valores o ideales sociales y las creencias que comparten los miembros de la organización.












LAS FUNCIONES DE LA CULTURA DE LA ORGANIZACIÓN. Escrito en EL MASTER DEL GUAPO HACKER, de Xavier Valderas

CULTURA DE LA ORGANIZACIÓN EMPRESARIAL


La cultura empresarial se puede definir como "el conjunto de normas, de valores y formas de pensar que caracterizan el comportamiento, el posicionamiento del personal en todos los niveles de la empresa, las actuaciones de la dirección, el estilo de la dirección, la forma de asignar los recursos, la forma de organizar esa corporación así como la imagen de la empresa". Funciones de la cultura: proporcionar un entorno estable y predecible, dar un sentido y una identidad y un sistema de comunicación a los miembros de la organización. Pero también controlar e imponer la cultura dominante a las subculturas en conflicto con ella.


En cada una de estas fases los grupos cuentan con diferentes características que permite identificar por el estadio que atraviesa. La primera de las fases es la individualista en donde podemos encontrar un grupo difuso, centrado en el líder que actúa como elemento de unión. En esta fase de formación del grupo es donde comienza el establecimiento de nuevas relaciones dentro de la nueva organización que se está creando. Se hace necesario vencer las individualidades, la lucha por la inclusión, el poder y la influencia, la aceptación e intimidad, identidad y papel, para que cada miembro pueda comprender el por qué se ha formado el grupo. En el principio de toda organización encontramos siempre una o varias personas: el fundador o los fundadores. Su peso en la cultura organizativa es fundamental. Las razones son varias. En primer lugar, el fundador es una persona con una gran determinación.


El fundador inicia su presencia en la organización desde una posición de superioridad, disponiendo de una amplia base de poder. Aunque posee cierta estabilidad, la cultura es esencialmente dinámica, siendo constantemente reinterpretados los valores y creencias y renegociados sus significados en función de los acontecimientos concretos que se van presentando y a los que hay que aplicar dichos valores y creencias. La interacción psicológica entre empleado y organización es un proceso de reciprocidad, la organización realiza ciertas cosas por él y para el trabajador, lo remunera, le da seguridad y estatus, de modo recíproco, el empleado responde trabajando y desempeñando sus tareas. La organización espera que el empleado obedezca ante su autoridad y, a su vez, el empleado espera que la organización se comporte correctamente con él y obre con justicia. El cambio ha existido siempre, la novedad la encontraremos en la velocidad, la complejidad, la imprevisibilidad, la potencia del impacto, la discontinuidad y la generalización del cambio.





























CULTURA DE LA ORGANIZACIÓN EMPRESARIAL. Escrito en EL MASTER DEL GUAPO HACKER, de Xavier Valderas